Sacramento

Un estudiante de UC Davis en su cuarto año de carrera, locutor de radio, y activista murió hace 25 años. Ahora, es un graduado universitario

La familia Gómez tiene el título póstumo de Oscar Gómez Jr. en la reunión de Taller Arte del Nuevo Amanecer./The Gomez family holds Oscar Gomez Jr.’s posthumous degree at the Taller Arte del Nuevo Amanecer gathering.
La familia Gómez tiene el título póstumo de Oscar Gómez Jr. en la reunión de Taller Arte del Nuevo Amanecer./The Gomez family holds Oscar Gomez Jr.’s posthumous degree at the Taller Arte del Nuevo Amanecer gathering.

A los 21 años, Óscar Gómez Jr., se estaba “desarrollando,” expresó Eddie Salas, un amigo cercano y miembro de la comunidad de UC Davis.

Era miembro del grupo Movimiento Estudiantil Chicanx de Aztlán (MEChA) y era locutor del programa de radio “La Onda Xicana,” Gómez era conocido y querido en las universidades UC, en penitenciarias estatales, en los campos donde trabajaban campesinos chicanx y en su ciudad natal de Baldwin Park – en cualquier parte en que las ondas radiales llevaran su voz por KDVS 90.3 FM, en cualquier lugar al que él hubiera viajado para documentar verbalmente las batallas de la gente chicanx.

Las amistades describen un magnetismo que atraía a la gente hacia él y entre sí, haciendo que las comunidades se unieran. “Él era el pegamento, uniéndonos a todos nosotros,” dijo Juan González, un amigo de toda la vida y compañero integrante de MEChA.

Su prematura muerte el 6 de nov. de 1994, dejó con el corazón roto a familia, amigos, compañeros organizadores y admiradores de su programa de radio. “Cuando falleció, ellos hicieron vigilias en las penitenciarías estatales,” dijo González.

El viernes pasado, 25 años después, a Gómez finalmente se le otorgó su título póstumo en Estudios Chicano/a y Desarrollo Comunitario en la Ceremonia de Graduación Chicanx y Latinx de 2019. (Chicanx y Latinx son alternativas neutrales para chicano y latino.)

Su padre, Óscar Gómez Sr., un exbombero quien, de acuerdo a los amigos de Gómez, compartió la extensa ternura y la atenta manera en que escuchaba a su hijo, estuvo allí para aceptar el título universitario en su nombre.

Amigos y familiares en las bancas, se reunieron en UC Davis después de décadas de estar dispersados por todo California y se pusieron de píe con un grito unido de “Que viva Óscar,” con cámaras elevadas a lo alto.

Óscar Gómez Sr., estuvo acompañado de su segundo hijo, Eduardo Gómez, quien se puso sobre los hombros la banda de su hermano que decía: “Óscar E. Gómez Jr. El Bandido. UC Davis MEChA. Clase de 1995.”

El Bandido de Aztlán

Cada domingo por la mañana entre 1991 y 1994, los estudiantes, activistas, campesinos y presos sintonizaban la estación KDVS 90.3 FM para escuchar la voz de Gómez.

Gómez – alias El Bandido de Aztlán – combinaba canciones viejitas chicano soul con diálogo sobre arte, historias de la gente, y desafíos y objetivos políticos del presente. En una grabación, su habla en espanglish se escucha relajada y segura, improvisada pero bien estudiada. “Para toda la gente ahí de los barrios ahí de Sacramento y Yolo ... We’re gonna be here (Vamos a estar aquí)... talking little bit more of the lucha and the spirit of the juventud (Hablando un poquito más de la lucha y del espíritu de la juventud). ... Llamada: 752-2777 ahora lo puedes.”

Su alias, El Bandido, era una referencia al famoso vaquero y forajido del siglo 19, Joaquín Murrieta Carrillo, de acuerdo con The LAist – “algo como un Robin Hood,” dijo Susy Zepeda, profesora de estudios chicana/o en UC Davis. “Él estaba nombrándose un indígena a sí mismo – pero uno complicado, con un punto de vista anticolonial y antiimperial.”

“La Onda Xicana,” inspirada por una radio comunitaria de los años 1960, atrapaba a los oyentes con sus dulces melodías, luego los mantenía atentos con sus historias y comunidades. Mientras los compañeros de organizaban en contra de la acción antiafirmativa de la Proposición 209, la Proposición 187 antiinmigrante las políticas del Gob. Pete Wilson, Gómez reunió cantidades más grandes en la batalla.

“Óscar me hizo participar en la política,” dijo Sharon Torres, una activista local.

Sus compañeros organizadores se le unieron en el estudio y él se les unió en el campo, con micrófono y equipo de grabación en mano – cosas que eran extensiones de su persistente deseo por entablar el diálogo. Él incorporó sus grabaciones de campo – realizadas en granjas, escuelas, prisiones y protestas universitarias – en “La Onda Xicana.”

“Él abrió puertas para todos con una causa para hablar,” dijo su compañero DJ Rafael Chávez. Él recibía llamadas de LA, el Condado de Yolo, Santa Bárbara – de cualquier lugar donde hubiera una universidad él tenía una conexión.”

Su participación pública conectó a los activistas académicos con la gente de clase trabajadora, dijo Chávez.

“Él tenía una habilidad innata para participación. No importaba si la persona fuera el alcalde o si fuera un indigente,” dijo Salas. “Él podía hacerlos sentir como si fueran la persona más importante en el mundo. Él atraía a todos.”

El domingo después del 16 de noviembre de 1994, sin Gómez, hubo un silencio en la radio. Él había muerto en lo que la policía calificó de accidente cuando cubría una protesta estudiantil en UC Santa Bárbara en contra de la Proposición 187, misma que bloqueaba a los inmigrantes indocumentados del acceso a cuidado médico no urgente, educación pública y otros servicios más.

La familia de Gómez y sus amistades, se pusieron en acción ante el reporte del médico forense que indicaba trauma en la cabeza, pidiendo que se volviera a abrir el caso bajo el lema de “Justicia Para Oscar” – sin ningún éxito.

Su muerte se sintió profundamente en múltiples comunidades. “Se hicieron vigilias en las penitenciarías estatales cuando él falleció,” dijo González.

Veinticinco años más tarde, su título póstumo es algo que “se debió hacer desde hace mucho,” dijeron varios amigos – González, Salas y su amigo de la infancia Israel Calderón – en diferentes ocasiones.

Zepeda, quien llevó la delantera en otorgar el título póstumo, dijo que tenía que ver con “humanizar y recordar” a Gómez. “Tenemos que ver en nuestra genealogía y … ver las lecciones que hay.”

Para González, el título constituyó liberación: “Cuando recibí la llamada de la universidad, me solté llorando. Sentí que se habían cortado las cadenas. Pude respirar. Pude seguir adelante.”

Óscar Gómez Sr. dijo que él valoraba no tanto el título en sí, sino el reconocimiento que eso significa. “Él recibió reconocimiento por su labor,” dijo él. “Eso significa mucho para mí.”

Pero la conclusión fue solo parcial. Para González, las preguntas sobre las circunstancias de su muerte todavía persisten. Salas expresó escepticismo ante una universidad que se negó a investigar la muerte de Gómez solo para celebrar un legado muy oscurecido 25 años después. Otros sienten una mezcla de amargura y gozo por sentir alivio y un renovado dolor.

“Ahora tengo un título, pero no tengo hijo,” dijo María, la madre de Gómez.

De Baldwin Park a UC Davis

Gómez nació en 1973 en Baldwin Park en el Condado de Los Ángeles, el mayor de los cuatro hijos de Óscar y María Gómez. Siempre fue alto para su edad, se le conocía como el “gigante amable” y “gran osito Teddy,” dijeron sus amigos de la escuela. José Armendáriz recordó haber defendido a Gómez hasta que Gómez llegó a ser un defensor él mismo. Él defendía a los niños vulnerables de los acosadores de la escuela en el patio de juego y jugaba linebacker en el campo de fútbol americano.

Las fotografías de la graduación de la preparatoria lo muestran radiante, de ancha espalda y amigable. Había sido aceptado para ir a UC Davis como estudiante atleta.

Cuando los muchachos se juntaron en el gimnasio de la escuela después de haber recibido sus diplomas, se encontraron con Gómez que llevaba puestos lentes oscuros, recuerda Calderón. “¿Por qué llevas lentes oscuros aquí adentro? Le preguntaron.

“Porque el futuro es brillante,” dijo Gómez.

Los muchachos se soltaron riendo.

Gómez ingresó al cuerpo estudiantil de UC Davis de 18,000 estudiantes como uno de solo 800 estudiantes chicanx y latinx, dice Margarita Berta-Ávila, compañera estudiante de UC Davis y organizadora.

Judith Segura-Mora estaba representando a MEChA en un bazar de bienvenida para estudiantes chicanx y latinx cuando Gómez se le acercó. Ella lo calificó de deportista y lo dirigió con fastidio a la mesa de los que estaban de fiesta. MEChA es para los que trabajan duro que quieren hacer una diferencia, le dijo ella.

Pero Gómez sintió interés. En la siguiente reunión de MEChA, Gómez estuvo presente. Luego, cuando manejó un carrito de golf de la universidad y fue sentenciado a servicio comunitario, él escogió hacer su servicio presentando un programa en la estación de radio de la universidad, KDVS.

El resto es historia. Sus amistades son testigos del rápido desarrollo de Gómez, su sed por conocimiento y su joven sabiduría. “Él estuvo en tantos lugares al mismo tiempo, y residió en tantas mentes y corazones, y aun así era sólido, tan sólido,” dijo Natalie Paredes. “Él amaba tanto a la gente.”

Volviendo a crear ‘La Onda Xicana’ en Woodland

Los sentimientos que la graduación despertó encontraron una liberación el siguiente día en una íntima reunión de cerca de 30 miembros de la comunidad en el Taller Arte del Nuevo Amanecer, un almacén de espacio para el arte dirigido por el Departamento de Estudios Chicana/o de UC Davis.

Después de que Calpulli Tlayolotl, un grupo mexicano, presentó una oración de apertura, la familia y los amigos evocaron el pasado entre obras de arte de protestas en serigrafía, incluyendo obras de Malaquías Montoya, un profesor de UC Davis y uno de los mentores de Gómez.

Segura-Mora mostró imágenes con el fondo musical de “Young, Gifted, and Brown,” que fueron especialmente grabadas por Joe Bataan mismo. “On a rainy Sunday morning in 1973 / A mother was blessed with a son who grew up to be/ Young, gifted, and brown/ With the strength to tear a mountain down/ With a voice so young and clear/ A chance for everyone to hear.”

La música que Gómez amaba llenó el espacio, volviendo a crear “La Onda Xicana.”

“Parece que Óscar todavía está vivo porque tanta gente todavía está haciendo cosas por él,” dijo Óscar Gómez Sr. “Siempre hay algo – cada año una beca, un documental.”

De hecho, varios Óscares siguen viviendo: Cuatro de sus amigos y hermanos les pusieron ese hombre a sus hijos en su honor. Dos de ellos estuvieron presentes en la reunión.

Varios de sus amigos están trabajando en la educación, un campo que Gómez consideraba de gran importancia. Calderón es maestro en el alma mater de él y Gómez, la Escuela Preparatoria Baldwin Park. Paredes es consejero en una Universidad comunitaria. Salas todavía trabaja con jóvenes en alto riesgo. Gladys Gómez, su hermana menor, es maestra. Y Almendariz, quien no fue a la Universidad, recientemente recibió su certificación como maestro.

Armendariz, Calderón, González y Gladys Gómez, junto con algunos de sus amigos cercanos, son miembros de la mesa directiva de LUCHA Foundation, organización que provee becas en educación superior a estudiantes que son la primera generación y de bajos ingresos.

Salas, tomando el micrófono en la reunión, recitó un fragmento tolteca en el espíritu de la vida vivida brillantemente: “Nuestras vidas son más cortas que las de las flores. Entonces, ¿debemos estar de luto? No. Debemos bailar y vestirnos de brillantes colores – porque nuestras vidas son más cortas que las de las flores.”

Nota del editor: Esta historia fue corregida el 18 de junio de 2019, para decir que Óscar Gómez era un estudiante de UC Davis en su cuarto año de carrera al tiempo de su muerte, no estaba en su tercer año de carrera, y que murió cuando estaba cubriendo una protesta estudiantil en contra de la Propuesta 187, no una contratación controversial en UC Santa Bárbara.

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