Nation & World

Intensa persecución a colombianos en Venezuela

Ramón Esneider Arévalo Jiménez, de 18 años, ahorró durante meses la mayor parte de su salario como empacador de cebollas cerca a esta ciudad. En la mañana del 30 de octubre entró a la vecina Venezuela acompañado por dos amigos para comprar un cargamento de ropa que, al regresar en la tarde, planeaban vender en Colombia.

Pero no pudieron volver. Están presos en Caracas por órdenes de Dirección de Inteligencia Militar (DIM).

Fue un viaje de media hora hasta la ciudad fronteriza de San Antonio, estado Táchira, que Esneider hizo acompañado del indígena Edwin Muyo y de otro amigo, Jaider Alexander Fuentes Ayala, de Cúcuta, según contó su madre, Cruz Celina Jiménez.

Los tres jóvenes llevaban las direcciones de algunas fábricas de confecciones donde planeaban hacer las compras, pero no alcanzaron a visitar ninguna porque agentes de la Guardia Nacional (GN) venezolana los interceptaron y los acusaron de distribuir panfletos amenazantes de paramilitares, cargo que niegan de plano.

Los apresaron a las 11 de la mañana y "a los tres les cubrieron la cabeza con bolsas plásticas, los esposaron, los golpearon y luego los mostraron a la prensa local como paramilitares colombianos'', denunció Jiménez.

Luego los llevaron a una cárcel en Caracas, donde siguen en condiciones de aislamiento.

Activistas de derechos humanos de ambos países han denunciado que en su esfuerzo por detener el avance de los paramilitares colombianos la Fuerza Aarmada venezolana está cometiendo toda clase de abusos, arrestando a personas inocentes y acusándolas sin pruebas.

"Mi hijo no tiene nada que ver con eso, es inocente. El tiene 18 años e iba por primera vez a San Antonio'', ciudad que "ni siquiera conocía'', sostiene Jiménez, quien pide que el gobierno de Colombia interceda.

En una entrevista con El Nuevo Herald, el obispo de Cúcuta, monseñor Jaime Prieto Amaya, contó que su diócesis tiene una Casa del Migrante en la ciudad, donde durante los últimos tres meses ha atendido a cerca de 7,000 colombianos que han regresado de Venezuela huyendo de los atropellos y del miedo a autoridades como la GN.

El arresto de Esneider coincide con otros similares de colombianos que siguen presos sin derecho a la legítima defensa y de otros que han tenido que pagar altas sumas de dinero para lograr su liberación.

Es el caso del colombiano Pedro José Casanova, de 27 años. Su madre debió hipotecar su casa en un barrio modesto de Cúcuta para obtener un préstamo de $10,000, con el cual pagó a un abogado que logró sacar a su hijo de la cárcel donde estuvo 20 días.

Casanova vive en Cúcuta y trabajaba de mensajero en una fábrica de confecciones de fibra de jean, de San Antonio, propiedad del venezolano William Rojas.

Cuando Casanova se dispuso a buscar gasolina para su motocicleta antes de regresar a Colombia el 18 de septiembre por la tarde, fue detenido por agentes de la GN, que lo acusaron de distribuir panfletos de paramilitares y de haber formado parte del grupo de sicarios que asesinó seis días atrás al alcalde de Coloncito, Giovani Alvarez, en Táchira.

Casanova relató que no podía creer cuando los guardias lo señalaron como el comandante Chavo del Ocho de las bandas de paramilitares colombianos y a su amigo Andrés Alberto Farías lo identificaron como el comandante El Gordito de Oro.

"Cuando les decíamos que eso no era cierto, que fueran a nuestro trabajo y preguntaran por nosotros, nos levantaban la mano como si nos fueran a pegar y a mi amigo le daban coscorrones'', relató Casanova.

Bajo cargos de rebelión militar y espionaje que nunca aceptó, Casanova, con una capucha en la cabeza, fue presentado a la prensa de Táchira como paramilitar colombiano sin identificar. Luego lo llevaron a Caracas, donde estuvo confinado en una celda de aislamiento de la que salió con la ayuda del abogado.

Casanova dice que fue torturado sicológicamente y sostiene que el jefe de quienes lo arrestaron, el teniente coronel de la GN Héctor Armando Hernández D`Costa, comandante del Destacamento de Fronteras 11, "cree que todos los [colombianos] que andan en moto son paramilitares''.

Agregó que en la cárcel de la DIM en Caracas supo de otros dos colombianos arrestados, a su modo de ver, arbitraria e injustamente, por la GN. Uno de ellos fue detenido en el puesto de control de carretera de Peracal, Táchira, cerca de la frontera con Colombia.

"Están cogiendo colombianos por todas partes'' y para poder enjuiciarlos "les meten droga, los acusan de espías y de paramilitares'', aseguró Casanova, quien dijo haber jurado "no volver a poner un pie sobre esa tierra [Venezuela] mientras esté [como Presiente Hugo] Chávez''.

  Comments