Opinion

Pierde la democracia

Cinco meses de incertidumbre política terminaron la semana pasada en Honduras, cuando el empresario Porfirio "Pepe" Lobo resultó electo a presidente con un cómodo margen. Por fuentes confiables, fue un voto limpio y justo que, como bono, terminó con un ganador cuyas simpatía está más con los Estados Unidos que con el llamativo socialista Hugo Chávez de Venezuela.

Sería causa de celebración si no es por un pequeño detalle: El último presidente de Honduras que resultó electo fue removido del puesto a punta de pistola. Manuel Zelaya, cuya floreciente amistad con Chávez alarmó hasta a los de su propio Partido Liberal, fue llevado por avión al exilio en Costa Rica a las primeras horas del 28 de junio.

Ese tipo de transferencia de poder fue común en América Latina por gran parte del siglo 20, pero la democracia es ahora la norma, o se supone que lo es.  El exilio de Zelaya fue el primer golpe de estado que ha habido en Centroamérica en 20 años. Fue rápida y unánimemente denunciado por el resto del hemisferio. Otras naciones recortan el comercio, destituyen a sus embajadores, y prometen no reconocer los resultados de las próximas elecciones a menos que Zelaya sea restaurado al poder.

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