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RAFAEL GUARIN: El falso dilema de la paz

Han corrido chorros de tinta de “analistas” de la paz que reproducen el falso dilema instalado en la discusión pública por la propaganda fariana, hace ya tres décadas. Me refiero a la idea de que existen dos caminos para la paz: las llamadas “solución política” y la “solución militar”. Que ambas son contradictorias y excluyentes.

Sobre ese falso dilema no han faltado las “agudas” observaciones en el sentido de que si hay un Acuerdo de Paz es porque se impuso la “salida política” civilizada sobre la “salida militar” de los reaccionarios y guerreristas. Ignorancia supina en temas de guerra y paz. Ignorancia absoluta en materia de guerra irregular.

Esa línea de “análisis” lleva a conclusiones absurdas como, por ejemplo, que la paz no se ha acordado con las FARC y el ELN porque en el Estado y la sociedad ha prevalecido una corriente militarista y bárbara que cree en la aniquilación total de esos grupos. Una visión política que en su obsesión es la verdadera enemiga de la paz, mientras que desde los tiempos de Jacobo Arenas y Manuel Marulanda las FARC siempre han estado dispuestas a la “solución política” civilizada.

En realidad no existe tal dilema. La guerra persigue un fin político y la victoria en la guerra no es aniquilar físicamente al adversario, es doblegar su voluntad de lucha. La fuerza se emplea como un medio de la política. Las armas obedecen a un propósito, que en el caso del Estado no es otro que el de conseguir que los grupos armados organizados al margen de la ley decidan abandonar la violencia y deponer las armas.

Por tanto, la victoria militar y la derrota de las FARC, en ese plano, no es la eliminación total de sus integrantes, sean objeto de captura, desmovilización o dados de baja. No. La victoria militar, que es una victoria política, en la medida que concreta un objetivo del Estado, es que tal organización decida abandonar la violencia, no sus ideas, esto es, que lleguen a la conclusión como resultado del aislamiento político y la presión militar de que no es posible por la vía violenta su realización. No se trata de desaparecer a FARC, sino que desaparezca como aparato armado y decida acudir a los mecanismos constitucionales, esos sí civilizados, para hacerse escuchar.

Teniendo claro esto, es evidente que un Acuerdo de Paz sobre la base de no impunidad, respeto a los derechos de las víctimas y no sometimiento del imperio de la ley a los violentos, es una victoria del Estado, no una claudicación. Mientras que para las FARC es un reconocimiento de su derrota militar.

En todo caso, un hipotético escenario en que la narcoguerrilla decida abandonar la violencia es resultado de la correlación de fuerzas en el plano militar: así, la llamada “solución política” no es más que el reflejo o la consecuencia de la “solución militar”, luego, tal dilema, tal contradicción, tal exclusión solo existen en la ignorancia o en la propaganda fariana afanada por no aceptar esa derrota.

Ahora bien, puede existir derrota militar y no rendición, entre otras cosas, porque las armas son uno de varios medios. Timochenko lo sabe muy bien. Ha dicho que no se rendirán y que vencerán. Es claridad política lo que muestra, a diferencia de los “opinadores” que no lo logran descifrar. Lo que dice las FARC es que no abandonan, ni lo harán, su propósito de imponer una revolución bolivariana en Colombia. Otra cosa es que piensen que el proceso de paz pueda ser la plataforma para abrirle paso. En el evento de un Acuerdo de Paz no habrá renuncia al objetivo pero sí dimisión a la violencia (esperamos) y énfasis en la política legal para lograrlo.

Quienes dicen que un Acuerdo de Paz es la derrota de la Seguridad Democrática y la prueba de su ineficacia están haciendo propaganda o gala de su desconocimiento en estos temas. Un Acuerdo sólo es posible si las FARC decidieran abandonar la violencia y eso no será por cargos de conciencia, se los aseguro. Será porque la Seguridad Democrática y la cooperación decidida y comprometida de Estados Unidos consiguieron lo que se buscaba: doblegar su voluntad de lucha.

Profesor universitario y ex viceministro de Defensa de Colombia.

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