Fresno

Marchas chicanas de Denver en 1969 se repiten con demandas todavía vigentes

El chicano Juan G. Navarro Jr. saluda a los participantes en la manifestación para conmemorar el 50 aniversario de las marchas chicanas de 1969 en Denver.
El chicano Juan G. Navarro Jr. saluda a los participantes en la manifestación para conmemorar el 50 aniversario de las marchas chicanas de 1969 en Denver. Agencia EFE

A medio siglo de las históricas protestas estudiantiles en Denver para denunciar la discriminación contra estudiantes méxico-estadounidenses, veteranos dirigentes del Movimiento Chicano y líderes de la nueva generación marchan este jueves para destacar que sus muchas de sus demandas siguen vigentes.

Entre el 21 y el 22 de marzo de 1969, estudiantes chicanos de la Escuela West High, una secundaria en el oeste de Denver en la que eran y siguen siendo mayoría, dejaron sus clases para protestar contra los docentes que constantemente mostraban actitudes racistas y discriminatorias.

Con el apoyo y la coordinación de la Cruzada por la Justicia, fundada y dirigida por el ya fallecido dirigente Rodolfo “Corky” Gonzales, los estudiantes pidieron la renuncia o despido de los problemáticos maestros.

Los estudiantes también pedían educación bilingüe y clases de historia y de literatura de los chicanos, y protestaban por la constante presión por parte de los docentes para que los varones se enrolasen en las Fuerzas Armadas para ir a luchar en la Guerra de Vietnam.

Cuando los jóvenes manifestantes quisieron reingresar a su escuela, policías antimotines lo impidieron, lo que generó serios enfrentamientos. En poco tiempo, decenas de agentes, apoyados por un helicóptero policial, llegaron al lugar para controlar las protestas.

En el segundo día de las marchas, estudiantes de otras cinco escuelas llegaron a West High para sumarse a la movilización, acompañados por grupos considerados “extremistas” en aquella época, como Estudiantes por Una Sociedad Democrática y los Panteras Negras.

Actuales y pasados dirigentes del Movimiento Chicano, incluyendo hijos y nietos de los líderes más veteranos, marchan este jueves hasta la Escuela West High con el lema “Nosotros somos los indígenas de esta tierra”, en recuerdo de las marchas de 1969 y de Luis Martínez, un dirigente juvenil chicano asesinado a balazos en 1973.

Y como en aquellos años se reparten de nuevo volantes con el lema “La educación es la clave para la liberación y la autodeterminación.”

“La rebelión juvenil actual es la gracia salvadora del Movimiento Chicano. Los jóvenes aprovechan las nuevas tecnologías y las usan como herramientas educativas,” dice Ramón Del Castillo, decano del programa de Estudios Chicanos en la Universidad Estatal Metropolitana de Denver.

En su opinión, los jóvenes saben que las “escuelas erosionan sus raíces y niegan sus identidades, pero ‘la raza’ tiene el poder de construir su propio conocimiento y de liberarse.”

Marcharán sabiendo que desde aquellas movilizaciones se ha logrado mucho: las clases de historia y literatura hispana y chicana son una realidad en las Escuelas Públicas de Denver (DPS), como también resultan comunes los programas de educación bilingüe.

Además, DPS ha adoptado iniciativas y medidas a favor de maestros y estudiantes latinos y de otras minorías. Y, de hecho, la actual superintendente de DPS, Susana Cordova, es la primera mujer y la primera persona de origen latino en la historia de ese distrito escolar en ocupar ese alto puesto de manera permanente.

Pero, a pesar de esos logros, “aún queda mucho por hacer”, dice a Efe Jake Cousins, de la organización Padres y Jóvenes Unidos (PJU) de Denver.

Una encuesta realizada por PJU entre estudiantes de DPS y difundida esta semana indica que las mayores preocupaciones de esos estudiantes siguen siendo la fuerte presencia policial en sus escuelas y la potencial presencia de agentes de inmigración en esos establecimientos.

A ellas hay que sumar la disparidad en el número de sanciones disciplinarias contra alumnos latinos y las dificultades de sus familias para acceder a viviendas saludables y económicas.

“Tenemos que asegurarnos que los funcionarios públicos escuchen directamente a los jóvenes que se ven frecuentemente impactados por las leyes que esos funcionarios quieren aprobar,” asegura Cousins.

Y usando ahora el poder de las redes sociales, PJU recreó uno de los pedidos de hace medio siglo: que se retiren los policías de las escuelas, esta vez con la etiqueta #CounselorsNotCops (consejeros, no policías).

“Y sólo porque hemos tenido una movilización exitosa, no significa que la lucha terminó,” enfatiza Cousins.

Hace medio siglo, las escuelas de Denver (como en muchos otros lugares del país) se mantenían segregadas, por lo cual los estudiantes méxico-estadounidenses y afroamericanos iban a ciertas escuelas en las que prácticamente no había alumnos blancos.

En la actualidad, esa situación “ha adoptado características diferentes, pero seguimos luchando contra fuerzas abrumadoras,” opina Del Castillo.

“Uno puede estar seguro de que aquellos en el poder cuentan con todos los recursos necesarios para mantenerse en el poder. Pero nosotros poseemos la inteligencia, las ganas y la energía positiva para crear poder, y eso es algo que el sistema no puede quitarnos,” apunta.

Por eso, dice, la lucha “debe continuar” enfocándose en “la formación de una nueva generación de dirigentes mexicanos y chicanos”, porque su “mensaje traspasa las fronteras y nos recuerda por qué el Movimiento Chicano existe todavía hoy.”

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