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Reiteran sentencia en el caso del 'bebé lollipops'

Casi veinte años después de haber sido enviada por primera en capilla ardiente por haber torturado y asesinado a su pequeño hijo conocido como Baby Lollipops, Ana María Cardona es, de nuevo, una asesina convicta.

Los jurados de Miami-Dade, en su segundo juicio, encontraron el viernes a Cardona culpable de asesinato en primer grado y abuso infantil con agravantes.

Su primera convicción fue rescindida.

A diferencia del juicio de 1992, cuando explotó colérica tras el veredicto, esta vez Cardona no mostró emoción. Hizo una mueca, miró hacia abajo y apretó la mano de su abogado.

Cardona afronta nuevamente la ejecución. La parte de pena de muerte de su juicio empezará el 30 de agosto frente al juez de Circuito de Miami-Dade Reemberto Díaz.

Con la convicción, los jurados rechazaron el intento de la defensa de responsabilizar por el asesinato a una muchacha de Miami Beach de 14 años, mentalmente retardada, que había confesado haber lanzado la criatura contra la pared. Rápidamente se retractó, sin embargo, y mantuvo su inocencia durante el testimonio en el juicio.

El niño, Lázaro Figueroa, de 3 años, sumamente golpeado y con sólo 18 libras, fue descubierto muerto en unos matorrales frente a una casa de Miami Beach en noviembre de 1990. Fue bautizado Baby Lollipops por el diseño de su pulóver.

Cardona, en una declaración jurada de la época, admitió haber dejado a Lázaro en los matorrales pero dijo que estaba vivo y simplemente herido tras haberse dado en la cabeza durante una caída. Con una combinación de pruebas médicas y testigos circunstanciales, los fiscales echaron abajo la historia de Cardona.

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