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Miles huyen de Puerto Príncipe en medio de la violencia callejera

El abrumador alcance de la tragedia haitiana se agravó el lunes cuando las autoridades ofrecieron un cálculo oficial de 200,000 muertos y 1.5 millones de desamparados, donde los sobrevivientes lesionados seguían muriendo en la calle, los médicos pedían medicinas a gritos y los saqueadores se enfrentaban unos con otros y atacaban a la población a plena luz del día en medio de los escombros.

Los saqueos y la violencia volvieron a repuntar el lunes, mientras cientos de personas entraban por la fuerza a las tiendas para llevarse cualquier cosa de valor, desde pasta de dientes hasta las ahora imprescindibles mascarillas para protegerse del hedor de los cadáveres.

La policía disparó al aire varias veces mientras jóvenes bribones se batían por botellas de ron y cerveza con machetes y botellas rotas.

Y como si eso fuera poco, influyentes jefes pandilleros que escaparon de una prisión fuertemente dañada por el terremoto que azotó Haití el martes están aprovechándose del vacío dejado por la policía y las tropas de paz de la ONU, que ahora se dedican a asistir a los sobrevivientes.

Mientras tanto, miles de haitianos echaron mano a cuanto vehículo encontraron en el camino, desde autobuses escolares hasta camiones, para huir el lunes de la devastada capital en una búsqueda incierta de techo, agua potable y estabilidad en el campo.

Aunque la amenaza de violencia pandillera afecta a toda la capital, en ningún lugar es más evidente que en la enorme zona marginal capitalina de Cite Soleil, donde los mafiosos se dedicaban a recuperar las zonas que controlaban antes de ir a prisión y reanudaron la batalla por su control.

"Los problemas recién comienzan'', dijo Jean-Semaine Delice, un padre de 51 años de Cite Soleil. "La gente está empezando a irse'', dijo.

Decenas de autobuses destartalados se abastecían en las gasolineras de la ciudad, esperando llenar el tanque antes de comenzar el largo viaje al interior. Algunos en los vehículos llevaban numerosas maletas, otros llevaban solamente la ropa que tenían puesta y suficiente dinero para pagar el pasaje.

Algunos haitianos declararon a las agencias internacionales de prensa que estaban buscando la ayuda de amigos o familiares; otros dijeron que se marchaban sin rumbo fijo, a donde fuera, con la esperanza de escapar de la devastación y falta de suministros en Puerto Príncipe.

"No creo que regrese'', dijo Marcelaine Calixte, de 20 años y estudiante universitaria cuya escuela colapsó, sentada el lunes en un atestado autobús que se dirigía a Aux Cayes, en el sur.

Pero por cada persona que encontraba techo o alimentos fera de la capital, parecía que otra no.

"Quisiera que mi familia escapara de la miseria de esta ciudad, pero necesito analgésicos para mi hijo'', dijo Manuel Lamy, de 28 años y plomero, cuya hija de 5 años, Yvenca, perdió la mano izquierda. Lamy y su esposa, Sagine Oscar, de 30 años, la llevaron a un centro improvisado de atención atendido por médicos cubanos.

En cualquier zona de desastre existe el potencial de violencia debido al aumento de las necesidades humanas y la enorme cantidad de víctimas, pero en Haití está multiplicado. Aquí, autotitulados rebeldes --matones de barrio-- amenazan la poca estabilidad del país con unas pocas armas, algún dinero en efectivo y la ira de las multitudes insatisfechas.

"Icluso mientras tratamos de sacar los cadáveres de los edificios atacan a los policías'', dijo Aristide Rosemond, inspector de policía de Cite Soleil, rodeado por agentes con armas automáticas.

Los vecinos dicen que tres personas fueron baleadas y varias mujeres violadas en una guerra por territorios que los pandilleros llaman Belony y Bled. Las autoridades informaron a los vecinos que no contaran con la llegada de efectivos de seguridad. La unidad de efectivos de paz brasileños destacados en Cite Soleil perdió 18 de sus 145 soldados en el terremoto.

Diez perecieron en una torre de hormigón azul convertida en oficina de la ONU cerca de la entrada de Cite Solein, que colapsó y dejó a la vista armas y equipos al alcance de los pandilleros.

La misión de paz de la ONU perdió a su jefe, segundo jefe y director de la policía, que además perdió una cantidad no especificada de personal y equipos, dejando en pie sólo un grupo de cadetes recién contratados y poco capacitados.

"El problema es que tienen armas... así que no podemos enviar a cualquiera a detenerlos'', declaró el lunes el primer ministro Jean-Max Bellerive a The Associated Press.

El lunes se notaba una mayor presencia de soldados de la ONU en las calles de Puerto Príncipe, después de reportes de una ola de tiroteos y pillaje el domingo que se repitieron el lunes. Mientras muchos se dedicaban a buscar cualquier cosa de valor entre los escombros, los equipos de rescate seguían su poca infructuosa labor hasta el momento.

El lunes las fuerzas brasileñas de paz llegaron con un convoy a un punto de distribución de alimentos mientras mujeres, niños y ancianos trataban desesperadamente de llenar contenedores con agua potable. Esta vez los pandilleros no asomaron la cabeza.

El panorama en este lugar específico fue diferente al del domingo, cuando un hombre robó a punta de pistola un saco de arroz a otro que iba en motorcicleta, a plena luz del día, y los vecinos se contaban historias de pandilleros que andaban por toda la ciudad con armas largas incluso mientras aviones militares estadounidenses sobrevolaban la zona.

El primer ministro Bellerive dijo que se ha reunido con las fuerzas de paz de la ONU, la policía y los jefes militares estadounidenses para discutir formas de controlar a los presos escapados, pero que por el momento eso no es una prioridad, aunque unos 4,000 presos escaparon de las cárceles.

Hasta entonces, la seguridad está en manos de la propia población, que están formando brigadas nocturnas armadas con machetes para combatir a los bandidos en toda la capital.

Y los pocos policías que quedan tienen un nuevo papel: instigar a la población a tomarse la justicia por su mano. "Si ustedes no matan a los criminales, regresarán'', le dijo un policía a los vecinos mediante un altavoz mientras su carro patrullero recorría una calle.

Los equipos médicos, ya abrumados por la cantidad de víctimas del terremoto, ahora tienen que atender también a los heridos de bala en las batallas campales en la capital, dijo Loris de Filippi, de Médicos sin Fronteras.

En el vecindario de Montrissant, médicos de la Cruz Roja que trabajan en contenedores convertidos en quirófanos, dijeron que no soportan haber perdido más de 50 pacientes en dos días, dijo Simon Schorno, portavoz de la Cruz Roja Internacional.

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