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Un día de esperanza para familias indigentes

Por unas horas, algunas de las familias más indigentes y vulnerables de Miami pudieron olvidar su penuria y disfrutar de una Navidad plena, con comida, música y regalos.

"Esto es una tremenda bendición para mí y para todos'', comentó Luis Rivas, que se encontraba el viernes en el almuerzo navideño anual de la Misión de Rescate de Miami, junto a su esposa y cuatro hijos.

"Este año no tenía ni para darles un regalito. Por lo menos aquí reciben algo'', confesó.

Al igual que miles de residentes del sur de la Florida, los Rivas fueron afectados por la crisis de los embargos hipotecarios, hasta quedar, literalmente, en la calle.

La familia alquilaba desde el 2001 una casa en el 113 NW 35 St. por $850. Un viernes en octubre, le informaron que la propiedad donde vivían estaba siendo embargada por el banco. El dueño no les había informado con anticipación. El martes siguiente llegó la policía a ponerle el candado a la puerta. Los Rivas salieron sin rumbo.

"El [dueño] venía con muchas historias y nos decía ‘dénme lo que tengan o me lo depositan en el banco'' ', señaló Rivas, un inmigrante guatemalteco de 38 años. "Fue algo muy difícil porque no estábamos preparados para lo que nos iba a suceder''.

"Nosotros pedimos ayuda a diferentes instituciones pero lo único que nos ofrecían era un refugio.", agregó. "No teníamos dinero para mudarnos. Los refugios querían que yo me fuera por un lado y mi esposa y niños por otro. No queríamos dejar nuestras pertenencias, sólo nos permitían una maleta y cada niño con una mudada [de ropa] y el peluche que más les gustara''.

Finalmente, los Rivas se radicaron con unos amigos. Semanas después, pudieron alquilar una casa, aunque no han completado el pago inicial.

"Mis niños han sufrido mucha depresión con el cambio'', subrayó el padre.

La Misión los convidó a un almuerzo de Navidad con pan, carne de puerco, carne de res, puré de papas y habichuelas. Los hijos, Jennifer, Emely, Ana y Luis, de 12, 10, 4 y 2 años, estaban notablemente emocionados. Disfrutaron de canciones navideñas, rifas y el ho ho ho de Santa Claus. Lo mejor vino al terminar el evento: la bolsa de juguetes, con un camioncito para el varón y muñecas para las hembras.

Otras familias desamparadas no tienen mejores opciones que los refugios públicos. María Cruz y sus tres hijos de 8, 5 y 2 años son un ejemplo.

Cruz, de 28 años de edad, fue por mucho tiempo víctima de abuso doméstico. En marzo, se separó de su marido, quien tiene poblemas mentales, estuvo en un refugio y pasó a una vivienda pública transitoria. Pero se sentía sola. Su padre murió hace unos años y su madre, con quien no tiene buena relación, vive en Puerto Rico. Así que regresó con su esposo y la historia se repitió. Cruz está de regreso en el refugio.

"Pensaba que lo quería. Mis hijos lo extrañaban. Hice todo lo que hace una mujer para salvar su matrimonio'', manifestó Cruz, quien tiene planes de alquilar su propia vivienda a través del programa Sección 8 del gobierno federal.

"Quiero estudiar justicia criminal y rehacer mi vida'', suspiró.

En medio de su dolor, Cruz compartió momentos alegres con otros residentes del refugio. Estaba bien arreglada y sobre todo feliz de ver a sus hijos sonreír.

Afuera, había una larga fila de desamparados esperando por un plato de comida.

"Esto es un rayito de luz'', aseveró Cruz. "Caí es un refugio pero no me ha faltado ni un techo ni comida para mis hijos. Peor hubiera sido caer debajo de un puente''.

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