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La Florida siente los primeros efectos del derrame

En todos sus años de pescador en Miami y en su natal Cuba, Alfredo Rosell nunca había sentido tanta incertidumbre.

"Depende de los vientos y las corrientes cuanto esta mancha nos afecte a nosotros'', aseguró Rosell, de 68 años, mientras contemplaba el río Miami. "Pero no tienes que ser científico para saber que no es bueno [. . .] Estamos temblando''.

Mientras los expertos sigan pronosticando que la contaminación por el derrame de crudo en el Golfo de México puede llegar hasta la costa atlántica de la Florida, aquellos que viven del mar --desde los pescadores hasta los capitanes de botes charter para turistas-- están preparándose para un golpe económico a nivel local.

Algunos dicen que ya sienten el impacto.

"Apenas nos avisaron del Golfo que subieron el precio de las ostras'' de $22 a $25 por caja, dijo Luis García, dueño de la pescadería y restaurante familiar del mismo nombre en La Pequeña Habana.

Por 22 años, su familia ha comprado ostras --que no se cosechan en Miami-- a un mismo negocio en el panhandle de la Florida, donde la pesca está prohibida desde el domingo.

"Prefiero comerciar con el mismo negocio que comerciaba mi papá'', continuó García. ‘‘Mientras siga el derrame, voy a tener que buscar el producto en otras partes: Boston, Nueva York, Charlotte'''.

Por una razón más política, García teme no poder comprar camarones del Golfo.

"La próxima mejor cosecha de camarones está en Venezuela, y yo no quiero comerciar con Venezuela. Prefiero comprar de Estados Unidos''.

Los administradores del negocio vecino coinciden con García.

Martha Longueira, administradora de Casablanca Seafood Bar and Grill, dijo que sus clientes esperan comprar pescado local de su negocio. Pero si la mancha entra a la corriente del Golfo es probable que contamine a la costa oeste de la Florida, los cayos y luego la región de Miami y Fort Lauderdale. Entonces, Longueira tendría que comprar en otros estados.

"Preferimos comprar localmente pero tenemos que abastecer a nuestros clientes'', explicó Longueira. "La gente se espanta si escuchan la palabra ‘contaminación' ''.

El derrame comenzó el 20 de abril, cuando estalló una plataforma petrolera en el Golfo cerca de Louisiana, derramando sin control 21,000 galones por día. El martes, los suaves vientos mantuvieron el crudo lejos de la corriente del Golfo. Las autoridades creen que la costa floridana seguirá a salvo por lo menos hasta el viernes.

La preocupación por las consecuencias económicas del desastre también alcanza a quienes dependen de la pesca turística.

"Obviamente es una industria importante'', declaró Bill Talbert, presidente del Buró de Visitantes y Convenciones del Gran Miami, y agregó que no tenía estadísticas sobre el impacto económico. "Vienen turistas todo el año que quieren salir a pescar [. . .] Tenemos algunos de los mejores torneos de pesca del mundo'''.

Los turistas --europeos, latinoamericanos y estadounidenses-- suelen llegar a marinas como la de Haulover Beach a alquilar botes charter para pescar por largas horas en el Atlántico.

Pero el martes, había poco movimiento en la marina, aparte de las piruetas de algunos pelícanos.

Por lo general, salen dos o tres botes al día de lunes a viernes. El martes por la mañana sólo había uno afuera, comentó Jorge Martín, de 53 años, capitán de Polly.

No sabía si culpar a la mancha.

"Este negocio ya está sufriendo por la economía'', afirmó Martín mientras se imaginaba lo peor charlando con otros capitanes. "Ahora con todo esta cosa de la mancha, sólo Dios sabe lo que nos puede pasar''.

"Si llega al Golfo, creo que vamos a perder mucho turismo aquí'', agregó.

Según Jay Cohen, capitán del bote Spellbound, la sola percepción de que el derrame pueda contaminar las aguas atlánticas de la Florida está disuadiendo a los turistas.

"No van a querer arriesgarse'', comentó Cohen. "Si hay esa percepción de que la mancha afectará nuestras playas, entonces la gente se irá con su dinero a otras partes, a Panamá, Costa Rica, México o Carolina del Norte''.

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