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Descontento con el desempeño del Congreso

La capital de la nación tiene momentos en que brilla. Las ceremonias de toma de posesión de la presidencia, el 4 de julio. Pero este momento no hay nada que brille.

En su lugar, los últimos días han mostrado la peor cara de Washington. Un verdadero caos ético en la Cámara de Representantes, incluso en la Comisión de Etica. Una desagradable pelea sobre gastos en el Senado en que los dos partidos tradicionales luchan a brazo partido por conseguir ventajas políticas en vez de ayudar a los ciudadanos necesitados.

La Casa Blanca explota en indiscreciones y puñaladas por la espalda para culpar a alguien por los fracasos en el primer año del presidente Barack Obama. Los cabilderos andan por todas partes para detener revisiones financieras. Un senador, Ben Nelson, demócrata por Nebraska, ha obstaculizado la reforma de los servicios médicos con el fin de conseguir términos especiales para su estado. Otro senador, Richard Shelby, republicano por Alabama, ha bloqueado a 70 nominados del Presidente con el objetivo de conseguir dinero para proyectos en su estado.

El resultado de todo esto es que cuatro de cinco estadounidenses dicen que Washington está tan atrapado en sus propias intrigas políticas que no puede siquiera comenzar a solucionar los grandes problemas del país.

"La situación es negativa, muy negativa'', dijo Sherry Bebitch Jeffe, politóloga de la Universidad del Sur de California.

"Washington parece ser un lugar completamente disfuncional. Parece que no pueden enfrentar ni solucionar los problemas más básicos'', dijo Whit Ayres, encuestador republicano. "Parece estar paralizada por problemas partidistas y el país se está cansando de eso''.

Una nueva encuesta de opinión McClatchy-Ipsos subrayó ese estadio de opinión, en que 80 por ciento de los encuestados dijeron que Washington está quebrado y es incapaz de funcionar. La encuesta también concluyó que los ciudadanos que culpan a cualquiera de los dos partido están divididos a la mitad en a quién culpar, demócratas o republicanos.

Sin embargo, hay pocas dudas de que el malestar público está impulsando la furia de las protestas conservadoras, el populismo de Sarah Palin e incluso los mordaces comentarios de Jon Stewart sobre la situación.

Los demócratas, desde luego, prometieron que cambiarían Washington. Obama prometió en el 2008 seguir una política no partidista y crear un Washington que tomara las decisiones sin ocultar nada ni dejarse influir por los cabilderos.

En el 2006, la representante Nancy Pelosi, demócrata por California, prometió una era de bipartidismo cuando su partido tomó el control del Congreso, "el Congreso más honesto, más abierto y más ético de la historia''.

Pero eso no es lo que parece hoy en día.

El mes pasado, la Comisión de Etica de la Cámara amonestó al representante Charles Rangel, demócrata por Nueva York y presidente del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara, uno de los principales líderes legislativos demócratas, por hacer viajes al Caribe financiados por empresas. En pocos días Rangel tuvo que renunciar a su cargo justo en el momento en que debe ser el centro de importantes problemas nacionales.

Por otra parte, la Comisión de Etica también amonestó a una mujer que fue asesora jurídica de la última presidenta de esa comisión por pasar por alto las normas éticas de la Cámara para ayudar a Rangel y a otros a realizar los viajes en cuestión.

Sin embargo, para algunos críticos, las amonestaciones fueron castigos inexcusablemente ligeros.

"La Comisión de Etica está funcionando como antes; es decir no está funcionando'', dijo Melanie Sloan, directora ejecutiva de la organización Ciudadanos a Favor de la Responsabilidad y la Etica en Washington.

Lo que es más, el Senado se vio con las manos atadas cuando el senador Jim Bunning, republicano por Kentucky, trató de obligar a que se redujeran los fondos de un programa para pagar nuevos gastos en otras prioridades urgentes, como prorrogar los beneficios por desempleo.

Los demócratas criticaron fuertemente a Bunning, la Casa Blanca lo calificó de ‘‘irracional'' y los senadores demócratas declararon que era una deshonra para su partido porque estaba reteniendo gastos en programas para beneficio del pueblo.

Los demócratas no mencionaron que el propio Obama había propuesto reducir el mismo programa federal, los crédito fiscales para un combustible alternativo que se usa en el sector papelero llamado "licor negro''. Pocos republicanos defendieron a Bunning, a pesar de las quejas generalizadas de su partido sobre el enorme déficit.

Mientras tanto, los cabilderos han merodeado por los salones y pasillos del Congreso con el fin de detener una nueva normativa bancaria tras la crisis de Wall Street.

Las encuestas de opinión indican que la gente está a favor, en una proporción de dos a uno, de nuevas normas bancarias, pero el Senado no ha hecho. Los activistas liberales dicen que eso se debe a que Obama y el Congreso no frenaron a los cabilderos.

"Presidente Obama, usted hizo promesas. Creímos en usted. Pero nada ha cambiado'', expresaba un anuncio publicado recientemente en internet Agenda Project, un grupo que lucha por que se impongan nuevas normas bancarias.

Erica Payne, directora del grupo, dijo que los bancos y otras firmas financieras han gastado $400 millones tratando de influir sobre el Congreso desde que comenzó la crisis financiera y que los bancos que recibieron ayuda financiera federal aumentaron su presupuesto de cabildeo en 13 por ciento en el último trimestre del año pasado.

"¿Ha cambiado Washington? La respuesta simple es no'', dijo Payne. "Una respuesta más larga sería que no ha cambiado en absoluto''.

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