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Cifra de muertes en Haití llega a 70,000

En Haití los funerales son tan costosos como las bodas y las tumbas con frecuencia son más lujosas que las viviendas.

Pero ahora los empleados de recogida de basura entierran a miles en fosas comunes, víctimas del terremoto del martes, e incluso así no dan abasto.

El domingo el primer ministro haitiano Jean-Max Bellerive dijo que empleados del gobierno habían recogido y enterrado 70,000 cadáveres, todos excepto 5,000, provenientes de la capital, Puerto Príncipe.

El gobierno declinó dar una cifra exacta y cree que la cifra total podría llegar a 100,000 muertos.

Se espera que la cifra aumente porque las autoridades todavía no han llegado a zonas de la capital y sus alrededores que sufrieron daños masivos.

"Hasta que lleguemos a las zonas marginales, donde vive el grueso de la población no sabremos'' el número exacto, afirmó Bellerive.

Inmediatamente después del terremoto del martes, los que podían darse el lujo compraron ataúdes, los cubrieron de flores y llevaron sus muertos al crematorio.

Los que no tenían el dinero los incineraron ellos mismos.

Inicialmente, los fallecidos eran envueltos en sábanas blancas y rosadas, arrancadas de camas o recuperadas de entre los escombros.

Ahora los familiares que han pasado días escarbando entre los escombros en busca de sus seres queridos dejan que los empleados del gobierno se los lleven.

Esta recogida masiva y básica de cadáveres ha generado muchas críticas, pero Bellerive afirmó que "la gente no se da cuenta que hemos tenido que recoger 70,000 cadáveres en cinco días..., creo que ningún país está preparado para eso''.

Jude Celestin, director de la empresa constructora de carreteras de Haití, declaró que sus choferes inicialmente llevaron cámaras y libreta de notas para llevar un registro de la identidad de los fallecidos. Pero después de recoger 1,000 cadáveres, el sistema no funcionó más porque la gente comenzó a lanzar los cuerpos a la pala de las excavadoras.

El total es "mucho más'' de 70,000, aseguró Celestin.

Sesenta camiones de volteo y excavadoras del gobierno con equipos de ocho hombres realizan la difícil labor, dijo Celestin. "Es un proceso largo. Primero, colocan el cuerpo en la pala de la excavadora, que entonces lo coloca en el camión''.

Celestin dijo que sus hombres no son profesionales de esta actividad, sólo constructores que hacen lo mejor que pueden.

Jean--Yves Jason, alcalde de Puerto Príncipe, dijo que después del terremoto las autoridades dedicaron varias horas a discutir cómo manejar el asunto de los fallecidos. La situación se hizo apremiante porque "los cadáveres comenzaron a descomponerse y a oler mal. Enfrentábamos la situación de tener que dejarlos en la calle a que se pudrieran, nadie pudiera identificarlos y enfermaran a los demás. En medio de un desastre así salvar a los que quedan vivos es lo más importante''.

Jason dijo que más de 150 campamentos espontáneos han surgido en la ciudad, sin contar muchos otros en Petionville y otras comunidades en las afueras de Puerto Príncipe. De los 65,000 cadáveres que se han recogido sólo en Puerto Príncipe, 7,530 han sido enterrados en el cementerio nacional, que ya no tiene más capacidad.

"El terremoto destruyó muchas tumbas. Lo que tuvimos que hacer fue crear fosas comunes'', dijo. "No decidimos a propósitos convertir las tumbas en fosas comunes, pero era la solución más simple y rápida para sacar los cadáveres de las calles''.

Sin embargo, agregó, "la gente está molesta... porque han traído cadáveres de las zonas marginales y los han colocado junto a las calles''.

Incluso encontrar un lugar para enterrar a los muertos no ha sido fácil. Después de enterrar 5,000 cadáveres en un basurero fuera de la ciudad en Titayen, la población cercana al lugar protestó y Celestin tuvo que encontrar otro lugar. Para empeorar la situación, dos camiones llenos de cadáveres esperaban.

A final de cuentas, la gente del lugar identificó otro lugar donde se podía cavar una fosa común. Pero ahora hay otro problema: después que los empleados de Celestin abrieron una carretera temporal hasta el nuevo lugar, la gente comenzó a colocar los cadáveres a lo largo del terraplén.

El Dr. Ciro Ugarte, asesor regional de la Organización Panamericana de la Salud, una de las numerosas entidades que tratan de identificar a los fallecidos, dijo que muchos cadáveres nunca se podrán identificar, en algunos casos porque no hay nadie que los reconozca.

Algunos, dijo, han sido enterrados en fosas temporales "en bolsas con algún tipo de identificación y características físicas''.

Estos cadáveres se pueden exhumar más tarde. Pero los que fueron enterrados en fosas comunes en grandes cantidades quedarán ahí, completamente anónimos.

Tener más bolsas para cadáveres "sería bueno'', dijo. "No sabemos cuántos cadáveres encontraremos en las ciudades pequeñas. Sólo hemos podido cubrir 60 por ciento del área afectada''.

Ian Ridley, director del programa humanitario de World Vision International, una entidad mundial de asistencia, dijo que "lo mejor que puede suceder es que tomemos una foto digital o una muestra de DNA para la identificación posterior'', que ayudó tras el tsunami del 2004.

"Pero en Haití no hay ningún banco de ADN''.

Los haitianos están enterrando los cadáveres apresuradamente porque "no es agradable verlos por ahí, por razones de salud pública y sicológicas.... Lo mejor que puede pasar es organizar funerales colectivos para los familiares''.

Ridley dijo que la situación tiene una pequeña ventaja: "Haiti es la clase de lugar donde la gente se conoce unos a otros. Hay gente que está colocando nombres y fotos en pizarrones de mensajes. Las redes personales son fuertes y efectivas en esta situación, y aliviarán la tragedia, porque [los dolientes] sabrán que alguien vio a su familiar''.

El domingo varias personas rociaron con gasolina y prendieron fuego a un fallecido que no pudieron sacar de una casa derrumbada. Danilio Jean, de 33 años y vecino de la víctima, defendió la incineración por razones de salud.

Berman Danis perdió a su esposa, tres hijos, un hermano, una hermana, primos y sobrinos, así como vecinos, en la catástrofe.

Danis logró recuperar los cadáveres de su esposa e hijos, diciendo que "con la ayuda de amigos los enterramos lo mejor que pudimos''.

Aproximadamente una milla al suroeste, en Delmas 29, frente a la Universidad Caraibes, donde se amontonaban numerosos cadáveres antes que los recogieran el sábado, los vecinos dijeron que deseaban que pudiera haber sido de otra manera, pero la realidad exigía medida extremas.

"Había un montón de cadáveres, algunos que los familiares se llevaron, otros que los lanzaron en el lugar. No los podían llevar a la morgue porque ya estaban descompuestos'', dijo Marie Gracieuse André, de 64 años. "Eso no es bueno, pero no había forma de hacerlo de otra manera. Ya estaban descompuestos''.

Gérard Derimon, de 49 años y carpintero, perdió dos sobrinas que vivían con él cuando las autoridades no llegaron los suficientemente rápido a llevar los cadáveres. Sus vecinos detrás de una zona industrial decidiendo actuar por su cuenta.

El jueves la comunidad enterró a 14 de los suyos, entre ellos sus dos sobrinas, en un campo al descubierto.

"Recogimos dinero entre nosotros, las pusimos en cajas y las enterramos en un campo porque no podíamos hacer otra cosa'', dijo.

Cuando le preguntaron por las personas que entierran sin identificar, Derimon dijo: ‘‘Aunque no los conozcamos, los honramos como si fueran hermanos''.

La reportera Frances Robles, de The Miami Herald, contribuyó a esta información.

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