Nation & World

El sueño de la paternidad

Esta columna no es sobre mí. Pero con gusto me ofrezco como ejemplo.

Si me lee asiduamente debe conocer mis valores. Si me lee casualmente, tendrá una vaga idea. Y si es la primera vez, permítame presentarme. Soy una persona que intenta poner en acción el precepto más importante de los libros sagrados: el amor al prójimo.

Para darle significado a mi existencia, ayudo a los demás. En lo posible, trato de rescatar la faceta positiva de la vida. No he tenido encontronazos con las leyes. He mantenido las cuentas claras con el Tío Sam. Ni siquiera me han puesto una multa de tráfico.

Al tomar todo esto en cuenta, podría decirse que pudiera yo aspirar a ser un buen padre. En cualquier estado, menos en la Florida, donde la ley me lo prohíbe simplemente por ser un hombre gay.

Esta arcaica ley de adopción es una manifestación de homofobia; un castigo a un sector de la población. Pero incluso en esta injusticia podemos encontrar un aspecto positivo: no le queda mucho tiempo de vida.

La semana pasada, una jueza de Miami-Dade declaró que la ley de adopción es inconstitucional, abriéndole la puerta de la maternidad a una lesbiana. La decisión de María Sampedro-Iglesia, que permite a Vanessa Alenier adoptar a un bebé, marcó la tercera victoria en el camino de la adopción para las parejas del mismo sexo.

Al menos, en uno de los casos, la guerra no está ganada del todo, porque el Departamento de Niños y Familias de la Florida (DCF) acudió a la Corte de Apelaciones. Sin embargo, de esto se infiere que dentro de un sector del poder judicial del estado existe la tolerancia.

Sin duda, hemos avanzado años luz desde que Armando Correa intentó ser padre en Miami, en 1995.

Correa llegó de Cuba junto a su pareja a comienzos de los 90. Una vez que logró establecerse anheló formar una familia. Había crecido con un padre ausente. Tenía un compañero estable, la buena voluntad y los recursos.

"Vimos todas las puertas cerradas'', recordó Correa, de 50 años. "Era frustrante saber que tenía la estabilidad económica y emocional para tener una familia pero por una ley arbitraria y obsoleta no podía adoptar a un niño necesitado de un hogar''.

Se mudó a Nueva York y tras una carrera en periodismo se convirtió en director de People en Español. Hace cuatro años, cumplió su sueño de ser padre a través de la reproducción in vitro con la ayuda de una madre gestacional y un donante de óvulo. El proceso lo describe en su libro En busca de Emma. El pasado 13 de diciembre, nacieron sus mellizos, Anna y Lucas.

Correa vive con Gonzalo Hernández desde hace 24 años. Está feliz con sus tres hijos. Hombres gay como él están tan ávidos de ser padres que no hay obstáculo que los detenga. Traer al mundo a Emma y a los mellizos costó $225,000.

Es incomprensible que si hay numerosas personas similares a él en la Florida, las leyes también castiguen a más de 3,500 niños abusados por sus padres biológicos que añoran la calidez de un hogar afectuoso.

Estos niños están bajo la custodia de un estado que no tiene ni la mínima idea de cómo ser un padre responsable. Una de las pruebas es que a veces los medican para que no sientan el dolor del abandono y la soledad.

La campaña que argumenta que los homosexuales son inmorales, suicidas, enfermos mentales y demás, y que por eso son dañinos para los niños, carece de bases sólidas. A veces sólo hace falta conocer bien a uno para constatar que se trata de mitos y estereotipos.

Así como hay heterosexuales que son buenos padres, también abundan los que nunca debieron traer una vida al mundo. Lo mismo sucede con los homosexuales. La ciencia ha demostrado que los niños criados por parejas del mismo sexo obtienen el mismo rendimiento y se comportan igual que los hijos de parejas heterosexuales.

Ustedes que me conocen o que me están conociendo, ¿no creen que soy digno de ese derecho?

  Comments