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Sentido adiós a joven asesinada por esposo en Hialeah

Una foto de Liazán Molina --con la mirada serena, mejillas pecosas, ojos brillantes y medio sonriente-- recibía a los dolientes cuando se acercaban al ataúd el sábado por la tarde.

Docenas de personas se reunieron en silencio en la Funeraria Hialeah Memorial para despedir a Molina, de 24 años, asesinada por su esposo, del que estaba separada, en una masacre la semana pasada en Hialeah. Muchos eran compañeros del trabajo anterior de Molina en Ross, antes que tratara de dejar a su esposo y trabajar en el restaurante Yoyito.

"Siempre fue una persona dulce y trabajadora'', comentó Francisco Ramos, de 59 años, guardia de seguridad que trabajó con Molina en el Ross de Coral Way.

En la tienda minorista, Molina ascendió de cajera a supervisora y con frecuencia almorzaba espaguetis, su plato favorito. Sus compañeros de trabajo recordaron a Molina como una persona alegre y nada mandona.

"Es como si fuera mi hija'', amplió Ramos con una foto de Molina en la mano, donde aparece con dos docenas de compañeros de trabajo de Ross. En la imagen todos vestían el uniforme azul, excepto Molina, que estaba arrodillada en el centro.

"Ironías de la vida'', dijo Ramos de la foto.

El funeral de Molina fue la última oportunidad para decir adiós en Hialeah a las cuatro mujeres asesinadas el domingo pasado en el Café-Restaurante Yoyito, en 495 E. 49 St.

Media docena de coronas rodeaban el ataúd donde Molina descansaba con un rosario en las manos. Una corona de flores rosadas y blancas decía: "Con cariño a Liazán de la familia Yoyito''.

Eduardo Rodríguez, uno de los dueños del restaurante, dijo que planeaban contratar a Molina después de probarla como mesera. En sus primeros dos día pidió consejo constantemente para aprender rápido.

"Esa muchacha trabajó duro el domingo y puso mucho interés'', afirmó Rodríguez.

Molina acababa de comenzar a trabajar en Yoyito en un intento por dejar a su esposo, Gerardo Regalado, de 38 años, y de regresar a Cuba.

"Es algo increíble. Ese hombre estaba loco, obsesionado'', señaló Ernesto Del Monte, cliente regular de Yoyito.

Ahora la familia de Molina desea repatriar sus restos, lo que por lo general cuesta miles de dólares.

En mayo Molina renunció a su empleo en Ross y quería desesperadamente regresar a Cuba.

"Quería vivir con su familia porque no tenía a nadie aquí'', dijo Ramos.

Cuando Regalado entró al restaurante con una pistola calibre .45 descargó su ira sobre Molina, la primera a quien le disparó.

Pero también mató a tres empleadas e hirió a otras tres. Una de las fallecidas fue Yasmine Domínguez, de 38 años, prima de Molina, quien enfrentó a Regalado frente al restaurante.

Las familias de las víctimas pueden recibir un máximo de $25,000 para el funeral, costos médicos y terapia para los sobrevivientes de manos del estado de la Florida.

La mayor de tres hijas, Molina había estudiado para maestra. Abandonó los estudios después de conocer a Regalado, que era vecino. Lo siguió a Estados Unidos y se casaron en el 2007.

Rodríguez dijo que el restaurante Yoyito trataba de regresar a la normalidad.

"Tenemos que aprender a vivir con el dolor'', declaró.

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