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'Bebé milenio' desafia los críticos

KINGSBURG -- Hace once años y medio, Sarah Cortez se convirtió brevemente en la adolescente embarazada más famosa en el Valle de San Joaquín.

La noche del 31 de diciembre de 1999, cuando la mayoría de sus compañeros de clase de la escuela preparatoria Sanger estaban dándole la bienvenida al año nuevo, Sarah -- quien en aquel entonces tenía 15 años de edad y cursaba el décimo grado -- estaba acostada en una cama del Centro Médico Comunitario de Clovis lista para dar a luz.

El doctor -- que había visto nacer a Sarah hacía menos de dos décadas antes -- llegó al hospital esa noche vestido con tuxedo y sombrero alto, ya que llegaba de una fiesta de Víspera de Año Nuevo para asistir a Sarah en su parto.

Las enfermeras en el pasillo abrieron una botella de cidra en cuanto el reloj marcó la media noche.

A tres minutos del año 2000, nació Isaac Robert Cortéz, convirtiéndose así en el "bebé milenio" de la región.

Al día siguiente, el nacimiento de Isaac fue celebrado en los medios locales. El diario The Fresno Bee publicó una historia de primera página sobre Sarah e Isaac, con el encabezado: 'El Nacimiento de un Nuevo Milenio.'

Pero el muy publicado nacimiento de Isaac llegó con críticas, dijo Sarah, quien ahora tiene 27 años y es la supervisora y asistente de directora de la guardería de Kingsburg.

Mientras ella y su hijo, ahora de 11 años, estaban sentados lado a lado en un McDonalds de Kingsburg la noche del viernes pasado, Sarah recuerda haber sido criticada en público por haber tenido un bebé a tan temprana edad. En aquel entonces, dijo ella, la gente predecía que Isaac estaría encarcelado a la edad de 15 años.

Esas palabras le calaron. Pero también la hicieron que se empujara a sí misma mucho más duro en la escuela y en su carrera, para asegurar una mejor vida para ella y su hijo.

"Eso me hizo que deseara más de la vida," dijo Sarah. Ella quería "demostrarle a la gente que simplemente por que esto había sucedido, no era algo que la iba a detener de lo que quería en mi vida."

En la actualidad, Sarah e Isaac -- a quien a veces todavía le dicen 'Lil Milli,' en reconocimiento al memorable día en que nació -- le han demostrado a la gente y a las estadísticas que con ellos, se equivocaron.

No ha sido fácil.

"Ha sido un largo viaje, y estoy segura de que todavía no se termina," dijo Sarah. "Pero yo lo voy a apoyar un cien por ciento en lo que él quiera hacer en la vida.

"Yo creo que eso es lo mejor que cualquier padre o madre de familia puede hacer, ya sea una que cuando tengan hijos sea una joven madre adolescente o un adulto mayor -- eso es simplemente lo mejor que se le puede dar a un hijo."



Desde el principio, la experiencia de Sarah como madre adolescente fue probablemente diferente a la mayoría. Cuando Sarah -- la tercera de cuatro hijas -- se embarazó, su madre, Bárbara Cortéz, le prometió a su hija que la ayudaría.

"Yo sabía que iba a ser mucho más difícil para ella porque ya iba a tener un bebé, y sabía que ella quería seguir una carrera en la enseñanza," dijo Bárbara, quien recientemente se jubiló de Wallin Funeral Homes en Sanger. El padre de Sarah ha trabajado en JetPlástica de Fowler durante 25 años.

"Yo sabía que iba a ser mucho más difícil para ella aunque íbamos a estar allí para ayudarla."

Sarah está agradecida por el apoyo de sus padres, lo cual le permitió continuar su educación, y poder vivir los años de preparatoria como cualquier otro adolescente.

"Yo todavía fui a todos mis bailes, fui a la fiesta de graduación, y fui a la Noche de Graduación," dijo Sarah. "Si no fuera por mis padres, yo no hubiera podido hacer ninguna de esas cosas, porque ellos estuvieron dispuestos a cuidar de mi hijo cuando todo esto llegó."

Después de graduarse con su clase de la preparatoria en el 2002, Sarah empezó a estudiar para lograr su título de capacitación intermedia en educación infantil temprana en Reedley College. Con el tiempo ella llegó a trabajar en la guardería de Sanger y asistió a la universidad en la noche.

"Fue difícil, pero era lo que tenía que hacer, para llegar a ser lo que yo quería ser," dijo Sarah.

Ella empezó a trabajar en Jubilee City Preschool & Daycare en Kingsburg hace como cinco años.

Hace poco menos de un año, ella e Isaac se mudaron a Kingsburg, a vivir con el prometido de Sarah. El papá de Isaac no está con ellos.

Mientras Sarah ha estado trabajando, Isaac -- quien acaba de terminar el quinto grado en la escuela primaria Reagan de Kingsburg -- ha sobresalido en la escuela. Ha jugado béisbol y tiene planes de ingresar a un equipo en la liga de fútbol americano de la ciudad.

Él es un niño pacífico que parece ser tímido -- hasta que él y su madre comparten un momento gracioso, y entonces muestra una gran sonrisa. Casi está tan alto como su madre, quien sólo mide cinco pies.

Sarah dice que puede ver a su hijo llegar a ser policía cuando crezca. Pero su principal meta para él, dijo ella, es "que se gradúe de la preparatoria primeramente, y entonces vaya a la universidad."

Y que no ande en los problemas que por estadísticas son más comunes entre las madres adolescentes y sus hijos: la cárcel, drogas y pobreza.

"Yo no quiero que eso le pase a él, así que siempre he tratado lo mejor posible de que él tenga una buena vida, como cualquier otro niño la tuviera si sus padres tuvieran 30 años cuando lo tuvieron," dijo ella.



Sarah y sus tres hermanas, además de los siete hijos que tienen en común, se reúnen casi cada año el 31 diciembre, en la casa en que crecieron en el Sanger rural, para celebrar la Víspera de Año Nuevo. Ellos se aseguran que el cumpleaños de Isaac no se pierda entre las celebraciones de invierno.

"Siempre le decimos, 'todos alrededor del mundo están celebrando tu cumpleaños en este momento,' " dijo Sarah. "En cuando llegan las 12:03 a.m., después de que cae la bola, todos nos sentamos a la mesa y le cantamos 'Feliz Cumpleaños.' "

Entonces se comen el pastel que Isaac haya escogido. Un año fue uno de esos "enormes" pasteles de galleta, dijo Sarah.

Es una tradición festiva el celebrar a un gran niño, cuyo futuro es mucho más brillante de lo que los críticos hubieran imaginado hace una década.

"Su historia resultó tener un final más feliz de la de la mayoría," dijo Bárbara Cortéz. "Estamos muy felices con la mnera en que resultaron las cosas."

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