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Una marcha por la libertad

La Marcha por la Libertad que se realiza esta tarde en la Calle Ocho envía un poderoso mensaje de apoyo a las Damas de Blanco. Es a la vez un llama-miento a la comunidad internacional para conde-nar el violento acoso del gobierno cubano contra un grupo pacífico de mujeres que sólo reclaman la libertad de sus esposos y familiares, encarcelados en la Prima-vera Negra del 2003 por disentir de la línea oficial.

La cantante cubanoamericana Gloria Estefan ha lan-zado la iniciativa en un momento propicio: desde todas partes del mundo se han levantado voces de rechazo al acoso y la violencia contra las Damas de Blanco, y tam-bién a las condiciones inhumanas del presidio en Cuba. Ayer, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, emitió una declaración en la que pide el fin de la repre-sión en Cuba, la liberación inmediata e incondicional de los presos políticos, y el respeto a los derechos básicos del pueblo.

La crueldad que es habitual en las prisiones en la isla no es nada nuevo; se remonta al mismo principio de la revolución de Castro, pero durante muchos años ha sido ignorada o subestimada por la opinión internacional a pesar de las numerosas denuncias. Ahora la muerte en huelga de hambre del disidente Orlando Zapata Tamayo ha desnudado el horror detrás de los gruesos muros de las cárceles, y la violencia de las turbas y de la policía contra las Damas de Blanco ha revelado una vez más la disposición del régimen cubano a ejercer la brutalidad. Personalidades extranjeras que simpatizaban o habían apoyado a la revolución de Castro se han manifestado públicamente en contra de la represión y han exigido la libertad de los presos políticos.

Eso es sencillamente lo que piden las Damas de Blanco desde hace años con sus marchas pacíficas y en silencio por las calles habaneras, y lo que pedirán hoy los participantes en el acto de la Calle Ocho. El clamor de libertad para los presos que se elevará hoy en Miami debe ser escuchado y repetido hasta que se abran las puertas de las cárceles.

--Andrés Hernández Alende

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