Opinion

Politics has, unfortunately, become an uncivil affair

Remember when elections were simple? And civil?

Candidates would announce what public office they were seeking no more than a year before the election. Then, they would hold some meetings with potential voters, seek endorsements from prominent individuals and newspapers, put up campaign signs, and, participate in a few candidate forums.

Sure, there was some mud-slinging but races tended to be more about trying to educate the voter what he or she could expect from the winning candidate once in office.

Well, that has gone out the window as candidates on all spectra of political philosophy – and their supporters – take to insults, innuendos, false news and fake accusations that somehow seep into a voter’s mind and eventually becomes a determining factor in how a person votes.

American political history is full of dirty politics, going as far back as the 19th century and picking up in the 1980s under political campaign genius Lee Atwater, the man behind the Willie Horton television ad that effectively doomed Michael Dukakis’ 1988 presidential bid.

However, that is mere child’s play compared to what we see today.

Thanks to social media, candidates and their supporters share unfounded allegations against their opponents. Memes show opponents in an unflattering light. A successful presidential candidate launched his campaign by piling on the rhetoric against Mexican immigrants.

And we wonder why very well qualified individuals decide not to wade into politics as a candidate. It’s our loss.

This politics of fear and division appears to be here to stay for a long time, unless the millennials have a say about it. As long as political consultants can show that slinging the mud pays off, the dirty politics will continue.

We would prefer to see the candidates spend their time extolling the substance of their policies, how he or she will improve education or the economy, and what they will do to represent all constituents in their area.

A candidate could have the best web page with detailed information on various issues, have the best experience for the job, and, truly have each voter’s interest at heart; but, could crumble easily against an avalanche of dirty politics.

We encourage voters to ignore the false attacks and focus on the candidate, regardless of political party, and what he or she can do to represent their values once in public office. Don’t pay attention to the name-calling.

We need to become more civil about our electoral process.

La política, desgraciadamente, se ha convertido en un asunto nada amable

¿Se acuerda cuando las elecciones eran simples? ¿Eran civilizadas?

Los candidatos anunciaban el puesto público que buscaban a no más de un año antes de la elección. Luego, llevaban a cabo algunas juntas con sus potenciales electores, buscaban recomendaciones de individuos prominentes y periódicos, publicaban sus anuncios de campaña, y, participaban en algunos foros para candidatos.

Claro, había algo de lanzar lodo, pero las contiendas tendían a ser más sobre tratar de educar al elector en cuanto a lo que podían esperar del candidato ganador en cuanto ocupara el puesto.

Bueno, todo eso ya se acabó ya que los candidatos en todo ámbito de la filosofía política – y sus simpatizantes – se dedican a insultar, hacer insinuaciones, decir noticias falsas y acusar falsamente, y eso llega hasta la mente del elector que con el tiempo llegan a ser factores determinantes en cuanto a cómo vota la persona.

La historia política estadounidense está llena de política sucia, desde el siglo 19 y surgiendo en los años 1980 con el genio de las campañas políticas, Lee Atwater, el hombre detrás del anuncio de televisión de Willie Horton que con efectividad condenó la postulación presidencial de Michael Dukakis en 1988.

Sin embargo, eso llega a ser solo juego de niños comparado con lo que se ve hoy.

Gracias a los medios sociales, los candidatos y sus simpatizantes comparten alegatos sin fundamento en contra de sus contrincantes. Los memes muestran a los contrincantes en situaciones nada halagadoras. Un candidato presidencial ganador, lanzó su campana apoyado en argumentos en contra de los inmigrantes mexicanos.

Y nos preguntamos por qué los individuos bien calificados deciden no ingresar a la política como candidato. Es nuestra pérdida.

Esta política de temor y división parece estar aquí para quedarse mucho tiempo, a menos que la gente de la generación del milenio diga algo al respecto. Siempre que los consultores en política puedan demostrar que el lanzar lodo vale la pena, la política sucia continuará.

Nosotros preferiríamos ver a los candidatos pasar su tiempo elogiando la sustancia de sus políticas, la manera en que mejorarán la educación o la economía, y qué es lo que harán para representar a todos los electores en su área.

Un candidato pudiera tener la mejor página en el Internet con información detallada sobre varios asuntos, tener la mejor experiencia para el trabajo, y en verdad tener los intereses de los electores en la mente, pero, podría fácilmente derrumbarse en contra de una avalancha de política sucia.

Animamos a los electores a que ignoren los ataques falsos y que se enfoquen en el candidato, independientemente del partido político, y de lo que puedan hacer para representar sus valores en un puesto público. No preste atención a los insultos.

Tenemos que llegar a ser más civilizados en cuanto a nuestro proceso electoral.

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