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Haitianos regresan al país en busca de sus familiares

JIMANI, República Dominicana .- Cuando el terremoto del 12 de enero destruyó a Puerto Príncipe, Makila Preval estaba en Santo Domingo. Pero no por eso deja de ser otra víctima. Su esposo es uno de los miles de muertos.

Preval, de 44 años, llegó como pudo el miércoles a este pueblo fronterizo en un autobús envejecido por el polvo del árido camino, trayendo únicamente su pasaporte y una bolsa de víveres que entregará a su hermana y dos sobrinos menores, cuando logre reunirse con ellos en Haití.

"Perdí a mi esposo'', dijo con resignación. "Sólo Dios sabe por qué hace las cosas''.

Su caso es uno más entre miles de haitianos que deciden regresar para socorrer a parientes y amigos, y se cruzan en la frontera con los sobrevivientes que intentan entrar a territorio dominicano.

En la sencilla y atestada oficina de inmigración y aduanas de Jimaní no sólo se respira un aire caliente y denso. Un sentimiento de desesperación se dibuja en los rostros de quienes tratan de obtener el permiso de entrada a República Dominicana. Para muchos puede que sea imposible.

El administrador de la oficina dominicana de extranjería, Trinidad Benítez, ha estado revisando durante la última semana cientos de solicitudes. Su criterio no deja lugar a dudas.

"Aquí sólo pasan los heridos graves, estudiantes, trabajadores legales y misioneros'', dijo. "Eso es muy claro''.

Benítez está sentado en una silla al lado de una sala improvisada para recibir a una multitud que se aglomera detrás de una puerta vigilada por un policía armado. El policía resiste los empujones de los haitianos, la mayoría jóvenes, que exigen a gritos una oportunidad.

En medio de la desorganización, las mujeres tienen pocas probabilidades de que se les atienda rápido. Entre las menos favorecidas se encuentra Alude Saide, una madre soltera de 35 años, que lleva en brazos a su hija Davance, de 4 meses.

La pequeña está deshidratada y sufre una diarrea aguda que pone en riesgo su vida, según Saide. Ha presentado un reporte médico que confirma el estado de salud de su hija, agregó. Pero las autoridades parecen no estar muy convencidas de que sea absolutamente cierto.

"Ella necesita atención'', dijo. "No deberíamos estar sentadas en el piso, sino atendidas en un hospital''.

A pesar de los rigores del proceso migratorio, los funcionarios dominicanos en Jimaní aseguraron que alrededor de 500 personas logran pasar la frontera legalmente. Otros intentan burlar el control fronterizo atravesando caminos polvorientos entre las colinas que bordean el área.

Luxone Luxil, un estudiante de 25 años, comentó que la situación obliga a muchos a tomar decisiones extremas de las que no se arrepienten.

"Mucha gente ya no tiene nada que perder'', dijo. "Ellos lo intentan todo. ¿Usted acaso no lo haría para salvar su pellejo?".

Luxil fue afortunado el día del terremoto. Estaba con unos amigos muy cerca de la embajada de Estados Unidos en Puerto Príncipe cuando el suelo comenzó a saltar con una fuerza extraordinaria, según recordó.

El jueves, Luxil intentaba volver a su barrio llevando media docena de conservas, agua y unas pastillas para aliviar el dolor de sus vecinos del barrio de Saint Pierre.

"No llevo mucho, pero algo he podido juntar'', dijo. "Es lo último que tengo, no me queda más dinero porque ya no hay de dónde sacar''.

No todos los que tomaron el camino hacia Puerto Príncipe son haitianos.

Antonio Ferrer, un dominicano de 52 años, regresó el jueves para buscar a su joven esposa haitiana y a la hija de ambos. Tuvo mucha suerte.

"Están bien, están conmigo'', dijo, mientras terminaban de sellar sus pasaportes. "Nunca más volveremos a separarnos''.

A unos pasos del matrimonio, Ivena Mones, haitiana de 37 años, se disponía a volver a Haití a buscar a su familia.

Sola y con poco dinero en el bolsillo, Mones resiiró profundo y miró al cielo como si quisiera rezar.

"No voy a parar hasta encontrarlos, no voy a parar''.

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