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De La Hoya está ganando su última pelea

El legendario boxeador Óscar De La Hoya tiene un mensaje para un mundo del deporte que lo idolatró y lo amó.

"Hola. Soy Óscar De La Hoya y soy un alcohólico." Así que tenemos una mancha en el Niño Dorado. El boxeador que se sostuvo en el deporte durante casi una década, que comprobó que no se tiene que ser un peso completo para atraer a las masas, que generó casi $700 millones en ingresos para pay-per-view antes de retirarse a la edad de 36 años en 2009, ahora lo cuenta todo.

Nunca lo vimos como un niño del coro. Siempre se han oido historias de borracho y mujeriego. Pero era un boxeador. Uno no espera que sea un San Pedro.

Aún así las revelaciones de la semana pasada merecen la atención del mundo del deporte porque es un mundo en el que las verdades más duras muy rara vez se cuentan.

La verdad y nada más que la verdad empieza a revelarse en la primera tee del campo de golf del Valle Ojai. Posen para una fotografía, dice el iniciador.

Ahora todos digan "whiskey." De La Hoya dice "Agua."

El tono está establecido. Van a ser 18 hoyos y 6,292 yardas de autoexaminación.

Los horribles detalles, el dolor, enojo y profunda desesperanza, aportan insignificancia a los shanks y three-putts.

"Yo no he estado verdaderamente sobrio desde que tenía ocho años," dijo De la Hoya, recordando como él era el mesero en las fiestas de la familia, le llevaba cerveza los hombres de la casa y le animaban a que le diera un trago.

"Un trago suena inofensivo," dijo él. "Pero después de 20, uno está ebrio." "Me acuerdo la primera vez que quedé inconsciente. Mi mamá me pegó bastande duro pero a los hombres no les pareció mal."

Hasta hace tres meses, para cuando entró al centro de rehabilitación Promises en Malibú, California, De La Hoya ya llevaba 30 años peleando contra la influencia del alcohol. Éso significa que durante los 10 títulos mundiales y seis divisiones de peso, durante el récord profesional de 39-6, aún durante la transición a corporación ejecutiva de la compañía de promoción que él fundo y de la cual es actualmente presidente. Hasta hace tres meses, el hombre detrás del enorme escritorio de roble en las oficinas de Golden Boy Promotions del centro, estaba engañándonos a todos y se odiaba a sí mismo por ello.

"Es un monstruo tan grande que no lo puedo describir," dijo él.

Hace tres meses fue cuando tocó fondo, después de una fiesta en Los Ángeles para celebrar un acuerdo con un patrocinador de Golden Boy. El patrocinador era una marca de tequila.

"Yo tenía chofer, gracias a Dios," dijo De La Hoya. "Me acuerdo que me levanté, miré a mi alrededor, y estaba en el asiento trasero del automóvil, estábamos en la calle cerca de mi oficina del centro y yo tenía un vaso de bebida en la mano. Me sentí horrible, todo a la vista era horrible. Ya había estado así muchas veces antes. Le llamé a mi esposa, ella me dijo que simplemente me fuera a la casa. Tiré el vaso por la ventana y se quebró en la calle."

Él dice que nunca dejó de tomar. Cuando era amateur, con rumbo a su medalla de oro en las Olimpiadas de Barcelona en 1992, cuenta que era él que le decía a los demás que salieran por unas cuantas cervezas. Dice que nunca dejó de tomar durante su carrera profesional -- aún cuando entrenaba para una pelea -- y se empeoró cuando llegó a ser empresario ejecutivo y promotor de peleas.

"Me iba a mi cuarto antes de hacer una presentación, o dar un discurso," dijo él, "y me tomaba algunas bebidas solo para relajarme."

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