Opinion

La corrupción pone a los argentinos de mal humor

En una reciente visita a Argentina la semana pasada, me encontré con gente mucho más frustrada, enojada y escéptica sobre su futuro colectivo que en ningún otro tiempo de años recientes.

Contrario a lo que uno pudiera pensar, el sentir general de desesperanza no se debe a la economía.

Argentina ha navegado por la crisis económica mundial relativamente fácil gracias a los altos precios en sus productos, y los economistas proyectan un crecimiento de por lo menos un 4 por ciento este año.

En vez de eso, la desesperanza se debe a que los argentinos no ven una salida de la corrupción política que parece estar condenando a este país a un retraso cada vez mayor en comparación a sus vecinos -- especialmente Brasil y Chile -- lo cual evita que se reduzcan drásticamente las tasas de pobreza y crimen.

A pesar de la baja popularidad que tiene la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner y una muy publicada victoria de oposición en las elecciones legislativas de medio término en 2009, su gobierno -- que se cree está siendo dirigido por su esposo, el expresidente Nestor Kirchner -- está muy en control, gracias a una combinación de autoritarismo, recompensas económicas masivas a los políticos fieles y una oposición dividida.

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