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Luchador contra la corrupción a cargo de oficina del FBI

Uno de 10 hermanos, criado en Chicago, John Gillies se enamoró de un libro cuando estaba en quinto grado, sobre la historia del FBI: cuentos de asaltantes de bancos, hampones y espías.

La última página lo impresionó marcadamente: la oficina quería contratar asesores y abogados como agentes. Ahí mismo vio su futuro este niño de 10 años y consideró que la contaduría le serviría como peldaño.

Ahora, después de 24 años como agente especial, Gillies se ha convertido en jefe de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) en el sur de la Florida, que tomó las riendas de la oficina de Miami en octubre. La oficina es la quinta del país, y abarca desde Fort Pierce hasta Cayo Hueso con unos 460 agentes.

"Me gustan mucho los casos de corrupción, y proteger a los niños, pero hay muchos peligros que hay que atender'', dice Gillies, de 50 años, que está casado y tiene dos hijos.

Esos otros peligros incluyen el terrorismo, el fraude ejecutivo, los depredadores de menores que usan la internet, los crímenes violentos y el narcotráfico.

Gillies dice que él quiere crear "ciertos cambios'' a las operaciones en general, aunque no cambios drásticos.

Su carrera con el FBI empezó en 1983, el año después de que él se graduara de Illinois State University con licenciaturas en contaduría y administración de empresas.

Un tío suyo que es sacerdote católico presidió unos servicios funerales por dos agentes del FBI muertos en un avión que se estrelló. Después, habló por su sobrino, y Gillies pudo entrar a la agencia.

Primero trabajó como analista financiero y después se hizo agente especial en 1985. Su primera asignación fue una investigación de fraude ejecutivo en Albany, Nueva York.

Su próxima parada sería en la oficina del FBI en Nueva York. Trataron de ver si él quería trabajar en contrainteligencia, algo de lo que él no puede hablar.

"Uno al fin y al cabo no estaba poniendo a la gente en la cárcel'', dijo. "Pero uno tiene cierto efecto en proteger la seguridad de Estados Unidos.

Gillies añoraba volver a investigaciones, de modo que se trasladó a 3,000 millas de distancia: San Diego. Allí investigó las caídas de Home Federal y otros bancos. Después se destacó en un caso de corrupción pública que derribó a tres magistrados de una Corte Superior que aceptaron sobornos por valor de $100,000 de un abogado de casos de lesiones personales a mediados de los años 90. El abogado también quedó convicto''.

El caso, que dio lugar a reformas judiciales tales como asignar casos de manera rotativa, estimuló su aversión a la corrupción. "Se comienza con el primer dólar'', dijo. "La gente tiene que entender que una vez que uno acepta ese primer dólar, ya uno está comprado''.

Después de ese período, Gillies siguió con rumbo oeste, a Honululu, donde entró en administración por primera vez. como supervisor de un escuadrón que atendía casos de corrupción y otros delitos. Atraparon a un concejal corrupto, inspectores de licores y un agente del IRS, entre otros.

El trabajo lo llevó a Hong Kong, las Filipinas y otros lugares lejanos.

Para ascender en las filas, Gillies tuvo que prestar servicios en la base del FBI en Washington, D.C., en el 2002. Supervisó también la unidad contra el fraude para todo el país.

Eso dio lugar a altos empleos administrativos en Detroit y St. Louis, donde enfocó los delitos ejecutivos, violentos y cibernéticos, además de fondos dedicados a terrorismo y más casos de corrupción.

Pero Gillies, como agente especial a cargo de la oficina, dice que todavía confronta su mayor desafío: "Tenemos enormes responsabilidades, no solamente aquí, sino también en Latinoamérica.

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