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Los "concos'' conservan las tradiciones cubanas en Cayo Hueso

A 90 millas de Cuba y a poco más de 165 de Miami, Key West es uno de los lugares más visitados por los cubanos que llegan de todo el mundo, en peregrinación, a The Southernmost Point, donde un marcador indica el punto más al sur de Estados Unidos y a la vez el más cercano a la isla. Como cualquier fin de semana, el sábado la fila de personas que esperaban para fotografiarse en el modesto monumento se extendía por lo menos una cuadra.

"¡Te imaginas un concierto de Willy Chirino en esta esquina, en un weekend! Se le van a salir las lágrimas a la gente. Te aseguro que él va a estremecer este pueblo'', comentó Abel Noya, que atiende diariamente un puesto de granizado ubicado frente al famoso punto, y que en ese momento sirve a una familia de Palma Soriano, residente en Tampa, que viene al punto por primera vez para "estar cerca de nuestro país y tomarnos fotos'', según Caridad Batista.

Noya, que arribó a Estados Unidos por el puente marítimo Mariel-Cayo Hueso en 1980, cuando tenía 6 años, comparte el sueño de organizar el concierto de Chirino y el negocio de granizado con un amigo, Edward Roberts, hijo y nieto de norteamericanos que ayudaron a construir el ferrocarril y de una cubana que llegó de Cuba en 1955.

Hoy la presencia cubana en Cayo Hueso no es tan determinante como en la segunda mitad del siglo XIX. Entonces, como obreros o propietarios de muchas de las 200 fábricas de tabaco que constituían el renglón principal de la economía local, los emigrados llegados a raíz de la Guerra de los Diez Años (1868-1878), fundaron además una sociedad modelo que aspiraba a ser como la Cuba que soñaban crear después de la independencia de España. Sin embargo, el aroma de café, que se vende en numerosos establecimiento como El Mesón de Pepe, Ana's Cuban Cafe o Jose's Cantina, y del tabaco que se tuerce a mano a la orilla de las aceras se puede sentir en todas las esquinas de la ciudad.

El auge de restaurantes y negocios que conservan las tradiciones cubanas se debe en parte a los "concos'', los descendientes de esos cubanos que llegaron hace más de un siglo o de las sucesivas oleadas de exiliados que han arribado desde principio de los años 60 a Cayo Hueso.

"Algunos de los primeros habitantes de Cayo Hueso, que vinieron de las Bahamas, se llamaban a sí mismos conchs, por el caracol cobo [abundante en los cayos] y el ‘cayohuesano' de origen cubano se denomina a sí mismo ‘conco' '', explicó Alejandro Pascual, que se mudó de Nueva Jersey a Cayo Hueso hace cuatro años buscando recuperar ‘‘las palmeras, las arecas, los crotos, el olor del mar y las bicicletas que recorren las calles y que me recuerdan a mi Cárdenas natal [en Matanzas, Cuba]''.

"Aquí le llamamos ‘buchi' '' al café'', informó Pascual mientras tomaba una tacita en Sandy's Cafe, sobre la pronunciación de la palabra "buche'' en Cayo Hueso.

Los fines de semana Pascual trabaja como voluntario en el Instituto San Carlos, un edificio de arquitectura tradicional cubana en la principal arteria de la ciudad, la calle Duval, que se ha establecido como otra parada obligada para quienes buscan las raíces cubanas en Cayo Hueso.

"Es muy emocionante ver los comentarios que dejan en el libro de visita. Las personas se fotografían frente al mural de Carlos Manuel de Céspedes o a veces esperan para tocar la punta del zapato de la estatua de [José] Martí, que algunos creen les da buena suerte'', contó Pascual.

Fundado en 1871 por los tabaqueros como una institución cívica, patriótica y educacional, el San Carlos acogió a Martí como orador en varias reuniones para gestar la independencia de la isla. También fue fundamental la labor de otros líderes de la comunidad como Francisco Lamadrid, Fernando Figueredo y José Dolores Poyo. Este último fue elogiado por Martí, quien le dijo que, en términos de organización de la lucha independentista, "allí casi todo estaba hecho''.

El actual edificio del San Carlos, construido en 1920 con un financiamiento de $80,000 por el gobierno de la República de Cuba que entonces fungía como fideicomisario, fue abandonado más tarde por el gobierno revolucionario de Castro. En los años 70, se convirtió en refugio de los vagabundos de la ciudad, que utilizaron los documentos históricos para hacer hogueras. En la década de los 80 fue objeto de una restauración que culminó con su reapertura el 3 de enero de 1992, 100 años después de que Martí entrara al San Carlos por primera vez.

"La restauración ha servido para sacar las raíces de la cubanía presentes en Cayo Hueso. Aquí se celebran continuamente actos en los que participa la comunidad'', dijo el abogado Rafael A. Peñalver, presidente de la junta directiva del San Carlos y artífice de su restauración desde que, en 1985, cuando era presidente de la Comisión Hispana de la Florida, un grupo de exiliados se le acercó para alertarlo sobre la necesidad de salvar el edificio.

"En aquel momento, en sólo 15 minutos, tuve un sueño de lo que podía ser el San Carlos, un lugar para preservar nuestra historia y para que las nuevas generaciones conozcan sus raíces'', añadió Peñalver, que en el resurgimiento del San Carlos ve un mensaje sobre lo que puede ser el futuro de la isla.

"Cuba ha tenido muchas dificultades y tropiezos, pero igual que el San Carlos, volverá a renacer'', afirmó el abogado. "Nuestro sueño es entregarle el San Carlos a una república de Cuba libre, para que el país vuelva a ejercer como fideicomisario''.

El bombero retirado Alex Vega, nacido en Cayo Hueso de una familia de tabaqueros cubanos, asistió en la década de 1950 a la escuela bilingüe que funcionaba en el San Carlos. Allí aprendió el español que perfeccionó con su abuela, quien sólo hablaba este idioma.

"Al entrar a su casa, tenías que hablar español, si querías comer algo'', dijo Vega, que recuerda cuando su abuela le señaló a Fidel Castro, quien en su visita al Cayo en 1955 "fue puerta por puerta tratando de obtener ayuda'' [en la lucha contra el gobierno de Fulgencio Batista].

Como bombero, Vega prestó primeros auxilios a los refugiados que llegaban a Cayo Hueso cuando la flotilla del Mariel y también les sirvió de intérprete. Hoy está a punto de inaugurar un museo sobre la vida de los bomberos en la Estación No. 3, un edificio de ladrillos de 1907, ubicado en el Barrio de Pinos.

"La mayoría de los bomberos de este cuartel eran cubanos porque también lo eran los residentes del barrio'', contó Vega, añadiendo que en los años 1940 hubo un intercambio entre bomberos de Cuba y de Cayo Hueso. "Asaron un lechón en el patio de lo que hoy es el museo'', contó, mostrando algunos objetos históricos de ese encuentro.

Otro vecindario típicamente cubano era Gatoville, constituido por las modestas viviendas de los obreros de la fábrica de Eduardo Hidalgo-Gato, uno de los empresarios más importantes de la industria del tabaco a finales del siglo XIX y principios del XX. En el 2008, una de las descendientes de la familia Gato, Patricia Gato Madiedo, ayudó a establecer un parque, Gato Village Pocket Park, en la calle Louisa, en el terreno donde estuvo la casa de su abuelo, Fernando Gato.

"Cuando veo a alguien con un tabaco y respiro este olor, recuerdo a mi abuelo, que desde niña me enseñó a hablar español y a leer [la revista] Bohemia, que le llegaba de Cuba'', contó Gato Madiedo, quien junto a su esposo, Bruce Neff, incluyó en el parque una réplica de la casita de sus abuelos y una escultura de 12 pies de un tabaco, con una tarja que vincula a la familia Gato con Arturo Fuente.

Fuente, que más tarde fundó una de las marcas de tabaco más famosas del mundo --hoy con fábricas en República Dominicana--, fue empalillador en la fábrica de Gato, donde también laboraba el abuelo de Gato Madiedo.

Una de las figuras más destacadas de la comunidad "conca'' fue Mario Sánchez (1908-1925), que con sus tallas en madera pintada (intaglios) reconstruyó la vida de Gatoville y otras escenas cotidianas de Cayo Hueso.

"Mario era muy amable, tenía un gran sentido del humor que se aprecia en su obra'', comentó Tom Favelli, amigo de Sánchez y propietario de la compañía Key West--Havana Cigar Co., ubicada junto al terreno donde trabajaba Sánchez, quien usaba como apoyo la base de una máquina de coser.

Esta se halla, con parte de la colección del artista, en el Museo de Arte e Historia de Key West, ubicado en el antiguo edificio de la Aduana. A unos pasos, en la plaza más importante de la ciudad, Mallory Square, se encuentra El Mesón de Pepe, propiedad de Fred Salinero, "conco'', y de Pepe Díaz, "que peleó en la montaña con Castro y después contra Castro'', contó Salinero, cuyos abuelos, nacidos en Guanabacoa, llegaron a Cayo Hueso en 1895.

"Siempre digo que soy cubano por sangre y americano por nacimiento', comentó Salinero, quien desde hace hace 11 años organiza el Cuban American Heritage Festival, que se celebra el fin de semana del 28 al 30 de mayo con torneos de dominó, comida cubana y una conga que sale a arrollar por la calle Duval.

De salida por la avenida Truman, un camión decorado con banderas de piratas, calaveras y una pequeña bandera cubana, llama la atención sobre el puesto de pescados y mariscos fritos de Armando Parra, conocido como "Mundy el Pirata''.

Este conco de quinta generación, que habla español como si hubiera nacido en el barrio habanero de Cayo Hueso, parece ser uno de los mejores cocineros del Cayo, según afirma un turista de Nueva Orleans. La tradición culinaria cubana sigue viva en la ciudad norteamericana más cercana a la isla.

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