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Cubanos aplauden apertura a viajes; Raúl calla

Muchos cubanos aplaudieron el lunes la decisión del presidente Barack Obama de eliminar las restricciones impuestas a los cubanoamericanos para viajes familiares a la isla, pero el gobierno del general Raúl Castro mantuvo silencio.

La noticia, que corrió de boca en boca, cambió el semblante a cientos de pasajeros en el aeropuerto José Martí de La Habana, donde las despedidas comenzaron a mudar el adiós por el hasta luego.

Sin embargo, el noticiero estelar de la noche no la incluyó entre sus titulares y apenas hizo referencia a las declaraciones de la Casa Blanca en una escueta nota, que prometió ampliar la información en las "próximas ediciones''.

La gente en la calle reaccionó al margen de los medios oficiales.

"Ya era hora. ¿Qué es eso de andar separando familias?", exclamó en la terminal una mujer de unos 40 años al saber la decisión de Obama.

Portavoces de la oposición calificaron de "excelente'' la noticia y, a renglón seguido, pidieron al general Castro que anuncie un paso equivalente y elimine las restricciones que tienen los cubanos para viajar, pero no se hicieron ilusiones con una rápida normalización de relaciones.

"Me parece una cosa excelente, muy positiva, que el pueblo cubano va a recibir con alegría'', declaró el economista Oscar Espinosa Chepe, uno de los 75 opositores condenados a largas penas en la llamada "primavera negra'' del 2003.

Obama ordenó a los departamentos de Estado, Tesoro y Comercio que levanten cuanto antes las trabas a los viajes y los envíos de remesas a Cuba.

Además, la administración estadounidense anunció que dictará medidas para facilitar las comunicaciones con la isla y hará un llamamiento público al gobierno de La Habana para que no interfiera en los envíos.

La decisión de acabar con esas limitaciones se esperaba antes de la Cumbre de las Américas, que reunirá el fin de semana próximo en Puerto España a los líderes de todo el continente, excepto Cuba.

Diplomáticos y analistas comentaron el lunes en La Habana que ahora es más improbable que amarguen esa cumbre a Obama los aliados de Cuba que sí estarán en Trinidad y Tobago, como Venezuela, Nicaragua y Ecuador.

En el sector del aeropuerto habanero del que salen los chárter a Miami la noticia fue acogida con alegría y alivio, ante la perspectiva de que queden al fin atrás años de dificultades para ver a parientes.

Entre los entusiastas estaba Dayron, de 30 años, que acaba de pasar quince días en La Habana visitando a su familia y regresó a su casa en Miami.

"¡C..o, compadre, qué buena noticia!'', dijo poco antes de embarcar, mientras recordaba todos los "inventos'' que ha tenido que hacer, desde que se marchó de Cuba hace ocho años, para visitar a menudo a su familia, sorteando las restricciones de las leyes estadounidenses.

"He venido por Gran Caimán, por Dominicana, como religioso, con el permiso normal... He hecho de todo'', declaró el joven.

Como él, muchos cubanos radicados en EEUU han recurrido durante años a viajar por un tercer país, con las correspondientes precauciones para que los sellos de migración no quedaran en las hojas del pasaporte, o a subterfugios como hacerse pasar por religiosos. Para Elizardo Sánchez, de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, el paso dado por Obama es la ‘‘crónica de una decisión anunciada'' que puede "favorecer el proceso hacia la normalización de las relaciones bilaterales''.

Sánchez opinó que la decisión de Estados Unidos demanda ahora una respuesta "análoga'' de La Habana: la aplicación del artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sobre la libertad de tránsito, de forma que los cubanos puedan entrar y salir "libremente'' de la isla.

En el aeropuerto, Orlando, de 62 años, calificó el anuncio de Obama de "gran noticia'' y afirmó también que "debería ser igual para acá y para allá''.

Se calcula que hay cerca de dos millones de cubanoamericanos en Estados Unidos, que hasta ahora solo podían viajar a la isla cada tres años, por un máximo de dos semanas cada vez y con poco dinero, por restricciones impuestas en 2004 por el entonces presidente George W. Bush.

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