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El fantasma de Trinidad

Cuba no está invitada a la gran fiesta en Trinidad y Tobago, pero de todas maneras se colará.

Será ese molesto fantasma en la mesa, dando empujones, propinando codazos y abucheando, todo en un esfuerzo por arruinar este viernes la primera incursión del presidente Barack Obama en la frecuentemente tormentosa relación de amor y odio entre América Latina y Estados Unidos.

Con la ayuda de Hugo, Lula, Evo, Daniel, Michelle, Cristina y muchos otros presidentes latinoamericanos que aprendieron como jugar a la política de izquierda --y ganar-- virtualmente sobre el regazo de Fidel Castro, el fantasma está exigiendo un nuevo comienzo y amnesia colectiva.

Olviden los 50 años de un récord atroz en materia de derechos humanos. No se preocupen de que no hay derechos de propiedad, de asociación sindical o de libre expresión. Olvídense de elecciones multipartidistas, exclama el fantasma, se trata de la pequeña Cuba contra el Goliat imperialista y malo.

Obama preferiría olvidar, también, pero no está listo para dar más regalitos como el fin del embargo de Estados Unidos o la prohibición a los turistas, al menos todavía. Ha abierto la puerta de par en par a los viajes de los cubanoamericanos y a las remesas sin límites a Cuba. El presidente cree que eso es suficiente para sacarse al fantasma de encima durante la cumbre, donde el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva se ha comprometido a presionar para que la isla sea readmitida en la Organización de Estados Americanos.

El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, le dijo el jueves en la cumbre a la reportera del Herald Frances Robles que él está de acuerdo. Obama replica que primero Cuba necesita demostrar que merece regresar de nuevo a la organización que la expulsó en 1962.

Fidel Castro protesta en contra de cualquier inclusión en la OEA, a la que considera como una herramienta al servicio de la voluntad de Estados Unidos. Una razón por la que no cederá: Cuba está muy lejos de cumplir con el principio de la carta de la OEA: democracia.

Es por eso que Obama no debería huir de este fantasma sino retar a sus facilitadores para que expliquen lo inexplicable.

¿Cómo puede cualquier miembro de la OEA pedir la inclusión de Cuba cuando la carta del grupo --acordada por todos los 34 jefes de estado, incluyendo al mayor cheerleader de Castro, el venezolano Hugo Chávez-- enuncia que "la democracia representativa es una condición indispensable para la estabilidad, la paz y el desarrollo en la región''?

"Por qué no discutirlo'', me dijo Joaquín E. Ferrao, quien fuera asesor del Departamento de Estado desde el 2005 hasta este año y representante alterno de Estados Unidos ante la OEA.

"No es una cuestión republicana. No es una cuestión demócrata'', dijo Ferrao, quien creció en Miami. "Si uno mira la carta [de la OEA], todos han estado de acuerdo: los pueblos de América tienen un derecho a la democracia y sus gobiernos tienen el deber de protegerla y defenderla. Ese es el estándar que el hemisferio ha acordado. Incluye el imperio de la ley, la separación de poderes, derechos humanos, libertades fundamentales y, lo más importante, la celebración periódica de elecciones libres''.

Estados Unidos no ha sido perfecto en el frente de los derechos humanos durante la guerra contra el terrorismo, pero en este país las elecciones cuentan y las políticas cambian --y las malas, como la de detener a sospechosos de terrorismo sin reconocerles derechos básicos, son cuestionadas en las cortes y eliminadas.

¿Cuándo ha sucedido algo remotamente parecido a eso en Cuba? ¿Ha permitido inspecciones internacionales de sus prisiones, como hicieron los funcionarios de Estados Unidos en Guantánamo? Por supuesto que no.

El foco oficial de la Quinta Cumbre está en la prosperidad humana, la seguridad energética, el cambio climático y el desarrollo sostenible, pero es Cuba quien quiere fijar la agenda extraoficial.

Obama dice que está ahí para escuchar, pero no debería quedarse callado en el proceso. Escuchar debe ser un camino de dos vías. Haga valer la carta, señor presidente. Despójese del fantasma.

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