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Santiago Rodríguez, pianista excepcional en el Festival Miami

Pocos pianistas se preocupan tanto de la “conexión” con el público como el cubanoamericano Santiago Rodríguez, que ofreció un recital magistral el sábado 12, en el Gusman Concert Hall, en el marco del Festival Miami que ofrece la Escuela de Música Frost en el recinto Coral Gables de UM.

Rodríguez estableció su prestigio a través de magníficas actuaciones en el mundo entero y de grabaciones que son atesoradas por los coleccionistas. Ahora, como profesor y titular de la cátedra de piano de UM se dedica con fervor a pasar su legado humano y artístico a las nuevas generaciones.

Sin preámbulos, atacó la famosa Andaluza, de Albéniz, con una seguridad como la que solo puede dar la técnica impecable y la identificación plena con la obra. Este es un pianista que busca una verdadera identificación con el compositor que interpreta y por eso, antes de pasar a la siguiente pieza, micrófono en mano, presentó a su colega de plantel el compositor y director de orquesta Thomas Sleeper, de quien se declaró profundo admirador. Acto seguido, entregó la hermosa Marina, inspirada en el poema homónimo de T.S. Eliot. De corte posimpresionista, la obra busca evocar las situaciones del poema mediante el entramado cromático de las melodías. Junto a exquisitos pasajes de inefable dulzura presenta audacias de gran dificultad que Rodríguez sorteó con ejecución impecable.

Seguidamente, aunque se excusó de no encontrarse muy bien de salud, Rodríguez se enfrascó en la ciclópea tarea de interpretar la Sonata en si bemol menor, op. 35, de Chopin, sobre la que hizo comentarios muy enjundiosos. Si bien escuchar las grabaciones de Rodríguez es un placer indiscutible, verlo interpretar una obra como ésta pertenece a los extraños privilegios a los que se puede tener acceso en una sala de conciertos. Rodríguez toca como quien se encuentra en la intimidad ante pocos amigos, es decir, sin pudor de “pasarse” de la empatía. Su comunicación con el autor le da a su ejecución más allá de toda limpieza técnica un valor de “más allá”, de ese punto especial en el que habitan los verdaderos intérpretes para quienes el tiempo entre la obra y ellos se mantiene como una dimensión maleable que puede misteriosamente desaparecer. Su comentario sobre el breve cuarto movimiento que sigue a la famosa Marcha fúnebre del tercero es que “parece contemporáneo por su audacia de que después de esa solemnidad, de un barrido, se lo lleva todo”. Clase magistral fue esta interpretación en la que Rodríguez una vez más se sienta a la diestra del autor interpretado.

No menos deslumbrantes fueron sus actuaciones en la segunda parte de la noche, que abrió con la evocadora Mallorca, de Albéniz, que era la programada para el comienzo de la noche, pero que él sustituyó por Andaluza. Luego otra interesante y difícil obra de otro colega de la facultad: Variations (1979), de J. B. Floyd, con brillantes visos improvisatorios.

Se saltó la Sonata en si bemol, de Rachmaninof, que estaba programada, un poco por sentirse mal, y un poco porque quería pasar a las Dos danzas, de Touzet, a quien conoció personalmente según sus interesantes comentarios antes de ejecutar las bellas piezas. Finalmente, en homenaje a los “muchos cubanos que supongo que están en la sala”, tres conocidas obras de Ernesto Lecuona, Andalucía, Gitanerías y Malagueña, en las que volvió a demostrar que en ese repertorio se mantiene como uno de los referentes vivos. Estas piezas cubanas le sirvieron al sensible pianista para comentar la nostalgia que le provocaba la música de la tierra que se vio forzado a abandonar desde muy niño. Quizá esa “ausencia” interior, ese toque triste de su infancia es lo que le da a Rodríguez una cualidad intensa en su ejecución, una profundidad que viene del alma y toca las almas.

Ante la larga ovación de pie, visiblemente conmovido y posiblemente también con algo del malestar físico del que había hablado antes, entregó con inesperada energía el movimiento final de la programada sonata de Rachmaninof. Demostración de que aún under the weather podía entregar y entregarse con una ejecución impecable.

Como siempre, Rodríguez dio una noche inolvidable, no en balde se encontraba la sala abarrotada.• 

Información y entradas para el Festival Miami: (305) 284 4940 y www.festivalmiami.com

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