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Más ancianos necesitan de cuidados familiares

María Teresa Toro tiene que cumplir sus deberes de madre las 24 horas. Cuando no tiene que llevar a su hijo de 13 años a la escuela o a jugar pelota, se ocupa de su madre de 77 años, que padece de Alzheimer.

Aunque Rina Rodríguez no sepa el día o la hora que vive, Toro, de 51 años, la saluda todas las mañanas con la misma alegría. "¿Cómo me llamo, mami?", le dice dulcemente. ‘‘¿Quién soy?"

La vida de Toro ha cerrado un ciclo: ahora es la madre de su madre. Y está muy lejos de ser la única. A medida que más personas llegan a la edad mediana, miles tendrán que equilibrar las exigencias de las generaciones en ambos extremos: sus padres y sus hijos. El sur de la Florida, con su numerosa población de ancianos y de familias hispanas de varias generaciones, probablemente estará en el epicentro de la explosión de servicios a estas personas a futuro.

Hay alrededor de 66 millones de personas que cuidan a sus padres, su cónyuge o sus hijos. Muchos nacieron en la explosión demográfica de la Segunda Guerra Mundial y ahora tienen que ocuparse de un familiar anciano. Ahora que la Oficina del Censo pronostica que el aumento en la cantidad de personas en el segmento de 65 años o más será mayor que el resto de la población --en la Florida podría constituir casi 60 por ciento en las próximas dos décadas-- se espera que la cantidad de personas que necesiten cuidados aumente astronómicamente.

El cuidador promedio tiene 53.6 años, es una mujer casada que trabaja en la calle y cuida a su madre o a su suegra de 79 años, según un estudio ordenado en el 2009 por la Alianza Nacional de Cuidadores y la Asociación de Retirados de Estados Unidos (AARP). El 22 por ciento de esas personas todavía tienen en casa a hijos menores de edad.

"Si usted tiene 65 años ahora, tiene una probabilidad de dos terceras partes de que necesitará asistencia en por lo menos una actividad diaria como bañarse o comer cuando lleguen los años finales de su vida'', indicó Elinor Ginzler, vicepresidenta de Estrategias de Comunidades de la AARP. "Es probable que todos seamos parte de ese proceso de cuidar o que nos cuiden en algún momento''.

En la realidad, eso significa que la mayoría de los nacidos en el auge demográfico de posguerra se tendrá que ocupa de por lo menos un familiar anciano. Este tipo de cuidados familiares informales es común desde hace mucho tiempo en las comunidades hispana y afroamericana.

"En Miami hay muchos servicios de cuidado de este tipo debido a la envergadura de la comunidad hispana'', comentó Max Rothman, presidente de Alliance for Aging, una organización sin ánimos de lucro. "No tenemos cifras exactas, pero sabemos de forma anecdótica de muchos padres ancianos que viven con sus hijos o muy cerca de ellos. Ese tipo de cosas [en el sur de la Florida] siempre ha sido diferente a otras partes del país''.

A medida que más de sus padres necesitan asistencia para sus necesidades diarias, los llamados boomers también tendrán que redefinir la manera en que ofrecen esa asistencia. ‘‘Es muy probable que dediquen un mayor esfuerzo a cuidarlos'', añade Rothman. "Tienen un mayor nivel académico [que generaciones anteriores] y más acceso a información en internet. Eso significa que harán más preguntas''.

Ya han comenzado a crearse empresas para satisfacer las necesidades de cuidados de estas personas. La AARP ha creado un proyecto de cuidado a largo plazo para ofrecer recursos a las mujeres. En el sur de la Florida, algunas entidades de servicios médicos reportan un aumento de la demanda y muchos profesionales de la salud comienzan a dedicarse a administrar esos servicios.

SeniorityMatters.com, una página de internet recién creada, tiene por fin llegar a ese sector. Entre los servicios que ofrece están encontrar cuidadores, investigarlos y coordinar los servicios.

Sin embargo, los expertos dicen que pocos boomers están preparados para ese papel debido a una combinación de cambios demográficos: las mujeres están trabajando, las familias están más dispersas geográficamente y la gente que padece enfermedades crónicas viven más años. La crisis económica ha empeorado la situación a medida que se reducen los ahorros de los hijos y sus padres y abuelos viven más tiempo del que cubren sus propios ahorros.

Los cuidados más informales los ofrecen los familiares, generalmente las hijas, incluso si viven lejos. Linda Murillo, de 53 años y vecina del sur de Dade, ayuda a cuidar a sus padres, Gil y Miriam Clough, ambos de 83 años, cuando pasan los inviernos en Boynton Beach. Su hermana asume ese deber cuando la pareja regresa en el verano a Nueva York.

Como sus padres son muy independientes, Murillo tiene que tener tacto y equilibrar su deber de velar por ellos con la necesidad de privacidad y control del matrimonio anciano. Cuando Murillo los visita, "les deja como quien no quiere las cosas un guisado'' en el congelador porque le preocupa que coman bien.

"Ellos no quieren ser una carga para nosotros porque ven que estamos ocupados con nuestros hijos, pero nos preocupamos de todos modos'', comentó.

Tradicionalmente, las mujeres se han encargado de estos cuidados, pero cada vez hay más hombres aventurándose en este terreno.

Christopher Dreeson, de 49 años, maestro de idiomas de la escuela Ransom Everglades, se hizo cargo de su madre, Anne, cuando se enfermó de cáncer del pulmón en septiembre del 2004. En noviembre de ese año, después de hablar de la situación con su esposa, se instaló en la habitación donde creció en la casa de Miami Springs.

"Yo estaba haciendo por mi madre cosas que ella hizo por mí cuando niño'', recuerda. ‘‘Era un trabajo permanente y muy difícil, pero yo quería hacerme responsable. Quería ser un buen hijo''.

A medida que la salud de su madre empeoraba, Dreeson tuvo que pedir asistencia. Contrató a dos asistentes para la cuidaran durante el último mes de su vida. Pero la experiencia --y la lección que enseñó a sus dos hijos-- no tuvo precio.

"Yo no habría cambiado esos últimos dos o tres meses por nada del mundo'', señaló. ‘‘Fue una de las experiencias más tiernas y amorosas que he tenido. Nos sentimos unidos como nunca antes''.

En muchos sentidos, Dreeson y Toro son afortunados. Sus padres contaban con recursos, y ellos, a su vez, tuvieron tiempo que dedicarse a cuidarlos. Los colegas de Dreeson lo sustituyeron en las clases. Toro, que cuidó a su suegra durante siete años, no trabaja fuera de su casa.

La casa de Toro, en las afueras de South Miami, es también lo bastante espaciosa para acomodar a su madre, que se mudó con ella hace alrededor de un año. Toro cuenta con ayuda --de sus dos hermanos y sus esposas, y de un asistente pagado-- pero la mayor parte del trabajo recae sobre sus hombros.

Sus días son largos, salpicados de momentos inusuales: la señora se mete servilletas en la boca, recita el alfabeto en inglés, aprende a cepillarse los dientes. Toro confiesa que no piensa en qué sucederá cuando su madre empeore, o si se pone agresiva, como ocurre en algunos pacientes de Alzheimer.

"Uno toma las cosas día a día y los ayuda lo mejor que puede'', explicó Toro. "Yo la cuido como ella me cuidó a mí''.

Ese sentido de deber y amor filial encuentra eco entre otros cuidadores. Tonya Oliver, de 49 años, trajo a vivir a su padre Jeffe Graves desde Virginia a su casa de Miramar después que su madre falleció en 1998. Aunque era independiente física y financieramente, "iba a estar solo y yo no quería que fuera así. Mientras me quede un aliento de vida mi padre no irá nunca a un asilo''.

Tres años atrás, el padre sufrió una embolia y luego lo operaron de corazón abierto. Durante meses tuvo la hija tuvo que aumentar el nivel de cuidados. Aunque su padre se ha recuperado, ella nunca tuvo duda alguna de lo que estaba haciendo.

"Le da a una una sensación de satisfacción cuidar a alguien que la cuidó a una, y así no hay que preocuparte de si alguien los maltrata o no comen bien''.

Una hermana mayor que sufre de lupus vino a vivir con ella para ayudarla. Cuando Oliver, madre soltera de dos hijos ya crecidos, se va al trabajo, la otra hija cuida a Graves.

"No puedo imaginarme hacer las cosas de otra manera'', agregó. "Así nos criaron''.

Sin embargo, la carga de cuidar a un familiar puede ser pesada y no todos tienen la familia o los recursos financieros de Oliver.

"Incluso en las mejores condiciones puede ser estresante'', afirmó Carolyn Rosenblatt, enfermera y abogada, que escribió el libro The Boomer's Guide to Aging Parents. "Los días son cargados. Están abrumados y frustrados, y encima de eso está el aspecto emocional de ver deteriorarse a un padre o una madre que uno quiere''.

Equilibrar estas cosas es particularmente difícil para los que trabajan, y el 80 por ciento de los cuidadores trabajan. Alina Artamendi, de 52 años y con tres hijos crecidos, trabaja de asistente jurídica a tiempo completo, pero además cuida de su madre de 78 años, Isaura García, que padece del mal de Parkinson. El seguro a largo plazo de García y sus ahorros cubre la atención constante que necesita, pero Artamendi tiene que correr todo el tiempo para asegurar que su madre tiene lo necesario a la mano. Y cuando hay una crisis --una emergencia médica o un asistente que se enferma-- los planes mejor concebidos se desbaratan.

En abril García fue hospitalizada y Artamendi se quedó a dormir en la habitación de su madre más de una semana, lo que le impidió ir al trabajo. Luego tuvo que investigar asilos de ancianos y centros de rehabilitación, convencer a su madre para que pasara varias semanas en uno y luego preparar la casa de su madre para el regreso.

"Son muchas cosas, muchos detalles. A veces me he acostado temblando de tanto estrés'', dijo.

Aunque el costo de su bolsillo para los cuidadores informales alcanza un promedio de entre $2,000 y $3,000 al año, otros gastos a largo plazo son mucho mayores, según John Migliaccio, director de investigaciones del Instituto MetLife Mature Market. Varios estudios han mostrado que la mayoría de los cuidadores tienen que dejar de trabajar de vez en cuando. La pérdida de sueldo y beneficios de varios años cuidando a otros asciende a $686,000.

"Eso afecta a la mayoría de las mujeres que, además, tienden a ganar menos y a vivir más tiempo, así que tienen que estirar sus ahorros al máximo'', agrega Migliaccio.

Pero ni eso disuade a Artamendi y a muchos otros. "Voy a hacer lo que haga falta. . . Ella me cuidó a mí. Ahora yo la cuido a ella''.

¿Cuidará la próxima generación a sus padres cuando lo necesiten? Esa es una pregunta fuertemente debatida por especialistas en geriatría que señalan que los boomers son un enorme fenómeno demográfico, pero que el número de sus hijos --los cuidadores potenciales-- es menor. Y por si fuera poco, hay una gran escasez de personal calificado en este sector, casi 6 millones, según Migliaccio, del Instituto MetLife Mature Market.

Rosenblatt, la enfermera y abogada, dice que ahora es el momento en los boomers piensen en lo impensable: están envejeciendo, necesitarán asistencia y dinero para pagarla.

"Tenemos la esperanza de que los boomers estén aprendiendo de su propia experiencia con sus padres'', dice. "Pero sigo viendo a muchísima gente que no quiere pensar en lo que va a necesitar dentro de unos años''.

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