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BERNADETTE PARDO: Miseria a las puertas del paraíso

Un poco más al oeste de las flamantes torres de lujosos apartamentos y las nuevas tiendas de departamentos y exquisitos restaurantes de South Beach y Midtown, está la tierra de nadie. Una franja desolada que se extiende tras una cerca de púas llena de charcos en la que perros famélicos deambulan entre tráilers destartalados rodeados de basura. Al lugar lo llaman, para colmo, Royal Duke Trailer Court. Pero lo único real en este parque de casas móviles oxidadas y viejas es la extrema pobreza.

Los inquilinos de Royal Duke Trailer Park se han convertido en víctimas y rehenes de una larga batalla legal entre dos implacables empresarios: George Rod Timinsky y Scott Rosenbaum que se disputan en las cortes el título de la propiedad. La mayoría de los inquilinos de Royal Duke son ancianos, como el cubanoamericano Luis Castillo de 81 años. Castillo vive con su hermana Pura de 79 años. Entre los dos reciben unos $710 en seguro social. Pero pagan $500 por el parqueo del tráiler y recientemente han empezado a cobrarles $70 mensuales por agua, un servicio que al igual que la basura debe estar incluido en el alquiler. La renta subió $120 sin aviso de un mes para otro. Y eso no es lo peor. Los que malviven en esta favela de Miami están aterrorizados. Nos dice Fabio Escobar, que vive allí desde hace 15 años, que “como no sabemos cuál es el verdadero dueño, desconocemos a quién tenemos que pagar y los dos nos están reclamando la renta”.

Tanto Timinsky como Rosenbaum exigen a los residentes pagar. A veces lo hacen con emisarios, como un tal Miguelito, que apareció tomando cerveza y apuntándole con un arma le espetó a un inquilino: “de ahora en adelante me paga a mí”.

Si le pagan a Timinsky, entonces Rosenbaum los lleva a la corte para desalojarlos por falta de pago y viceversa. Según nos cuenta Mario Sobalavano, que hace 22 años vive en Royal Duke, ya han desalojado a decenas de inquilinos en esta guerra. Tras los desalojos, los dueños se quedan con los tráilers que revenden a nuevos incautos.

Los que quedan en pie le tienen pánico al desalojo. Como nos dice Ivonne Contreras “cuando uno sale de estas cuatro latas no tiene dónde ir ya más”.

Escobar, que gana $320 a la semana para mantener una familia de cuatro, se pregunta “de dónde voy yo a sacar para un apartamento de $700 con depósito y primer mes.”

Algunos han tratado de conseguir vivienda pública pero la mayoría no califica.

Estos náufragos de nuestro paraíso tropical han encontrado una tabla de salvación en la organización sin fines de lucro Servicios Legales, donde abogadas dedicadas como Evian White los han ayudado a defenderse contra procesos de desalojo y a retirarles cargos criminales a inquilinos desalojados que fueron arrestados cuando regresaron a sus tráilers a recoger sus pertenencias. Entretanto los pobres residentes de esta tierra de nadie siguen siendo víctimas y testigos de horribles abusos.

Alexandra López llora a lágrima viva cuando recuerda cómo la humilló y persiguió uno de los presuntos dueños cuando ella estaba recién operada de cáncer de la mama. Y cómo golpeaba las paredes metálicas del tráiler con un palo amenazándola con dejarla en la calle por falta de pago. Al final los abogados de los Servicios Legales lograron parar la orden de desalojo. Pero eso no hizo olvidar la humillación y el horror que vivió Alexandra.

Y en este sórdido submundo también hay abuso contra animales. Varios recuerdan cómo uno de los presuntos dueños satánicos enloqueció al ver a dos gallinas en el único trozo de yerba detrás de un tráiler. Mato a una a palos y a la otra le retorció el pescuezo.

Espero que al menos la sociedad para la prevención de crueldad contra animales intervenga para parar los abusos que ocurren en Royal Trailer Court.

No solo de ayuda legal vive el hombre. La agencia estatal a cargo de regular los parques de casas móviles sigue distante y ajena a lo que pasa en este inferno de Miami. El departamento de Vivienda pública del condado se ocupa solo de viviendas públicas. Los políticos no visitan los trailer parks porque allí nadie vota. El Departamento de cumplimiento del código solo interviene cuando hay peligro debido a un problema eléctrico o estructural.

Parece que para dramas humanos como éste no hay solución al oeste del paraíso.

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