Nation & World

Cupones ayudan a alimentar a más de 36 millones de estadounidenses

En momentos que la cantidad de personas que reciben cupones de alimentos llega a una cifra sin precedentes y aumenta mensualmente, un programa anteriormente considerado un infructuoso intento de bienestar social ayuda a alimentar a uno de cada ocho estadounidenses y a uno de cada cuatro niños.

El programa ha crecido tanto y en lugares tan diferentes que se está haciendo tan habitual como los mismos víveres que financia. Más de 36 millones de personas usan cupones de alimentos --en realidad tarjetas de plástico-- para comprar cosas como leche, pan y huevos.

Prácticamente todos los usuarios tienen ingresos cerca o por debajo del nivel federal de pobreza, pero la diversidad de sus filas es un reflejo de la cantidad de personas que batalla por satisfacer necesidades básicas: madres solteras y matrimonios, los nuevos desempleados y los crónicamente pobres, antiguos beneficiarios del bienestar social y los que trabajan menos horas o ganan muy poco.

Aunque la cifra ha aumentado sustancialmente durante la recesión, todo comenzó en tiempos mejores, cuando el gobierno de Bush encabezó una campaña para eliminar el estigma del programa y le cambió el nombre a "asistencia alimentaria''. La iniciativa bipartidista sobrevivió grandes dificultades en los años 90 cuando algunos conservadores trataron de abolir el programa, el Congreso le retiró buena parte de sus fondos y los obstáculos burocráticos alejaron a muchas personas necesitadas.

Desde los Cayos de la Florida hasta los de Alaska junto al mar de Bering, el programa crece a un ritmo de 20,000 personas diarias.

En Estados Unidos hay 239 condados donde por lo menos 25 por ciento de la población recibe asistencia alimentaria, según un análisis de datos compilado por The New York Times. Los hay tan grandes como el Bronx y Filadelfia y tan pequeños el Condado de Owsley en Kentucky, donde la mitad de sus 4,600 habitantes reciben cupones de alimentos.

En más de 750 condados el programa ayuda a alimentar a uno de cada tres negros. En más de 800 condados ayuda a alimentar a uno de cada tres niños. En St. Louis, Memphis y Nueva Orleans, la mitad o más de los niños recibe asistencia alimentaria. Hasta en Peoria, Illinois casi 40 por ciento de los niños recibe asistencia financiera para comer.

Aunque el programa opera más donde hay mucha pobreza, su crecimiento ha sido especialmente rápido en lugares anteriormente prósperos pero ahora golpeados por la crisis de la vivienda. Hay alrededor de 50 condados pequeños y una docena de grandes donde la cantidad de beneficiarios se han duplicado en los últimos dos años. En otros 205 condados ha aumentado en por lo menos dos terceras partes.

Las zonas de mayor aumento inclyen los poblados condados de Riverside, California, la mayor parte del área metropolitana de Phoenix y Las Vegas, un anillo de ricos suburbios de Atlanta y un tramo de 150 millas que va desde suroeste de la Florida, desde Bradenton hasta los Everglades.

Aunque el programa crece a un ritmo sin precedentes, el funcionario federal que lo supervisa quisiera que creciera más rápido.

"Creo que la respuesta al programa ha sido tremenda'', dijo Kevin Concannon, subsecretario de Agricultura, "pero tenga en cuenta que hay otros 15 o 16 millones que pudieran beneficiarse''.

El alcance del programa se puede ver en una esquina del suroeste de Ohio, predominantemente republicano y donde la clase trabajadora ha calificado históricamente el programa de cupones de alimentos como una señal de pereza. Pero el desempleo ha aumentado mucho y el uso de la asistencia alimentaria en un área de seis condados en las afueras de Cincinnati ha aumentado más de 50 por ciento.

Greg Dawson, electricista de tercera generación de la zona rural de Martinsville --la mayoría de sus colegas de trabajo han perdido el empleo-- se considera afortunado de seguir trabajando, en su caso el turno de noche de una empresa de contratistas, instalando luces en las cámaras refrigeradas de una cadena de supermercados. Pero cuando perdió las horas extra y sus gastos aumentaron, Dawson, de 29 años, tuvo que dejar de comer para alimentar a su esposa y cinco hijos.

Trató de llenarse con cereales y huevos. Comía mucho Spam. Luego iba a trabajar, con hambre, iluminando alimentos que no podía comprar. Cuando un funcionario se presentó en una actividad del programa de Head Start de su hijo, Dawson decidió ceder.

"Es embarazoso'', dijo Dawon, un hombre taciturno que se siente tan incómodo con los $300 mensuales que recibe que no se lo ha dicho a sus padres. "Siempre pensé que era para gente que trataba de aprovecharse del gobierno. Pero en estos momentos realmente nos hace falta ayuda''.

El apoyo para el programa de asistencia alimentaria tuvo su peor momento en los años 90, cuando sus críticos, comparando el beneficio con el bienestar social en efectivo, sufrió restricciones significativas. Pero después que la cantidad de beneficiarios bajó mucho durante varios años, el presidente Bill Clinton empezó a promoverlo, en parte como forma de ayudar a los trabajadores pobres. El presidente George W. Bush amplió la iniciativa, una política que el presidente Barack Obama ha seguido.

El renacimiento fue coronado el año pasado con el cambio de nombre. Lo que la mayoría sigue llamando cupones de alimentos ahora es el Programa de Asistencia Alimentaria Suplementaria (SNAP).

Cuando la recesión empezó en diciembre de 2007 "el mensaje del programa había cambiado'', dijo Stacy Dean, del Centrop de Prioridades Políticas y de Presupuesto, un grupo de Washington que apoya la ampliación del programa. "El mensaje principal es que el programa está ahí para ayudarlo a usted''.

En este momento casi 12 por ciento de la población recibe asistencia alimentaria: 28 por ciento de los negros, 15 por ciento de hispanos y 8 por ciento de blancos. Los beneficios promedian alrededor de $130 por cada persona del núcleo familiar pero varía en dependencia del costo de la vivienda y la atención a los menores.

Los críticos del programa ven una maniobra en la promoción del programa.

"A ciertas personas les gusta camuflar esto llamándolo programa alimentario, pero en realidad no es diferente de bienestar social en efectivo'', dijo Robert Rector, de la Fundación Heritage, cuyas opiniones comparten los legisladores conservadores. "Los cupones de alimentos son casi dinero''.

Alegando que la asistencia desalienta el trabajo y el matrimonio, Rector dijo que los cupones de alimentos deben tener exigencias laborales tan estrictos como el programa de asistencia en efectivo. "El programa de cupones de alimentos es un fósil que repite todos los errores de la guerra contra la pobreza'', afirmó.

  Comments