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Artistas colombianos festejan nueva era en Miami

A dos días de conmemorarse el bicentenario de su independencia, los colombianos no sólo evocan el grito de libertad que dieron sus próceres hace 200 años, sino que también festejan el comienzo de una nueva era: una época en la que la desafortunada imagen del narcotráfico ha sido desplazada por el talento de sus artistas, quienes han roto las barreras de la ignorancia para dar a conocer un país hermoso, ese que con música celebra la libertad.

Hace 17 años, mientras los productos de exportación más importantes de Colombia eran el petróleo, el café y las flores, un jovencito despeinado, de blue jeans rotos y camisa a cuadros, llamado Carlos Vives, le apostó también a vender su música fuera del país, y poner a todo el mundo a bailar al ritmo de la Gota Fría, un clásico de la música vallenata compuesto por el maestro Emiliano Zuleta.

Hasta ese momento, pocos en el mundo sabían del pegajoso ritmo que se producía al reunir un acordeón, una caja y una guitarra, en una canción. Hasta que Vives, con un carisma que desbordaba de los escenarios, cruzó las fronteras de su natal Colombia llevando consigo una maleta cargada de buena música y alegría.

Mientras sostenía en una mano la bandera tricolor y en la otra el micrófono, el artista luchaba también por limpiar esa mancha que dejaba una larga época de violencia, producida por el nefasto negocio de las drogas. Fusionando la cumbia y el rock con el vallenato, para imponerle un aire más internacional y original, Vives logró darle al colombiano una nueva connotación, la de talentoso y creativo, y además abrir una puerta gigantesca a todo el talento que venía detrás suyo.

Por supuesto, el folclore de sus paisanos no se hizo esperar y, en infinidad de formas, ritmos y géneros, comenzó a cruzar por esa misma puerta, con propuestas frescas que salpicaban al mercado de la música latina; bandas como los Aterciopelados, o artistas como Andrés Cepeda, Diomedes Díaz, Cabas, y por supuesto, los propios Juanes y Shakira, han correspondido a la herencia que dejaron, no solamente Vives, sino todos los músicos que intentaron desde mucho antes dar a conocer la cultura de su país.

Les siguieron artistas como Fonseca, Fanny Lu, Jorge Villamizar, Carolina la O, Jorge Celedón y bandas como Doctor Krapula o Sanalejo, quienes echando mano de sus raíces culturales, han fusionado ritmos como la cumbia, la salsa y hasta el mismo vallenato, con los sonidos del ska, el pop, el reggae y el rock, entre otros.

Hoy en día, cuando la puerta es cada vez más grande, y la expectativa del público por saber quien viene detrás es cada vez mayor, músicos de todas las regiones de Colombia siguen tejiendo la bandera con sus propias manos, para ondearla en escenarios internacionales y seguir representando la riqueza musical de su patria con orgullo.

Teniendo a Miami como una especie de centro de operaciones, el músico colombiano recién llegado sorprende a productores, arreglistas y manejadores por su entrega, su pasión y su disposición. Jóvenes músicos que quieren incursionar en géneros como el reggaetón, o el pop llegan dispuestos a comerse al mundo a punta de talento, y a poner en la mesa proyectos interesantes que se destacan dentro del saturado listado de cantantes.

Tati, Fainal, Vicky Echeverry, Marre, Juliana Barros, Alicastro, Inés Gaviria, o J Balvin, o bandas como Marroko, Sin Animo de lucro, Don Tetto, o Tres de Corazón, son sólo algunos de los nombres que conforman lo que podría llamarse una tercera generación de músicos colombianos que triunfan en el exterior. Su talante, su energía y lo que ellos mismos llamarían en buen colombiano "berraquera’’, han sido su carta de presentación más importante, ante un público exigente, que tiene bastantes opciones en el menú.

"En nuestros corazones tenemos un montón de sentimientos revueltos; hemos vivido cosas difíciles, también cosas maravillosas, pero todo eso lo hemos aprendido a convertir en arte’’, asegura el cantante Alicastro en declaraciones a El Nuevo Herald.

"Cuando llegué a Estados Unidos, tanto los productores y las emisoras, como el público, le abrieron las puertas a mi música, y me dieron una oportunidad, por eso estoy agradecida con el alma. Miami ha sido una gran plataforma para mí y para otros artistas’’ anota la cantante Tati, otra de las artistas colombianas que reside en Miami.

Mientras tanto, Juliana Barros, otra de las cantantes de esta generación, confiesa que ese "yo no sé qué’’ que caracteriza a los artistas de su país, es precisamente la alegría, la honestidad y la dulzura y que "esas son cualidades que abren caminos’’.

Egresados de escuelas de música y conservatorios, consagrados a uno o varios instrumentos, compositores, cantautores y hasta bailarines: así son estos artistas que han salpicado de ese "no sé qué’' a los listados, las emisoras, los canales de TV y los escenarios y han demostrado que su versatilidad y su originalidad son los ingredientes necesarios para alcanzar el éxito.

Por eso, a la iconografía colombiana encabezada por la imagen de Juan Valdés y su burro cargado de café, ahora se suma la de ese talentoso músico que sale de su país con una maleta llena de esperanza a buscar el reconocimiento internacional. Ese mismo artista que cantando ha contribuido a que 200 años después, Colombia pueda dar un nuevo grito de independencia musical.

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