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La lección del terremoto de Managua

MANAGUA -- Cuando Eduardo Chamorro fue a Haití, nueve días después del terremoto, todo le parecía terriblemente familiar: los escombros, las víctimas, los rostros llenos de dolor e incomprensión.

"Una desolación total'', comentó el arquitecto nicaragüense. "El pesimismo, el polvo, los cadáveres. No había esperanza. Parecía Managua en 1972, pero multipicado por 10''.

Ningún país del continente se ha visto tan impactado por las imágenes de destrucción y muerte en Haití como Nicaragua, que sufrió su propio y terrible terremoto en 1972. Y ningún país está más consciente de que el epílogo puede ser tan destructivo como el terremoto mismo si los esfuerzos de ayuda y reconstrucción se manejan mal.

"Nuestro país ha sufrido dos guerras civiles, una década de dictadura marxista y una inestabilidad política que sigue hasta el día de hoy'', dijo Chamorro, haciéndose eco de un sentimiento popular en Niaragua. "Y el origen de todo se puede rastrear al terremoto de Managua de 1972''.

Al igual que Haití en el 2010, la Nicaragua de 1972 era un país pobre y polarizado. Al igual que Haití, sufrió de una abrumadora pérdida de vidas y propiedades cuando el terremoto. Y, al igual que Haití, recibió una gran ayuda internacional para la reconstrucción.

Pero Nicaragua malgastó la generosidad del mundo en una orgía de corrupción gubernamental y maniobras políticas. Alimentada por la cólera nacional, lo que había sido una minúscula insurgencia en las remotas selvas del país se convirtió en una revolución que derrocó al gobierno y se vio rápidamente seguida por una contrarrevolución.

Una gran cantidad de dinero y de personas salió huyendo hacia los países vecinos, cuando ciudadanos de todas las clases sociales huyeron del caos y el derramamiento de sangre. El país perdió el 10 por ciento de su población y prácticamente todo su capital económico. En vez de avanzar para superar los efectos del terremoto, se mantuvo en retroceso durante los siguientes 20 años.

"Creo que perdimos mucho más que 20 años'', comentó Aldo Díaz, un historiador nicaragüense. "Creo que seguimos perdiendo terreno hasta el día de hoy''.

El sismo que destruyó Managua poco después de la medianoche del 23 de diciembre de 1972, tuvo una magnnitud de 5.6 grados, en comparación con los 7.0 de Haití. Pero con el epicentro tan cerca de la superficie --menos de cuatro millas de profundidad en comparación con 25 millas o más para el terremoto promedio-- Managua sufrió una conmoción sin precedentes.

Momentos después, gran parte de la ciudad estalló en llamas al incendiarse las tuberías de gas. Con el sistema hidráulico destruido, las estaciones de bomberos bajo los escombros y un insólito viento, Managua estuvo ardiendo durante días. Cuando los marines de Estados Unidos acudieron desde Panamá y lograron controlar el incendio dinamitando cientos de edificios, la ciudad mostraba ya un terrible panorama de destrucción.

Más de 74,000 casas, alrededor del 75 por ciento de las viviendas de Managua, fueron destruidas. Once grandes fábricas, 18 iglesias y cuatro hospitales desaparecieron. Lo mismo sucedió con el Palacio Presidencial y la embajada de Estados Unidos. El moderno y activo centro de Managua quedó como una enorme tumba abierta, marcada por las ruinas de su catedral de 300 años de antigüedad, donde el reloj de la torre quedó detenido por siempre a las 12:35 a.m.

La cifra oficial de muertos por el terremoto fue de alrededor de 11,000 personas pero muchos creen que fue mucho mayor.

Danilo Lacayo, administrador general de la refinería de petróleo Esso de Managua, que prácticamente no sufrió daños, fue presuroso al trabajo aquella noche para despachar camiones que pudieran abastecer los vehículos de emergencia. Mientrs manejaba al amanecer, lo sorprendió una visión macabra: largas hileras de carros y camiones llenos de cadáveres. "Creo que hubo unos 5,000 entierros aquella mañana antes de que el gobierno siquiera empezara a contar'', recuerda Lacayo. "Parecía como si toda la ciudad se estuviera muriendo''.

La terrible magnitud del desastre hizo que los funcionarios nincaragüenses llegaran a pensar en abandonar Managua y reconstruirla en otra parte. Atravesada por cinco grandes fallas sísmicas y casi una docena de otras menores, Managua ya había sido destruida por terremotos en 1881 y 1931.

En vez de eso, se tomó una fatídica decisión: Managua sería reconstruida pero 640 manzanas del centro de la ciudad situadas entre las grandes fallas serían demolidas y dejadas vacías.

Anastasio Somoza era el tercer miembro de su familia en gobernar Nicaragua. Durante casi cinco décadas, los Somoza y sus títeres habían gobernado Nicaragua como una finca de su propiedad, algunas veces desde el Palacio Presidencial y otras desde la sede de la Guardia Nacional.

Pero en 1972, parecía que los Somoza estaban en su crepúsculo político. Anastasio Somoza había renunciado a la presidencia, pasándole el poder a un triunvirato, aunque Somoza todavía retenía una gran parte del poder a través de su mando de la Guardia Nacional, el ejército del país.

Somoza empezó a dirigir los esfuerzos de reconstrucción desde una propiedad de la familia en las afueras de Managua. Ministros, empresarios, funcionarios extranjeros y responsables por la ayuda internacional --muchos de ellos dirigiéndose a Somoza como señor presidente-- entraban y salían todo el día. Era con Somoza con quien los diplomáticos extranjeros negociaban los paquetes de ayuda.

Hubo muestras de descontento desde los primeros momentos del terremoto. En vez de sumarse a los esfuerzos de rescate, las unidades de la Guardia Nacional se disolvieron cuando los soldados acudieron a ayudar a sus propias familias. Y, todavía peor, se sumaron a las turbas de saqueadores.

El hecho de ver bienes saqueados de venta en el mercado --incluyendo cartones de leche claramente marcados DONATTED BY USAID-- provocó frustración y cólera entre los nicaragüenses.

"Gente que nunca había pensado en oponerse a Somoza se dijo ‘Este tipo se está aprovechando de leche donada para los niños pobres' '', dijo Marta Sacasa, vicepresidenta del Canal 2, la principal estación de TV de Managua. "Eso lo cambió todo''.

Posteriormente, 28 grandes auditorías, dos investigaciones del Congreso y un reporte del GAO llegaron todos a la conclusión de que no había habido ningún robo o desviación de recursos significativa de los $143 millones en ayuda internacional. Y el mismo Somoza no jugó un papel en los saqueos. Pero una de las importantes lecciones que los nicaragüenses sacaron fue que el terremoto lo había magnificado todo, incluyendo la corrupción.

Es difícil encontrar un solo arquitecto, ingeniero civil, sismólogo, planificador urbano o una persona cualquiera en Nicaragua en estos días que crea que la decisión de dejar vacante el centro de Managua fue prudente o necesaria.

La mayoría de los edificios destruidos en 1972 eran estructuras de adobe y madera construidas tras el terremoto de 1931. La mayoría de los edificios que emplearon códigos de construcción más modernos --incluyendo notablemente, el edificio del Bank of America, diseñado por el arquitecto Eduardo Chamorro-- sobrevivieron.

Chamorro, junto con la mayoría de los expertos, estima que el centro de Managua pudiera haber sido reconstruido utilizando un mejor código de construcción.

Pero indiscutiblemente la reconstrucción benefició a una familia: los Somoza.

Mientras la ciudad se extendía hacia el sur --el Lago de Managua bloquea la construcción al norte--, creció en tierras propiedad de los Somoza. Hicieron falta millones de adoquines para las nuevas calles en el sur, y la única fábrica que los producía era propiedad de los Somoza. Gran parte de la reconstrucción fue hecha por el negocio de construcción de los Somoza, que recibió términos favorables de la fábrica de cemento de los Somoza, la única del país. A su vez, la compañía le dio su negocio al nuevo banco y empresa hipotecaria de Somoza.

"Somoza trató de monopolizar todos los sectores de la reconstrucción'', djo Edmundo Jarquín, un ex diplomático y candidato presidencial. "Eso creó conflictos con el sector privado, con la clase media y con la Iglesia Católica. La gente empezó a creer que no había opciones políticas en Nicaragua, que sólo había una opción armada''.

Y hubo una opción armada. Desde principios de los años 60, una pequeña banda de estudiantes universitarios marxistas que se llamaban a sí mismos el Frente Sandinista de Liberacion Nacional había estado vagando por la selva, continuamente traicionados por los hostiles campesinos a los que pretendían llevar a la revolución.

Pero la amplia animosidad contra el gobierno tras el terremmoto les dio a los sandinistas una inmediata inyección de dinero, de armas y de tropas. A los dos años, los sandinistas habían llevado la guerra a las ciudades; a los siete habían derrocado a Somoza.

"Cuando el terremoto destruyó Managua, supimos inmediatamente que éste era nuestro momento'', dijo Aldo Díaz, el historiador sanndinista. "Un terrremoto revela lo que ha estado encubierto y enterrado. En condiciones normales, la injusticia del sistema parecía ‘tolerable', pero ante el terremoto se volvió intolerable. E hizo que la población explotara''.

Muchos de los grupos que apoyaron a los sandinistas pronto se vieron profundamente frustrados por la dirección del nuevo gobierno marxista. Para 1982, con el respaldo del gobierno de Estados Unidos, lanzaron una contrarrevolución que se mantuvo hasta que los sandinistas perdieron unas elecciones con supervisión internacional en 1990.

"Y al final de todo no quedó nada de Nicaragua'', dijo Lacayo, quien después del terremoto se convirtió en co-presidente de una operación de ayuda y reconstrucción del sector privado.

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