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La peligrosa misión de los activistas extranjeros en Cuba

Jan Bubenik fue a Cuba a "difundir la esperanza'', pero todo lo hizo mal.

En representación de un grupo estadounidense a favor de la democracia, el ex líder estudiantil de la Revolución de Terciopelo de Checoslovaquia tocó a la puerta de un disidente cubano y se sentó a conversar con él, y luego pasó la noche en un hotel en la misma ciudad de Ciego de Avila. Pronto las autoridades cubanas lo detuvieron y lo encarcelaron por más de tres semanas.

"Nadie me dijo nunca que tuviera cuidado'', dijo Bubenik desde Praga en una entrevista telefónica. "Nos mandaron como corderos al matadero''.

El arresto de Bubenik en el 2001 marcó la última vez que un activista prodemocracia enviado por una organización estadounidense fuera detenido en Cuba por más de unos pocos días --hasta que un subcontratista fue arrestado el 5 de diciembre, supuestamente por distribuir laptops y teléfonos celulares financiados por Estados Unidos.

Los casos subrayan los peligros que encaran los grupos democráticos y las organizaciones humanitarias en Cuba, donde algo tan inocuo como repartir las donaciones de una iglesia es ilegal. Pero decenas de personas hacen con frecuencia estos viajes clandestinos, armados con visas de turista y misiones secretas, decididos a engañar a uno de los mejores servicios de inteligencia del mundo.

Los expertos opinan que las misiones son difíciles pero no imposibles. No obstante, el reciente arresto renueva la presión sobre las agencias contratadas por el gobierno de Estados Unidos para promover la democracia en Cuba a fin de que proporcionen entrenamiento de seguridad, e ilustra los extremos a los que el gobierno cubano está decidido a llegar con tal de bloquear los programas.

El estadounidense arrestado estaba trabajando para Development Alternatives Inc. (DAI), una firma suburbana de Washington que supervisa $40 millones en ayuda del gobierno de Estados Unidos para programas prodemocracia en Cuba. Afirmando que no querían poner en peligro la posible liberación de su empleado, la organización se negó a comentar sobre el tema. El nombre del contratista no ha sido dado a conocer.

"Cuando se envía a viajeros a Cuba, aun cuando sea para llevar a cabo buenas obras, uno siempre está asustado de que les pase algo'', dijo Teo Babún, quien dirige ECHO Cuba, una organización religiosa que envió el año pasado a viajeros con dinero para ayudar a las víctimas del huracán. "Ellos están recorriendo un país que no tiene relaciones diplomáticas con Estados Unidos, donde no hay embajada''.

Bubenik, cuyo viaje fue financiado por Freedom House, fue finalmente puesto en libertad a través de negociaciones entre un poderoso senador checo y el entonces gobernante cubano Fidel Castro. Pasó tres semanas de interrogatorios diarios, privación de sueño y presión psicológica.

"Ellos me decían cosas como: ‘¿No te acuerdas de cómo eran las cosas en tu antiguo país?', y hasta me enseñaron una foto mía con mi abuela'', contó Bubenik. "Uno quería decir: ‘¡Eyecta! ¡Eyecta! ¡Sáquenme de aquí!' ''

Bubenik, de 41 años, un reclutador profesional, dijo que le diría a toda persona que salga en una misión como esa que tenga en claro cuáles son los riesgos --y que entienda que no es sólo su vida la que peligra.

"La policía estatal cubana no es tan rápida como se cree, pero tampoco es estúpida'', dijo. "Nosotros cometimos el error de estar exactamente donde ellos esperaban que estuviéramos''.

En una entrevista este verano con The Miami Herald, un activista cubano de Santa Clara que trabaja con esos viajeros dijo que a veces a los voluntarios se les olvida dónde están.

"Un tipo vino aquí una vez a darnos talleres para negocios pequeños, y, cuando vengo a darme cuenta, está en un cuarto lleno de gente, con las ventanas abiertas, parada delante de un caballete que tenía escrito algo como ‘demanda y oferta' '', dijo el activista. "Yo me puse histérico. Le dije: ‘¿Estás loco? Esto es un país comunista. ¡Aquí no se puede hablar de capitalismo con las ventanas abiertas!' ''

El trabajador humanitario, radicado en Miami, terminó la sesión de entrenamiento pero lo pararon en el aeropuerto de La Habana, y allí le confiscaron su computadora. El cubano que contó la historia habló con la condición de que no se publicara su nombre ni el de su grupo por razones de seguridad.

"Ustedes se van, pero los cubanos nos quedamos'', dijo. "Nosotros somos los que podemos ir a la cárcel por 25 años''.

Frank Calzón, quien supervisó esos viajes por más de 10 años desde el Centro para la Libertad de Cuba, dijo que él siempre explica primero las cosas a los viajeros,

En una ocasión, un viajero estaba tan dispuesto a seguir las instrucciones de Calzón que las trajo por escrito. Las tenía en el bolsillo cuando lo arrestó la Seguridad del Estado, y acabaron publicadas en el periódico estatal cubano.

"Yo les digo: ‘No dejen nada en el hotel, porque el personal de limpieza va a registrar sus cosas. Si tienen una cámara o una pila de libros, lo más probable es que los de limpieza se lo informen a la Seguridad y los van a poner bajo vigilancia constante' '', afirmó Calzón.

Todos los viajeros siguen consejos simples, tales como asegurarse de participar en actividades turísticas y de no tomar taxis desde el hotel. Traer más de una computadora o de un teléfono es una señal de alarma para ellos, según expertos.

"Si llevas dos teléfonos, ellos te pueden dejar entrar solamente para seguirte'', dijo Babún.

James Cason, ex director de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, dijo que antes las organizaciones enviaban materiales a través de la valija diplomática hasta que los cubanos pararon los envíos.

"Usted puede traer una o dos computadoras, y ellos lo apuntarán en la aduana cuando usted llega. Si usted no las tiene a la salida del país, tiene que pagar un impuesto enorme'', dijo Cason.

"Pueden incluso seguir a la persona desde que se baja del avión. Para eso es que ellos pagan a sus esbirros: para averiguar cuándo vienen personas de esas organizaciones a Cuba. Si usted trabaja para una organización de derechos humanos, es ingenuo pensar que ellos no van a saber quién es usted''.

Ese fue el tipo de información que Bubenik dijo que no había recibido nunca de parte de Freedom House.

"Yo comprendo que para él fue una experiencia terrible'', dijo Daniel Calingaert, vicedirector de programas de Freedom House. "Pero los viajeros sólo necesitan una preparación especial en una dictadura como la de Cuba. Debería ser normal que los visitantes entren y salgan del país para hablar con cualquiera de política o de cualquier otro tema''.

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