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BERNADETTE PARDO: Muerte impune en Miami Shores

El juicio por el asesinato del joven Trayvon Martin que ha sentado en el banquillo a George Zimmerman entra en sus momentos cruciales. En sus albores, el caso suscitó un intenso debate sobre la controversial ley estatal conocida como “Stand Your Ground” aprobada en el 2005, que básicamente nos permite a todos comportarnos como “machos salvajes” sin tener en cuenta las consecuencias y matar a quienes ofendan nuestro honor sin enfrentar cargos criminales. El gobernador nombró una comisión para examinar la ley que hizo lo que hacen todas las comisiones: absolutamente nada.

En definitiva, Zimmerman terminó enfrentando cargos criminales y tendrá que explicar, ante un jurado integrado por seis mujeres, por qué mato a Martin.

La familia de Martin tiene al menos la triste fortuna de acceder al sistema judicial y saber qué ocurrió. Para otros muchos esa oportunidad no existe.

Probablemente el caso que mejor ilustra las terribles consecuencias de Stand Your Ground es la muerte de un joven hispano discapacitado de 20 años que se llamaba Reynaldo Muñoz y cuyo cuerpo apareció flotando en la Bahía de Biscayne. Dicen que Muñoz había intentado sustraer una moto acuática en una lujosa casa en Miami Shores.

El que mató a Muñoz, con el rifle de la familia, fue un joven de 14 años, Jack Davis. Dicen los investigadores que Davis advirtió a Muñoz antes de dispararlo, también dijeron Davis y su madre a la policía que Muñoz los amenazó y cuando Muñoz no reaccionó Davis disparó matándolo en el acto.

Luego salió a relucir que Muñoz era sordomudo y nunca he logrado comprender cómo un niño que no puede hablar, desarmado y que vestía un bañador puede proferir amenazas o ser una amenaza, como tampoco logro entender cómo la policía y la fiscalía del condado dan crédito a la versión de la familia de Davis de que pidieron a Muñoz que saliera de la propiedad antes de volarle la cabeza, ni siquiera entiendo por qué Muñoz era una amenaza cuando recibió el tiro por la espalda y su cadáver fue recuperado flotando en el agua, no en la propiedad en la que supuestamente había entrado.

La investigación sobre la muerte de Muñoz parece estar llena de contradicciones y puntos oscuros, incluyendo que el padre de los agresores es un abogado prominente que en este proceso está representado por otro abogado aún más prominente y caro.

Una vez más los abogados prominentes se han salido con la suya y los encargados de investigar esta terrible tragedia no han sido capaces de explicarnos qué exactamente ocurrió y por qué nadie paga por tantas contradicciones: la madre de Davis inicialmente dijo que fue ella la que disparó y luego que fue ella la que le ordenó a su hijo disparar.

Los avezados abogados contratados por la familia Davis argumentaron que sus clientes vivían aterrorizados por haber sido víctimas meses antes de un robo a mano armada en el driveway de su casa, y que la llave que Muñoz utilizaba para tratar de arrancar la moto acuática parecía una arma. En mi opinión, pobres excusas para justificar un asesinato.

Esta semana la fiscal estatal justificó la muerte de Muñoz concluyendo “que se puede determinar que la apariencia de peligro era tan real que una persona razonablemente prudente y cautelosa pudo haber pensado que el peligro solo podía evitarse con fuerza letal”. Traducido al castellano: nadie tendrá que enfrentar cargos criminales por la muerte de un Muñoz sordomudo y desarmado que obviamente trataba de huir.

Nadie disputa que Reynaldo Muñoz tenía un récord por hurtar carros, ni que probablemente accedió al muelle de la lujosa casa de Miami Shores con la intención de sustraer la moto acuática. Yo solo me pregunto por qué Muñoz no se merece la protección de la ley y sus familias tener un juicio justo donde todos los interrogantes y las posibles respuestas salgan a la luz. ¿Por qué no hay justicia para Muñoz? Me queda la duda de saber si la respuesta es que Muñoz era pobre y sordomudo y no estaba representado por abogados ilustres que cobran miles de dólares por palabra que pronuncian. Viendo la evidencia en la luz más favorable para los agresores aquí parece que todo el mundo está de acuerdo, incluyendo a los fiscales, en que el sordomudo Muñoz merecía la pena de muerte por intentar sustraer un juguete de ricos.

Cierto que en este terrible incidente nadie se salva. El ladrón de la moto acuática perdió la vida. El niño que lo mató o la madre que disparó tendrá la sangre que han derramado sobre sus conciencias durante el resto de sus vidas y nosotros, la comunidad, nos hemos quedado sin saber qué ocurrió.

En su día, la muerte de Muñoz pasó desapercibida y ahora la exoneración de quienes lo ejecutaron solo ha ocupado unas pocas líneas en los periódicos en un silencio que dice mucho, y nada bueno, sobre nuestro sistema de justicia y nuestra falta de fibra moral.

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