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Miles buscan salir hacia una nueva vida

Carilien Blaise, una estudiante universitaria de Puerto Príncipe, perdió su pasaporte en el terremoto y desde hace cinco días intenta desesperadamente que las autoridades le entreguen otro. Esta vez, ya no se trata de viajar a otro país, sino a otra vida.

"Quiero ir a Francia para trabajar, necesito dinero'', dijo Blaise, recostada sobre las rejas de la semidestruida oficina de inmigración.

Como Blaise, de 33 años, miles de haitianos hacen filas interminables en los alrededores con la esperanza de obtener un documento que les permita dejar atrás el dolor y la desesperanza de una nación en ruinas.

El lunes al mediodía, Louis Sofiáne estaba a unos pasos de entrar a la oficina de inmigración, cerca de lo que fue el centro de Puerto Príncipe, para realizar el trámite que tanto esperó desde las 4 a.m. Dos de sus hermanos murieron al derrumbarse la casa de sus padres.

‘‘Mi hijo es muy pequeño para sufrir'', dijo Sofiáne, de 32 años. "Sin casa ni trabajo no veo cómo puedo comenzar. Hay que salir como sea''.

No tuvo suerte. Una estampida de gente hizo que la policía haitiana cerrara el local para evitar otra desgracia. Dos horas más tarde, nadie sabía con exactitud si el servicio volvería a reanudarse.

"Así no podemos trabajar'', dijo el director de la oficina, Roland Chavanne. "¿Sabe cuántas personas hay detrás de esta reja? Diría que son más de mil. Es mucha gente''.

Las autoridades haitianas están intentando retomar el control de la administración. Sin embargo, debido a la falta de recursos y las deficiencias, el panorama continúa siendo incierto en la isla caribeña, incluso para aquellos que tienen un pasaporte válido.

Johanne Louis, de 26 años, intentó acercarse a la embajada de Canadá llevando su pasaporte y dos cartas de recomendación de dos amigos residentes en la ciudad canadiense de Quebec, pero una multitud de al menos 300 personas se le había anticipado.

Louis tampoco está segura de que los funcionarios canadienses aceptarán su pedido de visa. Nunca consiguió un trabajo estable en Puerto Príncipe y tiene una hija de 2 años que requiere atención médica especial. Madre soltera, vivía con sus padres, que no sobrevivieron.

"No pierdo nada con intentar'', comentó. "A lo mejor tengo suerte''.

Escenas similares se repitieron durante los últimos tres días en otras representaciones consulares.

En el consulado francés, cientos de haitianos esperaban su turno a las afueras de Manoir Des La Uriers para tramitar un visado de emergencia. Gente de todas las edades, con maletas listas para el viaje y sus hijos en brazos.

Saint Fleur Clairmita pasó la noche durmiendo al lado de una calle mugrienta y maloliente con tal de ser una de las primeras en ser atendidas. Clairmita, de 31 años, dijo que está decidida a pasar más días esperando hasta que las autoridades francesas respondan a su solicitud.

"Me da lo mismo esperar. Mi esposo y mi hijo de 9 años están muertos. Tiempo es lo que me sobra'', comentó Clairmita, embarazada de seis meses. "No tengo estudios, pero si viajo a Francia podría estudiar Psicología o un curso de computación''.

Marie Paulette Sanon, de 46 años, dejó su trámite de visa al azar.

"Nunca me han dado una, pero en esta situación tal vez se compadezcan'', dijo.

Temprano en la mañana, cientos de haitianos se apiñaban frente a la embajada de Estados Unidos, peleando por cada pulgada de espacio como si fuera el último.

Entre el tumulto estaba Prince Marie Nadege, con su hija Romilda, de cinco meses.

Nadege, de 29 años, estaba algo lejos del patio principal que da acceso al complejo debido a que llegó después de las 6 a.m.

Ella sueña con viajar a Miami y trabajar en un restaurante del Pequeño Haití como hacen algunos de sus vecinos del barrio de Nazon.

"Sería bueno empezar allá'', dijo.

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