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Gobierno de Obama dio muchas versiones del ataque al consulado en Libia

En las primeras 48 horas de los mortales ataques del 11 de septiembre contra el consulado de EEUU en Libia, altos funcionarios de la administración de Obama hablaron ampliamente de un ataque terrorista y se negaron repetidamente a relacionarlo con un video antimusulmán que produjo protestas en todas partes de la región, según transcripciones de sesiones informativas.

Las versiones iniciales de la administración cambiaron dramáticamente en los siguientes días, de acuerdo con una revisión de las transcripciones de una sesión informativa y declaraciones de la administración, con una nueva versión el 16 de septiembre, cuando la embajadora de EEUU en Naciones Unidas, Susan Rice, aseveró en una serie de comparecencias televisivas que la mejor información disponible indicaba que el ataque había surgido de las protestas por el video.

Lo que provocó ese cambio se mantiene como un misterio en medio de unas elecciones presidenciales muy disputadas y las acusaciones republicanas de que el presidente Barack Obama utilizó el enojo con el video para enmascarar los deslices de la administración, que llevaron a la muerte de cuatro estadounidenses, incluyendo al embajador en Libia, Christopher Stevens. Es seguro que el tema surgirá cuando Obama y su rival republicano Mitt Romney se encuentren el lunes para debatir sobre política exterior.

Paul Pillar, un ex importante analista de la inteligencia de EEUU sobre el Oriente Medio, declaró que es natural con tales incidentes que se cambie su interpretación tras recibirse nueva información. “No es sólo la confusión producto de la guerra, sino información fragmentada e incompleta, mientras las agencias responsables desarrollan y adquieren más detalles. Por lo tanto, las explicaciones, naturalmente, van a evolucionar”, agregó.

Pero las declaraciones de la administración ofrecen un cambio irónico del fenómeno de la “confusión de la guerra”: aparentemente eran más exactas el día después de los ataques que cuando Rice hizo sus comparecencias televisivas cuatro días después. Funcionarios de la administración no han suministrado hasta ahora una explicación detallada del cambio.

Tommy Vietor, un portavoz del Consejo Nacional de Seguridad, declinó comentar para este reportaje más allá de decir: “Estos temas han sido cubiertos en incontables ocasiones por el Presidente y en sesiones informativas”.

Mark Toner, portavoz del Departamento de Estado declinó responder a los detalles. “Una junta independiente lleva a cabo una completa revisión del ataque a nuestro puesto en Bengasi. Una vez que tengamos la versión total de la junta sobre lo que sucedió, los hallazgos y recomendaciones, podremos responder plenamente a estas preguntas”, indicó en un correo electrónico.

El día después del ataque, según muestran las transcripciones, altos funcionarios de la administración, al informar a los reporteros, no relacionaron, en respuestas a tres preguntas, los ataques en Bengasi con las protestas sobre el video. Un alto funcionario indicó a los reporteros durante la sesión informativa que “extremistas libios no identificados” lanzaron lo que fue “claramente un ataque complejo”. El funcionario no se identificó porque tales sesiones informativas ocurren generalmente bajo la condición de anonimato.

En escalas de campaña al día siguiente, 13 de septiembre, en Colorado y Nevada, Obama se refirió al ataque en Bengasi como “un acto de terror”. En la sesión informativa de ese día en el Departamento de Estado, se le preguntó a la portavoz Victoria Nuland directa y repetidamente si había una relación entre las protestas por el video y el ataque al consulado de EEUU.

Aunque mencionó que comentarios en los medios sociales estaban relacionando el ataque “con este represible video”, Nuland enfatizó varias veces que no había suficiente información para que los funcionarios lo hicieran, incluso cuando algunas informaciones noticiosas, incluyendo de The New York Times y la Agence France Presse, citaban testigos no identificados en Libia quienes aseguraron que el enojo por el video fue la razón para que se enfocaran en el consulado.

“Somos muy cautelosos a la hora de sacar cualquier conclusión con respecto a quienes fueron los atacantes, cuáles fueron sus motivaciones, si [el ataque] fue premeditado, si tenían algún contacto externo, si había alguna relación, hasta que tengamos una oportunidad de investigar junto con los libios”, afirmó Nuland.

Esa noche, la secretaria de Estado Hillary Clinton presidió una recepción del Departamento de Estado que marcaba una festividad islámica. Sus comentarios no hicieron mención de una protesta y sólo se refirieron de pasada a informes que mencionaban “material incendiario colocado en internet” como un posible motivo.

Sin embargo, la historia comenzó a cambiar al día siguiente, 14 de septiembre.

Con imágenes de las asediadas misiones estadounidenses en el Oriente Medio aún encabezando las noticias de la noche, el secretario de prensa de la Casa Blanca, Jay Carney, se convirtió en el primer funcionario en separarse de la anterior declaración de que la agresión en Bengasi fue un “ataque complejo” por parte de extremistas. En su lugar, Carney aseguró a los reporteros que las autoridades “no tenían información para sugerir que había sido un ataque planeado con anticipación”. Agregó que no había razón para pensar que el ataque de Bengasi no estaba relacionado con el video, debido a que éste había provocado protestas en muchas ciudades musulmanas.

“Los disturbios que hemos visto por la región han sido en respuesta a un video que los musulmanes, muchos musulmanes, encuentran ofensivo”, subrayó Carney.

Al ser presionado por los reporteros que apuntaron a pruebas de que la violencia en Bengasi fue planeada con anticipación, Carney afirmó que “informaciones noticiosas” habían especulado sobre el motivo. Destacó nuevamente que “los disturbios en la región han sido en respuesta al video”.

Para ese domingo 16 de septiembre, la evolución de la narrativa estaba completa cuando Rice, la embajadora en la ONU, compareció en los cinco principales programas matutinos de entrevistas para hacer la mayor conexión directa en público entre el ataque en Bengasi y el incendiario video.

Aunque aseguró que sus comentarios “se basaban en la información que tenemos en este momento”, Rice claramente intentó presentar la relación ante la gran audiencia estadounidense.

Rice declaró en el programa This Week, de ABC, que el ataque fue “una respuesta espontánea —no premeditada— a lo que ocurrió en El Cairo”, una referencia a una manifestación provocada por el video contra los musulmanes en la que cientos de personas penetraron en el complejo de la embajada de EEUU y despedazaron una bandera estadounidense. Rice repitió la aseveración en sus comparecencias en los programas de entrevistas y más tarde culpó a los servicios de inteligencia por darle información incorrecta antes de ir al aire.

El 19 de septiembre, mientras la historia del video comenzaba a colapsar en medio de informes noticiosos provenientes de Libia y filtraciones de inteligencia de Washington que apuntaban a un ataque premeditado, la historia de la administración tuvo otra alteración en lo que parece ser un esfuerzo para reconciliar las versiones.

En una audiencia en el Congreso, Matthew Olsen, director del Centro Nacional Antiterrorista, ofreció un testimonio que entretejía ambas versiones. Lo consideró un “ataque terrorista” pero también lo calificó de “ataque oportunista”. No hizo una mención específica a una manifestación anterior sobre el video —testigos entrevistados por McClatchy para reportajes del 12 y 13 de septiembre han dicho que no hubo protestas— pero sí dijo que “la violencia evolucionó y escaló en varias horas”.

“Lo que no tenemos en este momento es inteligencia específica de que hubo una plan o coordinación significativa para este ataque”, aseguró Olsen.

Bajo intensa presión de los republicanos sobre el modo en que la Casa Blanca enfrentó lo ocurrido en Bengasi, la administración de Obama dio la vuelta completa el 20 de septiembre, y regresó a lo que funcionarios libios y estadounidenses han dicho desde el principio: el ataque al consulado de Bengasi fue algo separado de las protestas en la región por el video y tiene las características de un ataque terrorista.

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