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Un amor más alla de la adversidad

Carol Anderson ya ha pasado por esto, tener que cuidar tiernamente a un ser querido con cáncer del pulmón.

La enfermedad se llevó a su primer esposo hace 16 años. Y ahora amenaza al segundo, un hombre corpulento y sonriente llamado Jim. "¿Has oído nuestra historia de amor?", pregunta Carol Anderson, y mientras pregunta le brillan sus ojos castaños.

Carol and Jim, los dos de 71 años de edad, se casaron hace 15 años. Ambos eran viudos y el encuentro se produjo gracias a una amistad común.

Jim Anderson se enfermó cuatro meses después del matrimonio. El cáncer le empezó en la vejiga y se le extendió a los ganglios linfáticos y al cerebro. Tiene un tumor pulmonar que es inoperable. El lunes, los médicos le encontraron otro tumor en el cuello.

Carol también tuvo una masa en los pulmones, que los médicos le sacaron con éxito, muchos años antes de que esta madre de siete hijos quedara viuda, y sola.

Cuando conoció a Jim, padre de tres hijos, uno de los cuales murió de leucemia estaba viudo. Su esposa había muerto del corazón, y él acababa de mudarse de Carolina del Sur a Pennsylvania.

"Nunca pensé volverme a casar'', dice Jim. "Le preguntaba a muchas de las muchachas sureñas (todas más jóvenes que yo) si sabían cocinar, y me respondían que no, que comeríamos fuera.

Entonces Jim señalando hacia donde Carol dice. "Le pregunté a ella . . .". "Cuando me preguntó, le dije: ‘Sí, yo cocino' '', dice ella, que una vez trabajó de cocinera en un sitio de esquiar.

Se casaron el 1ro de julio de 1994, el mismo año en que Jim, un chofer de autobús retirado, dejó de fumar después de haber estado haciéndolo durante décadas.

Pero entonces el cáncer apareció. A través de los años, Jim se ha sometido unos 100 tratamientos de quimioterapia y 88 de radiación, según calcula Carol.

"Me han hecho tantas resonancias magnéticas (MRIs) y rayos X, que debería brillar en la oscuridad'', bromea él.

Encontrarle las venas en los brazos se ha vuelto difícil. No toma analgésicos por un susto que pasó una vez, en que los médicos tuvieron que revivirlo, pero aparte de que tiene artritis en las rodillas y por eso le cuesta trabajo sentarse y ponerse de pie. Pero Jim cuenta que él no siente dolor.

"El es de los que no se dan por vencido'', dice Carol. Y cuidarlo, para ella, es un trabajo de tiempo completo.

La pareja se pasa la mayor parte de sus días en el Joseph Meyerhoff Senior Center/Southeast Focal Point en Hollywood, ahora que se mudaron con una de las hijas de Carol en Dania Beach. El dinero que reciben, del Seguro Social y de la pequeña pensión de Jim, es escaso.

Jim usa un tubo nasal de oxígeno todo el tiempo. Los tanques de oxígeno son pesados y sólo duran unas horas, de modo que Carol frecuentemente lleva dos cuando salen, en caso de que uno se les acabe. Les serviría mucho una unidad más moderna de oxígeno, del tipo que una persona pueda llevarla como si fuera un bolso, duraría más y les daría mayor movilidad. También podría serles útil una plataforma eléctrica nueva para ayudar a levantar a Jim de la cama a la ducha o a la sala. Los Anderson tienen una pero ‘‘rechina'', según Jim. Carol le salió una hernia en mayo, tratando de levantar a su esposo.

"El la quiere mucho y no quiere ser una carga'', dice Beth Allen, la directora del centro para adultos que nominó a Carol y a Jim para el Wish Book.

También les ayduaría tener una rampa plegable de cinco pies, dice Jim, para poder poner su silla de ruedas eléctrica en la caminoneta de la pareja.

Allen y los trabajadores sociales quisieran que alguien donara una comida festiva en un restaurante para que Carol y Jim puedan vestirse bien y celebrar en esa cena romántica su vida juntos.

"El es un enviado del Cielo'', dice ella. "Y no estoy lista para dejarlo ir''.

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