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Victoria republicana en Massachussets da duro golpe a la agenda de Obama

Scott Brown, un senador estatal republicano poco conocido, aprovechó el desencanto cada vez mayor entre los electores independientes y logró una victoria extraordinaria el martes por la noche, cuando fue electo para llenar la vacante que dejó el fallecido senador Edward M. Kennedy en el estado abrumadoramente demócrata de Massachusetts.

Por un margen decisivo, Brown derrotó a Martha Coakley, procuradora general del estado, y a quien se consideraba favorita para ganar hace sólo un mes cuando se llevó fácilmente las primarias demócratas. Con 93 por ciento de los votos contados, Brown tenía 52 por ciento y Coakley 47 por ciento.

Un asistente de Brown dijo a las 9:20 p.m. que Coakley había llamado a Brown para reconocer su victoria; un asistente de Coakley confirmó que había reconocido su derrota.

La elección deja a los legisladores demócratas en una posición difícil para salvar el proyecto de ley de reforma de los servicios médicos, que Kennedy había calificado de "la causa de mi vida''.

Brown ha prometido oponerse a la ley. Una vez que ocupe el cargo, los demócratas perderán su mayoría a prueba de maniobras obstruccionistas en el Senado.

Más allá del proyecto de servicios médicos, la elección de un hombre que apoyó las manifestaciones populares conservadoras también representó un rechazo generalizado al primer año del presidente Barack Obama en la Casa Blanca, y llena de miedo el corazón de los legisladores demócratas, que ya están preocupados ante sus perspectivas más adelante este año en las elecciones legislativas de medio término.

Brown logró convencer a los independientes preocupados por la situación económica y la dirección que han tomado los demócratas, ahora que controlan todas las ramas del gobierno, tanto en Beacon Hill como en Washington. Brown galvanizó a sus partidarios cuando dijo en su último debate que no estaba postulándose por el escaño de Kennedy sino por "el escaño del pueblo''.

Ese escaño, que Kennedy, conocido como el león liberal del Senado, ocupó casi medio siglo, queda ahora en manos de un republicano que ha dicho que apoya el uso de técnicas duras de interrogatorio a los sospechosos de terrorismo, se opone a un programa de limitación y comercialización de emisiones de carbono y rechaza que los indocumentados tengan derecho a la ciudadanía a menos que regresen primero a sus países de origen.

Fue un cambio dramático, pero incluso los electores demócratas dijeron que quieren que el gobierno de Obama cambie de dirección. "Espero que le envíe un mensaje al país'', aseguró Marlene Connolly, de 73 años y del norte de Andover, demócrata de toda la vida, cuando emitía su primer voto por un republicano. "Creo que si Massachusetts elige a Brown es un men- saje de basta ya. Dejemos de regalar dinero y perder empleos''.

La mayor fuerza de Brown estuvo en los suburbios de Boston, donde los electores independientes, que forman la mayoría de los votantes en Massachusetts, acudieron a las urnas en gran cantidad.

Coakley tuvo los mejores resultados en áreas urbanas, ganó abrumadoramente en Boston y estaba por delante de Brown en Springfield, Worcester, Fall River y New Bedford, pero sus márgenes no fueron suficientes para lograr la victoria.

La derrota de Coakley en un estado que Obama ganó en el 2008 con 62 por ciento del voto, causó una ronda de críticas entre los demócratas. Algunos criticaron la tendencia de Coakley a los errores --en una entrevista radial ofendió a los fanáticos de los Red Sox cuando sugirió incorrectamente que Curt Schilling, adorado lanzador de los Red Sox, era fanático de los Yankees--, mientras otros criticaron su campaña anodina y poco enérgica.

Brown se presentó como un hombre más de Massachusetts, que maneja una camioneta para asistir a las actividades políticas e hizo campaña con figuras deportivas locales.

Las implicaciones de la elección llamaron la atención a nivel nacional y la campaña atrajo millones de dólares de fuera del estado. Transformó lo que muchos habían esperado que fuera una elección tranquila y con poca asistencia a las urnas en una competencia de alto calibre que atrajo a numerosos electores.

Mientras los electores llegaban a las urnas, Robert Gibbs, secretario de prensa de la Casa Blanca, dejó en claro que el Presidente "no estaba contento'' con la situación en que se encontró Coakley. "Está sorprendido y frustrado'', aseguró Gibbs.

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