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Agente del ICE estuvo a punto de ser ejecutado en Colombia

Cuando el automóvil en el que lo llevaban a una supuesta fiesta con muchachas de Medellín se detuvo en una de las colinas de la ciudad colombiana, el hombre del asiento trasero le puso un arma en la cabeza y le dijo que había llegado el momento de pagar la deuda.

"Mari.. lo que uno hace aquí, aquí lo paga'', exclamó el jefe de la banda.

Así comenzó una pesadilla que mantuvo entre la vida y la muerte durante 48 horas de secuestro a Luis Angel Ortiz, agente de la Policía de Inmigración y Aduanas (ICE) de Estados Unidos que había infiltrado una organización de narcotraficantes colombianos.

Ortiz se salvó de ser ejecutado cuando, en un inesperado desenlace de pasajes cantinflescos, los captores descubrieron que se trataba de un agente antinarcóticos de Estados Unidos, entraron en pánico y terminaron ofreciéndole toda clase de disculpas y entregándole un arma mientras le rogaban que no los fuese a acusar, según un reporte del Buró Federal de Investigaciones (FBI) obtenido por El Nuevo Herald.

El increíble drama que vivió Ortiz en diciembre del 2005 se mantuvo en secreto, pero El Nuevo Herald tuvo acceso a documentos de la corte federal de Puerto Rico.

Los documentos son parte de una acusación anulada contra el colombiano Byron Jiménez Castañeda, quien fue señalado de haber actuado como "juez'' de los secuestradores para definir si le perdonaban la vida a Ortiz.

Los cargos fueron retirados luego de que Manuel Hernández, abogado de Jiménez, demostró que su cliente no era la persona a la que el gobierno estaba buscando. Hernández declinó hacer comentarios sobre el caso.

Basándose en un reporte del FBI con las declaraciones de Ortiz y audiencias del proceso en San Juan, El Nuevo Herald reconstruyó la bitácora de este extraño secuestro que hubiera podido terminar en un fiasco internacional para Colombia.

Ortiz, nacido en Puerto Rico, y quien trabaja en el ICE desde el 2001, había infiltrado la organización del narcotraficante Luis Albeiro Peña Peña.

A mediados del 2005 Peña y Ortiz se reunieron en San Juan para coordinar el envío de 217 kilos de cocaína, que semanas después fueron despachados en un bote desde Venezuela a la isla Saint Maarten en el Caribe.

La droga fue confiscada. Peña pensaba que Ortiz había sido uno de los responsables del fiasco y le exigió pagar al menos $80,000 para cubrir algunos costos del embarque.

En su papel de falso narcotraficante, Ortiz se mantuvo en que no era responsable de la caída de la droga y ofreció $8,000 que correspondían a los honorarios del capitán de la embarcación. Peña no parecía convencido.

Sin haberse resuelto la disputa, Ortiz viajó el 10 de diciembre desde San Juan a Medellín, haciendo escala en Panamá, para visitar a una amiga con quien tenía una relación "no esencialmente sexual'', según declaró al FBI.

La legalidad de esta visita fue motivo de interrogantes de Hernández, quien no obtuvo respuesta de un agente del FBI cuando le preguntó si Ortiz podría haber infringido algún reglamento al viajar de vacaciones a la ciudad donde justamente vivían algunos miembros de la banda que infiltró.

El Nuevo Herald envió un cuestionario a la oficina del ICE, que incluyó una pregunta sobre si el agente Ortiz continuaba activo en ese organismo. El portavoz de la oficina regional, Iván Ortiz, respondió que la entidad no está en capacidad de ofrecer información adicional.

El agente Ortiz se hospedó en el Dann Carlton Hotel de Medellín y el domingo siguiente paseó por la ciudad con su amiga. El lunes, mientras salía solo del restaurante Cazuelas, se encontró cara a cara con Peña, quien ingresaba acompañado por un joven muy atractiva. Peña lo saludó amistosamente.

Sin tener pretexto para excusarse, Ortiz debió acompañar a almorzar al narcotraficante y aceptó que lo llevara en su carro al hotel. Ambos intercambiaron los números de sus celulares.

Desde el hotel, el agente llamó a su supervisor en San Juan, Jeffrey Vargas, quien al escuchar el incidente le ordenó que saliera de inmediato de la ciudad.

Ortiz aseguró que no pudo cambiar los pasajes para viajar ese día a Panamá y de allí a San Juan, por cuanto tenía que acudir personalmente a una oficina de la ciudad.

En una audiencia en San Juan, Hernández expresó su extrañeza de que Ortiz, en lugar de abandonar la ciudad, hubiese salido del hotel a darse un masaje porque se sentía muy estresado. El agente del FBI que interrogó a Ortiz dijo que desconocía ese episodio.

Peña no parecía dispuesto a desistir del plan de reunirse con Ortiz y lo llamó el martes varias veces para invitarlo a una fiesta. Ortiz se excusó inventándose un viaje de última hora a Panamá. Pero el colombiano seguía los pasos del agente y se le acercó en un automóvil Toyota Corolla cuando éste caminaba hacia el hotel.

Peña lo invitó a subir a su carro y Ortiz aceptó sentándose en el puesto delantero.

Luego de tomarse unos tragos en un bar, y con la excusa de que irían a una reunión con mujeres hermosas, tomaron una carretera hacia las colinas de Medellín alrededor de las 8:30 de la noche.

Un Land Cruiser con cuatro hombres seguía al automóvil de Peña.

En un punto de la carretera, el Toyota y la camioneta se detuvieron, y un hombre sentado en la parte de atrás del automóvil le puso a Ortiz un arma en la cabeza mientras Peña lo insultaba.

Uno de los hombres de la camioneta sacó de un jalón a Ortiz del automóvil rompiéndole su camiseta y le dijo que había estado esperando seis meses por ese momento porque la droga perdida era suya.

Con la camiseta cubriendo su cabeza, Ortiz fue conducido a una cabaña de madera en un lugar al que llegaron en unos 15 a 20 minutos.

Allí fue esposado y quedó bajo la vigilancia de cuatro hombres con instrucciones de matarlo si intentaba "hacer cualquier estupidez''. Lo acompañaban un cocinero y otro hombre de 52 años quien le dijo que también estaba secuestrado.

En algún momento del cautiverio, el agente se comió la tarjeta de identificación de la Asociación de Funcionarios Federales que llevaba en su chaqueta.

Al día siguiente se presentaron Peña y un hombre en pantaloneta a quien le decían "El Gordo'' y quien asumió el papel de "árbitro'' para establecer responsabilidades en la incautación de la droga.

En medio de la discusión, los secuestradores permitieron que el agente se comunicara con una fuente suya dentro del organización de narcotraficantes, a quien le dijo que lo habían secuestrado y que se pusiera en contacto con su supervisor en San Juan.

Ortiz ofreció pagar $2 millones para compensar las pérdidas de la organización.

Mientras los secuestradores tomaban una decisión fuera de la cabaña, el cocinero del refugio le entregó un papel con una oración para que la leyera.

Al día siguiente, los captores, que habían tomado la llave de tarjeta de la habitación donde se hospedaba Ortiz, se comunicaron con sus cómplices en la finca para que lo forzaran a revelar el número del cuarto.

Uno de los vigilantes le introdujo el arma por la boca exigiéndole la información.

Los secuestradores lograron entrar a la habitación y descubrieron su verdadera identidad al abrir la caja de seguridad en la que guardaba una cartera con tarjetas del organismo federal. Unas tres horas después, "El Gordo'' llegó al lugar con uno de sus hombres, quien ingresó a la casa y le informó a Ortiz que sabían que era un agente federal.

Estaban visiblemente arrepentidos y nerviosos, según Ortiz. El hombre le quitó al agente las esposas diciéndole varias veces "hermano, disculpe'' y le insistió que ellos no querían problemas con él.

Una vez sin esposas, Ortiz cateó el cuerpo de su vigilante y le pidió un revólver Ruger que llevaba al cinto. Este se lo entregó y le dijo que harían lo que él quisiera, llamar a un taxi o llevarlo a donde les pidiera.

Los captores le entregaron a Ortiz las pertenencias que encontraron en el hotel. Sólo faltaban una gafas de sol.

Con la situación bajo su control, Ortiz exigió un automóvil y escogió al hombre que le había entregado el arma para que lo llevara hasta la ciudad. Sus deseos fueron órdenes.

En el camino, el hombre le consultó si quería matar a Peña. Ortiz no respondió y le pidió que se detuvieran en una gasolinera.

Mientras buscaban un taxi --eran alrededor de las 10 de la noche-- Ortiz le dio un billete de $10 al hombre, quien aceptó a regañadientes.

"Entonces, Ortiz'', afirma el reporte del FBI, "tomó de regreso el billete lo cortó en dos partes, le entregó la mitad al hombre y se quedó con la otra mitad y le dijo que como lo había dejado ir, algún día se tomarían ambos un trago''.

Ortiz llegó por su cuenta al hotel donde policías colombianos y agentes federales lo esperaban ansiosos para llevarlo de inmediato a Bogotá.

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