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Judíos latinoamericanos celebran la Pascua

Mientras preparaba los platos típicos de la Pascua Judía en su hogar de Aventura, Marlene Rosenberg pasó el domingo en el teléfono, comparando recetas con su madre, que vive en Caracas. Discutieron, pues cada una argumentó que sabía mejor la receta de sopa matzoball que cocinaba la abuela Raya.

"Es muy triste estar aquí porque nunca tienes a toda tu familia junta'', expresó Rosenberg, de 35 años, quien salió de Venezuela hace una década. "Pero aquí le estoy asegurando un futuro a mis hijos''.

Miles de judíos latinoamericanos en el sur de la Florida que festejan hoy la formación del pueblo de Israel en el Sinaí tras su emancipación de Egipto hace 3,300 años, lo hacen con sentimientos mezclados. Aunque han conseguido una mejor calidad de vida, extrañan la riqueza del ambiente sociocultural de las comunidades hebreas donde crecieron.

"En nuestros países, la comunidad judía es pequeña y vivimos dentro de ese globo; todo el mundo se conoce'', explicó Rosenberg. "Cuando llegas a Estados Unidos entras en una comunidad mucho más amplia y es muy difícil sentirse en comunidad. Llevas a tu hijo a una escuela pública, pero no conoces con quién está estudiando''.

Rosenberg se desempeña como directora de Hebraica, un departamento del Centro Comunitario Judío de Aventura. Su despacho coordina dos programas juveniles: la escuela de madrijim para formar líderes entre los alumnos de secundaria, y Macabi, un movimiento juvenil sionista.

"Uno trata de mantenerse trabajando en la comunidad para asegurar la continuidad de lo que teníamos allá'', comentó.

Algunas comunidades hebreas en América Latina --donde llegó a haber en su esplendor unos 415,000 judíos-- se han ido erosionando por distintas problemáticas internas. Algunas de las más notables son la argentina, donde los judíos han sido víctimas de ataques terroristas de fundamentalistas islámicos y, más recientemente, la venezolana, por problemas de seguridad y miedo ante la alianza de Hugo Chávez con el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, quien ha propuesto borrar a Israel del mapa.

Por su cultura hispana y sólida infraestructura judía, el sur de la Florida se ha convertido en una suerte de tierra prometida para los judíos latinoamericanos. No existen estadísticas oficiales, pero un estudio demográfico de la Federación Judía del Gran Miami concluyó que entre 1994 y el 2004, la población judeohispana en el Condado Miami-Dade aumentó en 80 por ciento.

En templos y organizaciones caritativas a lo largo del condado, los hispanos --que han traído de sus países una estructura comunitaria unida-- están ocupando cargos de dirigencia. De igual manera, han traído su cultura judeohispana.

En el caso de Pésaj o Passover, como se le dice a la Pascua, la práctica más común traída de América Latina es la lectura en español de la ceremonia religiosa conocida como séder, la narración del éxodo de Egipto.

Para muchos judeohispanos en la Florida oriundos de Cuba, Venezuela, Colombia y Argentina, el sentido de éxodo es doble, el de Egipto y el de su país de origen.

"Se puede trazar un común denominador'', opinó el rabino argentino Shlomo Halsband, de la congregación California Club, en North Miami Beach. "Huele como que hay un resurgimiento antisemita en América Latina. Hay un eje claro entre Chávez y Ahmadinejad que incluye a Kirchner, Lula y Morales''.

"Los judíos siempre salen en éxodo buscando la libertad de progresar espiritual y materialmente'', agregó Halsband, quien vivió en Venezuela.

El rabino Mario Rojzman, del templo Beth Torah, en Aventura, ha sido testigo del florecimiento de la comunidad judeohispana en los últimos años.

Por décadas, la congregación ha celebrado la Cena y Baile Anual para recaudar fondos. El año pasado, sin embargo, el nombre de la gala fue Noche Internacional, en la que había banderas latinoamericanas y estaciones de comida típica.

"Eso habla de la grandeza de los judíos norteamericanos para acogernos y de la facilidad del judío latino en adaptarse'', subrayó el rabino Rojzman, de origen argentino.

Esta será la primera vez que Marcelo Grinstein celebra el séder de Pésaj en Miami, junto a su esposa y tres hijos. Hace dos semanas, su primogénito, Jonathan, hizo el bar mitzva, la ceremonia en la que a los 13 años los varones judíos asumen la responsabilidad de sus acciones futuras.

Grinstein, de 40 años, es gerente de mercadeo de una empresa de equipos para oftalmología en Doral. Emigró de Buenos Aires en octubre del año pasado por problemas de seguridad.

"Uno aquí puede salir caminando con la kipá [la pequeña gorra ritual que usan los hombres] puesta sin problema'', reflexionó. "Allá hay que pensar dos veces si ponerse la kipá''.

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