Opinion

Haciendo que la inmigración funcione

Para los defensores de la reforma migratoria, el primer año del Presidente Obama ha sido una enorme desilución. Estuvo bien que primero abordara la reforma para la economía y el cuidado de salúd, pero la administración no tiene excusa para fallar en el cambio de injustos y malos programas de inmigración bajo el control Ejecutivo.

Líderes demócratas en el Congreso avisan que ya están listos para luchar por una reforma migratoria. Qué bien, pues adelante.

Pero mientras tanto, nada detiene a la administración de hacer un buen trabajo al aumentar y reforzar las leyes que ya existen en los libros. El lugar para comenzar es el programa de externalización de servicios empresariales del Departamento de Seguridad, conocido como la 287(g). Ese programa permite agencias locales que cumplan con las leyes de inmigración. Al principio de este mes el inspector general del departamento citó el programa por actuación pobre.

Este reportaje conllevó a varios problemas, incluyendo la falta de entrenamiento apropiado; la insuficiente vigilancia del Departamente de Inmigración y Aduana (ICE, siglas en inglés); la evidencia de que oficiales han sobrepasado su autoridad; y en la aplicación inconsiste en las reglas entre jurisdicciones.

Y lo peor es que promueve perfiles raciales, desvía recursos escasos, y crea una desconfianza profunda hacia la policía en los barrios, precisamente aquellos vecindarios donde la policía necesita la cooperación de los residentes para detener el crimen.

Éstos son problemas crónicos que se hicieron más comunes mientras que la fiebre antiinmigrante consumó el país. Una evaluación a la 287(g) en el 2009 por la Oficina de Contabilidad General estaba llena de críticas similares.

Organizaciones privadas como la fundación Police Foundation en Washington, D.C., han sido igualmente críticas. Algunas acciones que pueden demostrar la sinceridad de Obama ante esta reforma migratoria sería tomar la desición de terminar la 287(g) porque para esto él no necesita el permiso del congreso.

El programa de la 287(g) no es el único problema en la Oficina de Inmigración y Aduana. En la campaña en 2008, Obama fue el enemigo directo de las tácticas que dividían a las familias en nombre de enforzar las leyes migratorías sólo para aumentar el número de detenidos y deportados. Aún hace unas semanas, el diario Washington Post reportó que una persona clave del ICE escribió un memorandum en donde estableció una cuota para los agentes de inmigración.

Aunque esto fue negado por la agencia, la política que esta nota subrayaba es indicativa de la perspectiva burocrática de ICE que no ha cambiado desde que Obama fue electo presidente.

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