Opinion

Little appetite to solve the immigration issue

President Donald J. Trump believes the best solution to solving undocumented immigration into the United States is to spend upwards of $25 billion to build a “beautiful” wall on the border with México.

Democrats, who recently grabbed control of the House in a blue wave, are willing to give him $2 billion (or $5 billion spread over two years) but would prefer that the nation tackle the issue of the Dreamers and the estimated 11 million undocumented residents who call the U.S. home.

The caravan of immigrants from impoverished Central American nations like Honduras have made their way to the southern border in hopes of having their political asylum applications approved so as to escape violence back home.

The Hondurans, mostly mothers and children, have followed the legal process of asking for political asylum despite Trump’s efforts to demonize them as “invaders” and “criminals” with an intention of taking jobs and benefits away from American citizens. Many forget that the U.S. backed military action more than three decades ago that spawned violence, civil wars and destruction throughout Central América.

They – just like the Dreamers – have become the latest pawns in this never-ending political football game between Democrats and Republicans.

The Republicans, led by Trump and White House adviser Stephen Miller, use the issue to rile up their base. They paint their opponents as “open border” supporters, although that is far from true.

The Democrats, knowing that immigrants will most likely register as Democratic voters, haven’t been in a position to influence any settlement. They will throw the word “racist” out as those who demand a border wall or stringent cutbacks on how many immigrants are allowed annually into the country.

Democrats, when they controlled the Congress and with Barack Obama in the White House, nothing got fixed.

In 2013, a bipartisan plan from the Senate got passed but died in the House when Republican leaders refused to bring it up for a vote despite enough support from GOP and Democratic members.

That has left us with more years of shouting, side-stepping and ignoring a comprehensive solution that, according to polls, most Americans support.

We suggest that throwing out red meat rhetoric on social media will never result in changing minds or bring about a sensible solution.

Now that Democrats will take over the House next month, perhaps it’s time for them to work with the Republican-led Senate and the president to find a solution once and for all.

As a nation, we need to move beyond imprisoned children, tear gas attacks and rhetoric.

Poco apetito por arreglar nuestro problema de inmigración

El Presidente Donald J. Trump cree que la mejor solución para resolver la inmigración indocumentada hacia los Estados Unidos es usar hasta $25 billones para construir un “hermoso” muro en la frontera con México.

Los demócratas, que recientemente acapararon el control de la Cámara en una ola azul, están dispuestos a darle $2 billones (o $5 billones en un periodo de dos años) pero preferirían que la nación atacara el asunto de los Dreamers y los aproximadamente 11 millones de residentes indocumentados que se refieren a este país como su hogar.

La caravana de inmigrantes procedentes de naciones pobres en Centroamérica como Honduras, lograron llegar a la frontera sur con la esperanza de que se les aprobaran sus solicitudes de asilo político para escapar de la violencia en sus países.

Los hondureños, en su mayoría madres y niños, han seguido el proceso legal de pedir asilo político a pesar de los esfuerzos que ha hecho Trump por demonizarlos como “invasores” y “criminales” con la intención de tomar los empleos y las prestaciones de los ciudadanos estadounidenses. Muchos se olvidan de que este país respaldó una acción militar hace más de tres décadas que fue lo que esparció la violencia, las guerras civiles y la destrucción en todo Centroamérica.

Ellos – al igual que los Dreamers – han llegado a ser las últimas piezas de ajedrez en este partido de fútbol político eterno entre los demócratas y los republicanos.

Los republicanos, dirigidos por Trump y el consejero de la Casa Blanca, Stephen Miller, usan el asunto para agitar a sus simpatizantes. Ellos pintan a sus contrincantes como simpatizantes de “fronteras abiertas” aunque eso esté lejos de ser verdad.

Los demócratas, sabiendo que los inmigrantes muy probablemente se registren como electores demócratas, no han estado en la posición de influenciar ningún acuerdo. Ellos usarán la palabra “racista” así como los que exigen un muro fronterizo o rígidos recortes en cuanto a cuántos a inmigrantes se les permita entrar al país cada año.

Los demócratas, cuando controlaban el Congreso con Barack Obama en la Casa Blanca, tampoco arreglaron nada.

En 2013, pasó un plan bipartidista por parte del Senado, pero fue eliminado en la Casa Blanca cuando los líderes republicanos se negaron a aportar el voto a pesar de que había suficiente apoyo por parte del partido republicano y de los miembros demócratas.

Eso nos ha dejado con más años de gritos, hacerse a un lado e ignorar una solución integral que, de acuerdo a las encuestas, la mayoría de los estadounidenses apoyan.

Sugerimos que el aventar argumentos tipo carne roja en los medios sociales es algo que nunca resultará en cambiar maneras de pensar ni tampoco traerá una solución sensible.

Ahora que los demócratas tomen posesión de la Cámara el próximo mes, quizá sea tiempo de que ellos trabajen con el Senado controlado por los republicanos y que el presidente encuentre una solución de una vez por todas.

Como nación, tenemos que movilizarnos más allá de los niños en prisión, de los ataques con gas lacrimógeno y de la argumentación.

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