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2009: un año más de tribulaciones para los cubanos

Raúl Castro estaba en lo cierto cuando pronosticó el primero de enero que el 2009 sería un año difícil para Cuba.

De hecho, La Habana pasó la mayor parte del año en su peor crisis económica en 20 años, en medio de mucha escasez, con los acreedores tocándole a la puerta, las prometidas reformas empantanadas y su cohesión política bajo una ominosa nube como resultado de la peor purga en la cúpula gobernante en la historia de la revolución.

La delincuencia y la corrupción aumentaron --incluso la prensa oficial publicó fuertes quejas contra el sistema-- y blogueros y ciudadanos negros emitieron críticas cada vez más fuertes contra el gobierno.

Pero Castro no cedió en materia de derechos humanos y numerosos operativos contra activistas opositores a finales de año parecían dar crédito a temores de que el gobierno aumentará la represión en momentos en que enfrenta un futuro económico y político incierto.

Mientras tanto, su hermano Fidel pareció vetar las profundas reformas que prácticamente todos consideran que la isla necesita para sobrevivir y terminó el año aparentemente mucho más saludable.

La raíz de la crisis cubana es su sistema económico comunista e improductivo, los $10,000 millones en daños causados por tres ciclones en el 2008 y una crisis mundial que ha afectado seriamente todas las fuentes de ingresos del país.

El precio de su principal rubro de exportación, el níquel, se desplomó 50 por ciento, el ingreso por concepto de turismo bajó 10 por ciento y el crédito extranjero bajó en unos $1,000 millones, un golpe devastador para una isla acostumbrada a financiar sus operaciones con nuevos préstamos para pagar deudas anteriores.

Durante el año, el gobierno la emprendió contra la mala administración de la economía y exhortó a los cubanos a apretarse el cinturón, a trabajar más duro y a no esperar que el "papá Estado'' les resolviera todos los problemas. Aunque Castro inicialmente prometió reformas "estructurales'' para mejorar el nivel de vida, los cambios fueron en su mayoría tentativos.

"Raúl ha hecho más por diagnosticar los problemas que por resolverlos'', dijo Phil Peters, experto en temas cubanos en el Instituto Lexington, un grupo de estudios de Washington.

Con las arcas vacías, Castro redujo el gasto del gobierno y las importaciones, trató de aumentar la producción y reducir la ineficiencia laboral. En lo que fue la señal más reveladora de la crisis cubana, congeló por lo menos $600 millones en depósitos de empresas extranjeras en bancos cubanos.

"Una cosa es no pagar un préstamo, pero intervenir dinero [de empresas extranjeras] en los bancos cubanos, eso muestra el nivel de caos en el país'', dijo Oscar Espinosa Chepe, economista opositor que vive en La Habana.

En una isla que gasta unos $1,400 millones anuales en importar entre el 60 y el 80 por ciento de los alimentos, Castro redujo las importaciones en 37.4 por ciento. Las importaciones desde Estados Unidos bajaron aproximadamente 27 por ciento. Una orden para reducir el consumo de electricidad en 12 por ciento llevó al cierre de miles de fábricas y centros de trabajo y hasta algunos juegos de béisbol tuvieron que celebrarse de día para no encender las luces de los estadios.

Para aumentar la productividad, el gobierno elevó cinco años la edad de retiro, permitió a los trabajadores tener más de un empleo y aumentó algunos salarios, como los de los 545,000 maestros del país.

También redujo los masivos subsidios que ayudaban a los cubanos a compensar parcialmente sus bajos ingresos --aproximadamente $20 al mes-- al eliminar varios alimentos de la canasta de alimentos básicos regulados y reducir la cantidad de otros. Se cerraron cientos de comedores obreros gratuitos y escuelas de internado en áreas rurales.

Castro prometió que tratará de proteger los sectores de la salud y la educación, pero reconoció que algunas actividades en esos sectores "simplemente no están al alcance de nuestra economía''.

En el transcurso del año, el pronóstico de crecimiento económico del gobierno se redujo repetidas veces: comenzó en 6 por ciento, bajó al 1.7 por ciento a finales del verano, y a 1.4 por ciento al fin de año, aunque varios analistas independientes proyectaron un crecimiento negativo.

Cuba siguió culpando al embargo estadounidense de buena parte de sus problemas y en el otoño publicó un reporte según el cual los daños de las sanciones desde 1962 ascienden a $236,000 millones.

Pero Castro fue brutalmente honesto sobre el mayor problema nacional del país: un sector agrícola moribundo donde la mitad de la tierra arable no se siembra y el sector estatal controla 75 por ciento de la tierra pero sólo genera 40 por ciento de la producción.

"¡La tierra está aquí! ¡Aquí están los cubanos! ¡Veamos si trabajamos o no, si producimos o no!'', dijo en un discurso.

En el esfuerzo más ambicioso de su gobierno por revivir el sector agrícola, en agosto ya había entregado en usufructo 1.7 millones de acres de tierra ociosa a 82,000 campesinos. También colocó Acopio, la notoriamente ineficiente entidad del Ministerio de Agricultura que recoge y distribuye productos agrícolas, bajo el control del Ministerio de Comercio.

Castro también cerró algunos de los mercados campesinos, cuyos precios se fijan sobre la base de la oferta y la demanda, aparentemente con la esperanza de hacer llegar más productos a los mercados agrícolas estatales, que tienen precios más bajos pero menos productos.

El gobierno anunció la disolución de por lo menos 140 cooperativas agrícolas estatales por motivos de bajo rendimiento y corrupción, mientras que el diario oficial Granma reportó que 86,000 trabajadores en el sector agrícola estatal --26 por ciento del total-- eran "improductivos''.

Y aunque Fidel Castro alabó la llegada de tractores rusos en los años 60 como medio para liberar a los campesinos del trabajo de labrar la tierra con yuntas de bueyes, el gobierno de su hermano anunció en el 2009 que entrenaría 3,000 yuntas de bueyes, que no consumen gasolina ni "compactan la tierra''.

Los habaneros reportaron un aumento en la oferta de vegetales para finales de año, pero todavía quedan mayores problemas por resolver.

Algunos de los nuevos agricultores son gente de la ciudad, sin experiencia en el agro, y la inepta burocracia retuvo el control de insumos como semillas, fertilizantes y gasolina, así como de los vehículos que llevan los productos al mercado.

Un ejemplo del resultado: una excelente cosecha de tomates prácticamente se perdió por demoras en su traslado a los mercados.

"Esto es un nudo gordiano que no se puede deshacer poco a poco. Cuba necesita cambios profundos'', dijo Jorge Sanguinetty, economista de Miami que sigue de cerca la situación económica cubana.

Pero todo no fueron malas noticias durante el año.

En el frente internacional, Cuba disfrutó de uno de sus mejores momentos desde finales de los años 70, con aliados en América Latina y mejores relaciones con España, Rusia, Irán, Argelia, China e incluso Australia. Castro realizó varios viajes al exterior y un numeroso grupo de jefes de Estado visitaron La Habana para firmar acuerdos comerciales y de otro tipo.

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha mantenido sus masivos subsidios a La Habana --que se calculan en miles de millones-- y la Organización de los Estados Americanos (OEA), aprobó el levantamiento de la suspensión de Cuba, aunque La Habana ha declinado reintegrarse al grupo.

El presidente Barack Obama hizo algunos gestos amistosos, como levantar la mayoría de las restricciones a los viajes y al envío de remesas a la isla, e inició conversaciones de inmigración y sobre la reanudación del servicio postal directo, aunque para fines de año las relaciones estaban casi tan tensas como de costumbre.

Decenas de miles de cubanos pudieron alojarse en hoteles de turistas y el número de usuarios de teléfonos celulares subió a más de 730,000 como resultado de los cambios aprobados por Castro en el 2008. Casi un millón de personas asistió al concierto de Juanes, una rara posibilidad de recreación en la isla.

Las iglesias también se anotaron algunas mejoras, como la autorización del gobierno a celebrar misas en las prisiones por primera vez en casi 50 años y una actividad masiva de los evangélicos en un estadio deportivo.

Pero la falta de estabilidad se vio subrayada por las purgas y la cancelación de un congreso del Partido Comunista que el propio Castro había convocado para la segunda mitad del 2009 con el fin de aprobar el nuevo modelo de socialismo.

Durante el año, Castro sustituyó a todo su gabinete económico, 30 embajadores y los jefes del Banco Central y la Unión de Jóvenes Comunistas. Más importante aún, despidió a Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, hasta entonces supuestos herederos del poder.

Las purgas llevaron algunas caras nuevas al gobierno, pero también dejaron algunos de los veteranos, como José Ramón Machado Ventura, de 78 años; Ramiro Valdés, de 77; Guillermo García, de 81; el general Julio Casas Regueiro, jefe de las Fuerzas Armadas, de 73, y el ministro del Interior, Abelardo Colomé Ibarra, de 70.

Fidel Castro también se mantuvo como una fuerza a tomar en cuenta a pesar de sus 83 años, bloqueando según reportes algunas de las propuestas de cambio de su hermano mientras recibía a numerosos dignatarios extranjeros y escribía más de 100 de sus ‘‘reflexiones''.

"Es un hombre que se pensaba que estaba en las últimas y en muchos sentidos ha emergido este año en una posición más fuerte'', dijo Dan Erickson, autor de The Cuba Wars: Fidel Castro, the United States, and the Next Revolution.

Muchos cubanos aceptan la situación con resignación.

"¿Qué podemos hacer? Hemos sufrido desde hace muchos años y ahora hay más sufrimiento. No hay otra opción que seguir soportándolo y tratar de sobrevivir de alguna forma'', dijo un periodista habanero que pidió no ser identificado por temor a las represalias del gobierno.

Pero otros expresaron quejas de nuevas formas: los blogueros cuyas críticas ganaron la atención internacional y disidentes negros que se quejaron del racismo, algo que consiguió el insólito apoyo de unos 60 conocidos intelectuales y activistas afroamericanos.

"Las jóvenes generaciones ven que las frustraciones siguen creciendo, y no sólo es la economía, es la política, la falta de esperanza y de futuro que están viendo'', dijo Andy Gómez, preboste adjunto de la Universidad de Miami e investigador del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de UM.

Un artículo publicado en Granma criticó la "enfermiza fobia'' de algunos funcionarios a informar a los medios y un periodista gubernamental escribió que "la información es un derecho ciudadano'', una rara afirmación con tono democrático.

La normalmente insulsa revista Espacio Laical de la Iglesia Católica observó las ‘‘preocupantes tendencias'' entre los cubanos que quieren cambios y los que no.

Cerca del fin de año, el gobierno envió partidarios a atemorizar a los que protestan en las calles así como al bloguero Reynaldo Escobar. Su esposa, Yoani Sánchez, autora del popular blog Generación Y, reportó que agentes de la seguridad la golpearon a ella y a otro bloguero.

"En las colas, en las bodegas, en las guaguas, lo que se ve es una gran desorientación y un temor cada día mayor al futuro'', dijo un escritor habanero que pidió no ser identificado. "Mientras tanto, un cine que pasaba un nuevo documental sobre el Che Guevara estaba vacío''.

El gobierno admitió aumentos en la delincuencia y la corrupción durante al año y la policía realizó un insólito llamamiento público a cualquiera que estuviera interesado en realizar "labores secretas''.

El número de cubanos que se fueron del país ilegalmente cayó a su nivel más bajo desde el 2002, quizás debido a que la recesión en Estados Unidos ha significado menos empleados y menos dinero para pagar a contrabandistas, o quizás porque la gente estaba esperando que Raúl Castro implementara cambios.

Sin embargo, una ola de boxeadores, peloteros y hasta jugadores de baloncesto desertó durante el año. La embajada de España en La Habana informó que había recibido 20,000 solicitudes de ciudadanía en el primer mes de una ley que permite tomar la nacionalidad a los nietos de españoles.

A fines de año, mientras el resto de América Latina parecía estar saliendo de la crisis, Cuba estaba llena de rumores sobre próximas reformas que pudieran mejorar la economía pero con la imposición de mayores restricciones.

La libreta de racionamiento, que sólo ofrece alimentos para 10 días al mes, será reemplazada por cupones sólo para los más necesitados, según los rumores. Se cerrarán todos los 24,700 comedores obreros del país.

Se especula que se congelará el precio de los alimentos y que el gobierno entregará instalaciones minoristas --como tiendas de ropa, carnicerías y talleres de mecánica-- que se nacionalizaron en los años 60, a cooperativas dirigidas por los empleados.

También se ha dicho que Castro eliminará el detestado sistemas de dos divisas: el peso cubano, que se usa para pagar los salarios y en la compra de la mayoría de los productos locales, y el Peso Cubano Convertible (CUC), que vale 24 pesos cubanos y se usa principalmente para comprar productos importados.

Algunos cubanos piensan que las medidas más duras se implementarán durante la primavera, antes que comience el siempre conflictivo verano.

Pero nada de eso será suficiente para enderezar una economía deformada por 50 años de socialismo tipo soviético, dijo Espinosa Chepe en una entrevista telefónica desde La Habana.

"Ha sido un año de frustración total'', comentó. "No se hizo lo que se debería haber hecho. No hay créditos, no hay reformas y los problemas que se están acumulando van a seguir acumulándose''.

Marino Murillo, ministro de Economía y Planificación y vicepresidente del Consejo de Estado, pareció estar de acuerdo durante una reunión del 29 de julio del Buró Político del Partido Comunista.

Granma reportó que Murillo había establecido los requisitos para mejorar la economía por el resto de año --como mayor productividad y menos importaciones-- "y especialmente durante 2010, que será un año igualmente difícil''.

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