Nation & World

Domingo de carnaval en Miami

Decenas de miles de residentes locales y turistas venidos de diversas partes del país y del mundo, abarrotaron literalmente 16 cuadras de la Pequeña Habana, durante la edición número 35 del Festival de la Calle 8, la más grande celebración hispana de Estados Unidos.

A pesar de la enorme concentración de gentes, espectáculos, comida y expresiones culturales, el festival fue también un reflejo de la crisis económica, con menos kioskos y actividades, y ventas más bajas.

El punto más caliente de la fiesta callejera se concentró en la esquina de la calle 8 y la avenida 22, en donde el estruendo de espectáculos musicales provenientes de tres escenarios simultáneamente, sacudieron el ambiente incitando al baile masivo de miles de espectadores.

"Qué sabrosa es nuestra música latina'', dijo Angie Perdomo, de 17 años, que se balanceaba de un lado al otro junto a sus amigas al ritmo de reggaetón, frente a una tarima ubicada al lado del conocido nightclub Hoy como Ayer.

En otro escenario en el lado norte de la avenida 22, la sugestiva música de un grupo de merengue dominicano provocó una competencia espontánea entre adolescentes para mostrar quién podía bailar mejor.

Compitiendo con la mezcla de sonidos y ritmos latinos para llamar la atención de los transeúntes, los olores de los locales de comida mostraron la variedad cultural que ofreció el festival.

En una misma cuadra, el visitante podía encontrar una amplia muestra de la gastronomía latinoamericana e internacional, incluyendo arroz con pollo, lechón, carne asada, paella, pinchos, empanadas chilenas, salchichas italianas, churros, almojábanas y carabiñolas.

"La música, la comida, los precios, todo ha estado muy bien'', dijo Kim Patton, de 52 años, una residente de Miami que acudió el domingo por primera vez al festival. "Y me ha impresionado la cantidad de gente'', acotó Patton, que planea volver el próximo año a la celebración.

Sin embargo, para otros el festival ya no tiene el esplendor que una vez tuvo en el pasado.

"Antes eran 25 cuadras con los más renombrados artistas, muchos espectáculos y atracciones'', dijo Roberto Jordán, un cubanoamericano de 40 años que asiste regularmente a la fiesta. "Ahora hay menos diversión, menos shows y menos regalos para la gente'', agregó Jordán, cargado con dos bolsas de obsequios obtenidos en diversos kioskos dispuestos a lo largo del festival.

María Morales, una chilena de 62 años y propietaria de un local de comida latina entre las avenidas 23 y 24, dijo que vio tanta gente como años anteriores, pero menos dinero circulando.

"La gente no está gastando y las ventas no estuvieron como las del año pasado'', explicó Morales, atribuyendolo todo a "la mala situación económica''.

Israel Morejón, un vecino de la zona que estaba ofreciendo puestos de parqueo a tres cuadras de la calle 8 a $10 cada uno, dijo que alquiló 15 puestos en el doble del tiempo que le tomó el año pasado.

Sin embargo, a pesar de las limitaciones, las atracciones y espectáculos ofrecidos el domingo dejaron satisfechas a muchas personas.

"Ha sido un día para pasarla bien con mis amigos, y también para hacer nuevos amigos'', dijo Migdalia Pineda, una puertorriqueña de Hollywood de 21 años, que ha venido al festival otros años y que bailaba frente a la tarima de El Nuevo Herald.

"Estoy disfrutando cantidad sin gastarme un kilo'', dijo Carlos Luque, cubanoamericano de 25 años, que hacía la fila para acceder a uno de los dos simuladores virtuales traídos a Calle 8 por el Ejército norteamericano, como parte de su campaña promocional para reclutar nuevos prospectos.

  Comments