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Indocumentados recorren el país buscando hacer oír sus voces

Leticia Ramírez hizo su primer viaje largo cuando tenía 9 años.

Salió de su ciudad natal, Torreón, México, junto con su madre y sus dos hermanos menores hacia Estados Unidos para reunirse con su padre, que había emigrado a Phoenix, Arizona, en busca de un futuro mejor. Fueron más de 14 horas en bus y cerca de 1,540 kilómetros (960 millas) para llegar a destino.

De eso ya han pasado 18 años. Ahora, Ramírez emprendió el segundo viaje largo de su vida: un recorrido de 7,555 kilómetros (4,722 millas) a través de 10 estados desde Phoenix, Arizona, hasta Charlotte, Carolina del Norte, donde a partir del 3 de septiembre sesionará la convención nacional del Partido Demócrata.

Desde el 31 de julio, 30 inmigrantes en situación irregular recorren en el Undocubus los estados donde más se han endurecido o se han intentado endurecer las leyes de inmigración, como parte de un proyecto elaborado por organizaciones no gubernamentales bajo el lema “No papers, No Fear” (Sin Papeles, Sin Miedo) para mostrar, al decir de Leticia, que no son criminales por el hecho de no tener papeles.

Los participantes son gente que ha decidido salir de las sombras y decirles a los más de 11 millones de personas “sin papeles” que se encuentran en su misma situación, que se cansó “de sentir miedo, de vivir en una jaula de oro” por el hecho de no tener estatus legal en Estados Unidos.

En el bus, pintado de color turquesa y con mariposas amarillas y que por un lado lleva un cartel inmenso con la leyenda “No Papers, No Fear, a Journey for Justice” y por el otro su traducción al español “Sin Papeles, Sin Miedo, un viaje por la Justicia” viajan indocumentados de diferentes perfiles y edades.

Desde personas mayores de 50 años como Juan José Magandi, que trabaja como jornalero en un teatro en Long Beach, California, pasando por madres como María Jiménez de Phoenix, cuyos hijos son “ dreamers”, hasta personas como Leticia, que por no haber terminado la escuela secundaria, no es beneficiaria de la medida que cobija a los “ dreamers”.

Viajan también artistas, teatreros, pintores, estudiantes, todos ellos sin papeles. La gran mayoría de los ocupantes son de origen mexicano, aunque también van montados un salvadoreño y un hondureño. El único que en el bus cuenta con “papeles” es el conductor, lo que le da derecho a tener una licencia de conducción.

Según Tanya Anzueta, quien hace parte de Immigrant Youth Justice League, una de las organizaciones promotoras basada en Chicago, a todas las personas que se subieron al bus “se les advirtieron los riesgos y se les dejó claro lo que les podía pasar”.

Es claro que algunos de los tripulantes son blanco de las autoridades de inmigración para iniciar procesos inmediatos de deportación, como es el caso de personas reincidentes de cruzar ilegalmente la frontera entre México y Estados Unidos.

“Sabemos del riesgo, pero para nosotros es más importante ir a informar a la comunidad indocumentada en estos estados sobre sus derechos, ir a educarlos, para que no sientan miedo”, dice Leticia, quien fue recientemente arrestada, junto con otros tres activistas, frente a la corte de Arizona donde se le sigue el juicio a Joe Arpaio, el polémico sheriff del condado de Maricopa que ha llevado a cabo una abierta batalla contra la población indocumentada y quien es acusado ante las autoridades de discriminación racial.

Pero aunque estén unidos bajo el proyecto del Undocubus y cuenten con el respaldo de organizaciones cívicas, así como de oficinas de abogados prestos a actuar ante cualquier situación contraria, el riesgo de ser detenidos es latente durante el recorrido que les falta por Georgia, Mississippi y Carolina del Norte ante el desafío que están haciendo y harán a las autoridades.

A pesar de ello, durante la travesía ya son muchos los indocumentados que han querido unirse a la iniciativa y subirse al bus. De hecho, para este tramo final están considerando alquilar un segundo bus que llegue hasta Charlotte.

En varias de las paradas que hace el bus, el grupo desarrolla protestas frente a oficinas de alguaciles, jefaturas de policía o cortes de inmigración dónde les piden públicamente que rechacen la aplicación de programas como el de comunidades seguras, que ha llevado a miles de personas a la deportación por cometer infracciones menores como no poseer una licencia de conducción o conducir un vehículo con una luz rota.

Además de las protestas y de “hacerse oír”, como lo dice Magandí, el objetivo es congregar e informar en las comunidades indocumentadas de cada uno de estos estados.

Y aunque no hay nada definido y por ahora es sólo un deseo, uno de los objetivos que tienen los tripulantes del Undocubus, es que el propio presidente Barack Obama los escuche durante la convención demócrata que se cumplirá entre el 3 y el 6 de septiembre en Charlotte, Carolina del Norte.

“Es muy difícil, porque por no tener documentos no tenemos derecho a estar en la convención y por eso no tenemos forma de participar”, dice Anzueta, quien asegura que a pesar de ello, el Undocubus y sus tripulantes van a estar allí para entonces y que muy seguramente el Partido Demócrata y el Presidente, “que dicen que apoyan una solución al tema de inmigración, van a tener que tomar una decisión frente a nosotros”.

“Queremos decirle a Obama que todavía hay muchas familias que están esperando que haga algo con nuestra comunidad”, dice Juan José Magandí, quien viajó desde California para unirse a esta iniciativa y quien dice que uno de sus sueños es decirle al Presidente que ya no siente “vergüenza por no tener un documento de identidad en este país” y que ya no quiere más “ser invisible”.

Sueños que varían según la persona, pero que en el fondo tienen el mismo objetivo de vencer el temor que han sentido por años y de paso poder cumplir los deseos de sus seres queridos, como en el caso de Leticia, quien espera complacer a sus tres pequeños hijos Beatriz, Andrés Jr. y Ángel –todos ciudadanos estadounidenses– de llevarlos sin temor a conocer el parque Disney en Orlando, Florida.

Porque como ella misma reconoce, hoy día en Phoenix “la gente tiene miedo, uno ahora ve los parques y los centros comerciales desocupados, la gente no quiere salir a la calle” y agrega que ello se debe a leyes como la 287g, la de comunidades seguras y ahora la SB1070 en Arizona, que permite a las autoridades locales indagar y reportar a las autoridades de inmigración sobre el estatus de las personas detenidas en cualquier centro de reclusión.

“Lo más triste es que esas leyes se han multiplicado o se piensan copiar en los estados que estamos visitando, por eso estamos diciendo que a pesar de no tener papeles, no queremos más sentir miedo, es que la gente no se imagina lo difícil, lo duro y lo triste que es vivir en este país indocumentado”, finaliza Leticia.

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