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Terrorista trató de volar Banco de la Fed en Nueva York

La fiscalía federal acusó el miércoles a un hombre de 21 años original de Bangladesh de conspirar para volar el Banco de la Reserva Federal de Nueva York, y aseguró que trató de detonar lo que supuestamente era una bomba de 1,000 libras colocada en un van que estacionó junto al edificio en el Bajo Manhattan.

Pero toda la conspiración, que comenzó después de que el hombre, Quazi Mohammad Rezwanul Ahsan Nafis, viniera a Estados Unidos en enero, se llevó a cabo bajo la vigilancia del FBI y el Departamento de Policía de Nueva York, como parte de una complicada operación secreta, según documentos judiciales.

Nafis afirmó en julio a un informante del FBI que tenía vínculos en el extranjero con Al Qaida, según una acusación por lo criminal presentada el miércoles en el Tribunal Federal de Distrito en Brooklyn.

Según la acusación, Nafis había estado tratando de reclutar individuos para formar una célula terrorista y buscar contactos de Al Qaida que lo ayudaran a llevar a cabo un ataque. Una de las personas que trató de reclutar fue el informante del FBI, quien le presentó luego a un agente encubierto del FBI, según la acusación.

“El acusado vino a este país con la intención de llevar a cabo un ataque terrorista en suelo estadounidense, y trabajó con una determinación inquebrantable para llevar a cabo su plan”, indicó Loretta E. Lynch, fiscal federal de Brooklyn, quien anunció los cargos junto a oficiales del FBI y el Departamento de Policía de Nueva York. “El acusado pensó que estaba asestando un golpe a la economía estadounidense. Creyó que estaba dirigiendo a sus cómplices y correligionarios. Se equivocaba a cada paso, y sus considerables esfuerzos por atacar el corazón del sistema financiero de la nación fueron frustrados por la labor efectiva de las agencias de la ley y el orden”.

Nafis fue acusado de conspiración para usar armas de destrucción masiva y brindar apoyo material a Al Qaida, y podría ser condenado a cadena perpetua de ser hallado culpable.

No se pudo contactar a la abogada de Nafis, Heidi C. Cesare, inmediatamente después de su arresto.

“Tratar de destruir un edificio histórico y matar o mutilar a un número incontable de civiles inocentes es una de las cosas más serias que nos vienen a la imaginación”, declaró Mary Galligan, subdirectora interina de la oficina del FBI en Nueva York. “Es importante enfatizar que el público no estuvo en peligro en este caso en ningún momento, porque dos de los ‘cómplices’ del acusado eran en realidad un informante del FBI y un agente encubierto del FBI”.

El agente encubierto consiguió a Nafis lo que este creyó eran 20 bolsas de explosivos de 50 libras de peso cada una, de acuerdo con la acusación. Dijo repetidas veces al agente encubierto que el plan era suyo y que él había venido a Estados Unidos para llevarlo a cabo.

En la mañana del miércoles, Nafis se encontró con el agente encubierto y se dirigió en carro a un almacén donde Nafis armó lo que creía que era la bomba de 1,000 libras, usando las 20 bolsas de un explosivo no nombrado.

Camino del almacén, Nafis comentó al agente que él tenía un “Plan B” —un ataque suicida con explosivos— en el caso de que su plan primario de volar el banco fuera interrumpido por las autoridades.

Después de que Nafis armó la bomba, los dos hombres fueron en carro al Banco de la Reserva Federal de Nueva York, a unas dos cuadras de Wall Street. Nafis, según la acusación, activó el dispositivo mientras estaban en camino al banco, un edificio de 22 pisos que se asemeja a una fortaleza inexpugnable.

Nafis y el agente encubierto estacionaron el van junto al banco y caminaron a un hotel vecino, donde Nafis grabó una declaración en video dirigida al pueblo estadounidense que él pensaba distribuir después del ataque, y en la que decía: “No nos detendremos hasta obtener la victoria o ser mártires”.

Luego trató de detonar la bomba una y otra vez, inútilmente, y los agentes lo arrestaron.

El caso es el más reciente en una serie de hechos que siguen un modelo en el cual, en el proceso de detectar personas sospechosas de querer cometer actos de terrorismo, agentes federales han jugado el papel de facilitadores, brindando a sus blancos apoyo, guía, dinero e incluso, según hacen creer a esos sujetos, los materiales necesarios para llevar a cabo un ataque.

Aunque estas operaciones casi siempre se llevan a juicio con éxito, son crecientemente criticadas por quienes piensan que muchos de los acusados, incluso algunos de los que defendían abiertamente la violencia, hubieran sido incapaces de llevar a cabo dichos planes sin ayuda sustancial por parte del gobierno.

Tanto líderes del FBI como fiscales federales han defendido la validez del método para detectar y detener a personas predispuestas a cometer actos de terrorismo.

En otro prominente caso del 2009, varios criminales de poca monta, urgidos por un informante del gobierno que ha jugado un papel en otras operaciones encubiertas, pusieron lo que ellos pensaban eran bombas de fabricación casera frente a sinagogas en el Bronx. Los cuatro hombres fueron convictos, pero la jueza que presidió el juicio les dio las sentencias mínimas de 25 años de cárcel aunque dijo que estaban “preparados para hacer algo terrible” y extendió su crítica a los agentes del gobierno que ayudaron a llevar a cabo los planes: “El gobierno los hizo terroristas”, sentenció.

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