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Salen a la luz detalles de arresto de contratista de EEUU en Cuba

Un subcontratista de EEUU pasó 25 días en una cárcel de La Habana antes de recibir la primera visita de un diplomático estadounidense, pero ya se había reunido con una abogada cubana involucrada en el caso de los cinco espías cubanos que La Habana quiere que Washington libere, según cables diplomáticos clasificados de Estados Unidos.

Los cables, escritos por diplomáticos estadounidenses en la capital cubana, brindan detalles desconocidos con anterioridad sobre el caso de Alan P. Gross, cuyo encarcelamiento se ha convertido en el impedimento más serio hasta la fecha a los deseos de la administración de Barack Obama de mejorar las relaciones con Cuba.

Además, muestran que Gross reportó haber perdido 30 libras durante sus 25 días de cárcel, y que habló sólo en términos vagos sobre la misión semiclandestina que lo llevó a caer en manos de la policía política de Cuba, la Dirección General de la Seguridad del Estado.

Los cables están entre los más de 250,000 despachos diplomáticos estadounidenses que WikiLeaks entregó a McClatchy y otras organizaciones noticiosas. McClatchy es propietaria de El Nuevo Herald y The Miami Herald.

Gross, de 62 años y un veterano especialista de desarrollo internacional de Potomac, Maryland, fue arrestado el 3 de diciembre del 2009 tras entregar de contrabando un teléfono satelital a la pequeña comunidad judía de Cuba para que esta pudiera tener acceso independiente a internet.

Trabajaba para Development Associates International, una firma radicada en los suburbios de Washington y contratada por la Agencia de Desarrollo Internacional (USAID) como parte de una campaña por $20 millones para dar asistencia a la sociedad civil en la isla.

Cuba califica de subversivos los programas de USAID, y Gross está cumpliendo ahora una condena de 15 años en un hospital militar de La Habana por cargos de violar la “independencia e integridad territorial” de la isla. Su familia y el gobierno de Estados Unidos han urgido a La Habana a que lo ponga en libertad a modo de gesto humanitario porque tanto su esposa como su hija y su madre están enfermas.

Un despacho enviado apenas horas antes de que la cónsul general de EEUU en La Habana en ese momento, Martha Melzow, hiciera su primera visita de una hora a Gross el 28 de diciembre en Villa Marista, un centro de detención para investigaciones de crímenes políticos, lo describió como preocupado por lo incierto de su situación.

Gross reportó estar sufriendo de alta presión arterial, de lo que no padecía antes de su arresto, una úlcera duodenal y altos niveles de ácido úrico en su orina, señaló el cable. El contratista quería dejar de tomar uno de los cinco medicamentos por prescripción facultativa que estaba recibiendo porque “estaba afectando su inteligencia y su equilibrio”.

Gross añadió “que se había caído y también había perdido el conocimiento, y que tenía que pararse despacio cada vez que se sentaba”, agregó el despacho. “Ha perdido 30 libras observó que le habían dado de comer lechuga y frutas frescas, y bromeó que la buena salud parecía ser un concepto importante para la cárcel”. Once meses después, su esposa reportó que él había perdido 90 libras.

Los oficiales de la seguridad cubana no lo habían sometido a abusos físicos y lo estaban tratando “con respeto”, aunque sus interrogatorios habían sido “muy intensos en un inicio” y habían durado un promedio de dos horas al día, dijo Gross a Melzow.

Su celda contaba con un televisor y un ventilador, pero “expresó preocupación sobre tener que compartirla con otros dos hombres”, señaló el cable, sin dar más detalles.

Gross reportó además que el día de la visita de la cónsul general había sido la primera vez “que le habían permitido usar un cinturón y cordones en los zapatos”, añadió el cable. Esas restricciones aparentemente parte de las precauciones en las cárceles cubanas contra los intentos de suicidio.

Subrayando la delicada naturaleza de su caso, Gross dijo a la cónsul estadounidense que las autoridades cubanas le habían permitido telefonear a su esposa Judy el 6 de diciembre -sólo tres días después de su arresto- y otra vez el 23 de diciembre. A los detenidos en Villa Marista rara vez se les permite llamar a sus familias.

Al decirle que su familia había contratado a un abogado estadounidense para que lo representara, Gross “sacó la tarjeta de negocios de una abogada cubana que había venido a visitarlo”, señaló el cable. Los detenidos en Villa Marista pueden permanecer allí meses antes de ver a un abogado.

El cable identificó a la abogada como Armanda Nuria Piñero Sierra, quien representa además a las familias de cinco espías cubanos presos en cárceles estadounidenses. Piñero Sierra fue contratada más tarde como su abogada y se ocupó de su juicio y apelaciones.

El arresto de Gross suscitó casi de inmediato especulaciones de que Cuba quería canjear a Gross por los cinco, condenados en el 2001 por cargos de conspiración para cometer espionaje contra instalaciones militares de EEUU.

El gobierno cubano alega que los cinco estaban en el sur de la Florida para monitorear a los “terroristas” del exilio, y ha mantenido por largo tiempo una campaña internacional presentándolos como “héroes” y exigiendo su liberación.

Gross estaba aparentemente al tanto de la posibilidad de un canje cuando se reunió con la cónsul general (CG). Le preguntó “si su caso podría ser comparado de algún modo con el de los Cinco de Cuba. La CG no respondió”, agregó el cable.

Gross -o quizá la persona que escribió el despacho- fue mucho más discreto acerca de su trabajo en Cuba por USAID. No está claro a partir de los cables lo que sabían los diplomáticos de EEUU sobre las actividades de Gross antes de su arresto.

“Cuando la CG le preguntó de qué se le acusaba, Gross dijo ‘contrabando’ sin hacer más aclaraciones”, reportó el despacho.

Gross dijo además a Melzow que cualquiera que buscara su nombre en internet podría enterarse de sus 30 años de carrera en el campo del desarrollo. Agregó que “funcionarios del GOC (gobierno de Cuba) lo ‘sabían todo’ antes de que él fuera arrestado”, señaló el cable.

No quedó claro si él se refería a su experiencia o a su misión para USAID en Cuba. Algunas de estas misiones se mantienen semisecretas con la esperanza de burlar los esfuerzos del régimen cubano por bloquearlas, pero después de su arresto La Habana transmitió varios programas de televisión mostrando que sus espías habían penetrado algunos de los programas de USAID.

Gross también “quería saber si la CG conocía sobre sus actividades. Ella le dijo que no”, señaló el cable. Preguntó además “si había otros estadounidenses en la misma situación, por ejemplo, otros Amcits (ciudadanos americanos) entrando a Cuba por el mismo tipo de programa por el que él había sido detenido”.

El cable reportó que Melzow no había respondido, y no ha habido reportes de otros contratistas de USAID detenidos en Cuba.

El cable añadió que Gross “quería que su nombre no saliera en la prensa” y que sus efectos personales en el momento de su arresto incluían un “decodificador de contraseñas de CityBank(sic)”, pero no explicó su uso. Expertos en computadoras consultados por El Nuevo Herald dijeron que no tenían idea de qué podría ser.

Los cables de WikiLeaks, cuya clasificación no pasa de “secretos”, especulan muy poco sobre por qué la policía arrestó a Gross, y nada sobre los demás contratistas de USAID identificados en los programas de televisión de La Habana.

Es posible que Cuba haya querido presionar a Washington para que detenga los programas de USAID, señaló uno de los cable. Otro insinuó la posibilidad de que el ex gobernante Fidel Castro ordenó el arresto para demostrar que todavía tiene poder sobre el país.

Pero los cables enviados por la Sección de Intereses de EEUU en La Habana muestran que el arresto de Gross el 3 de diciembre del 2009 ocurrió en medio de un aumento de las tensiones entre ambos países.

Un cable fechado el 14 de diciembre reportó que funcionarios de La Habana se habían quejado días antes a los diplomáticos estadounidenses de que el Servicio Guardacostas de Estados Unidos había violado las aguas territoriales cubanas mientras ayudaba a un barco estadounidense a la deriva.

El cable agregó que Cuba se había quejado asimismo de que los diplomáticos de EEUU habían participado en actividades disidentes el Día de los Derechos Humanos, entre el 9 y el 10 de diciembre. La misión de EEUU respondió que sus diplomáticos sólo habían observado los eventos.

El agente de seguridad de la misión reportó además “un aumento reciente en la supuesta vigilancia a funcionarios de la USINT”, añadió el cable, y “se aconsejó al personal que tuviera cuidado y considerara a fondo la posibilidad de que una actividad planeada podría ser malinterpretada a propósito por el GOC”.

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