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La violencia asoma en Puerto Príncipe

Un ambiente de caos y violencia comenzó a descender el sábado sobre el centro de Puerto Príncipe, a medida en que se multiplicaban los saqueos a lo que queda de las derruidas tiendas y turbas de adolescentes disparaban a los vehículos extranjeros.

En contraste con la aparente resignación de la población que imperó durante los tres días que siguieron al sismo que devastó la ciudad el martes, la situación se tornó marcadamente inestable el fin de semana, poniendo en peligro las labores de rescate e incluso los esfuerzos de la prensa internacional por cubrir los acontecimientos.

A sólo dos cuadras al oeste de las ruinas de la Catedral de Notre Dame, donde el viernes se celebraron las honras fúnebres del arzobispo de Puerto Príncipe, el vehículo de El Nuevo Herald fue atacado con un disparo de escopeta que no alcanzó a impactarlo.

El Canal 5 de la televisión dominicana informó que dos empresarios dominicanos que repartían ayuda fueron heridos con disparos de escopeta. Dos operadores de maquinaria pesada, también dominicanos, fueron atacados por una turba y sufrieron heridas deperdigones de escopeta.

En escenas casi surrealistas, decenas de jóvenes entre 15 y 25 años recorrían las calles del centro de la capital saqueando cuanto encontraban a su paso, desde alfombras hasta zapatos. Algunos de ellos portaban armas de fuego o cuchillos y se acercaban amenazadoramente a quien pareciera extranjero, mientras pequeños grupos peleaban a pedradas por las mercancías.

La policía haitiana y efectivos de Naciones Unidas, fuertemente armados y montados en tanquetas, se limitaban a patrullar los alrededores y evitaban ingresar a la zona comercial.

En ese ambiente de anarquía, los equipos de rescate --que han llegado de todas partes del mundo-- no podían realizar su labor de búsqueda de sobrevivientes, así como de remoción de cadáveres y escombros.

Estos brotes de violencia sorprendían a quienes se adentraban por los barrios céntricos porque, a sólo unas calles de distancia, daba la impresión de que la situación comenzaba a normalizarse y había muchas menos personas deambulando por las calles.

A unas cuatro cuadras al norte de la catedral podían verse, por primera vez, puestos ambulantes con venta de mangos y tubérculos diversos. Los pobladores incluso sonreían tímidamente a los periodistas, mientras una gran cantidad de personas estaba concentrada ya en los parques céntricos, a donde la ayuda humanitaria comenzó a llegar desde el viernes.

También era notable el hecho de que algunas estaciones de gasolina de la ciudad, sobre todo las ubicadas en el Boulevard Toussaint Louverture, estaban siendo abastecidas con camiones cisterna.

El Nuevo Herald pudo constatar también la labor de una decena de camiones del Instituto Nacional de Alcantarillados y Agua Potable (INAPA) de República Dominicana, que servían en un campamento improvisado en las inmediaciones del aeropuerto internacional de Puerto Príncipe.

Por primera vez desde que el sismo de 7.0 grados causara decenas de miles de muertos y destruyera la infraestructura de la ciudad, era frecuente ver en las calles a personas que hablaban en sus teléfonos celulares.

Pero estos pequeños avances palidecen en comparación con la evidente falta de autoridad en sectores críticos de la ciudad y, a juzgar por los incidentes del sábado y las demoras en la entrega de suministros de emergencia a los sobrevivientes, la situación tenderá a empeorar en los próximos días.

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