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Píldoras analgésicas del sur de la Florida inundan otros estados

El Dr. Roger Browne era uno de los médicos especializados en controlar el dolor más populares de Kentucky.

Sin embargo, su oficina estaba a 850 millas de distancia, en Broward.

Cuando agentes federales registraron el año pasado la clínica de Browne en Coral Springs, Americare Health and Rehabilitation, encontraron historias clínicas de casi 500 habitantes de Kentucky a quien les había dispensado analgésicos fuertes.

Browne era sólo un piñón del enorme engranaje de tráfico de analgésicos narcóticos que nace en Broward y se extiende hasta Kentucky, Tennessee, Ohio y Virginia Occidental.

Grupos de traficantes despachados desde esos estados descienden sobre la zona de Fort Lauderdale casi a diario para comprar oxicodona, metadona y otros narcóticos en clínicas locales y las revenden en la región de los Apalaches, según entrevistas con la policía y documentos judiciales.

Carros procedentes de Kentucky llenos de pasajeros llenan los estacionamientos de las clínicas de Broward. Una aerolínea de descuento que vuela de Virginia Occidental a Fort Lauderdale es tan popular entre los traficantes que la policía la llama el "Expreso de la Onticontina''.

"Estamos inundados. La Florida nos está matando'' dijo Bill Lewis, jefe de la Policía del Condado Lewis, que tiene 14,000 habitantes.

"Con mucha frecuencia se ven numerosos carros con dirección a la Florida''.

En febrero, los agentes de Lewis arrestaron a cuatro personas que regresaban Kentucky con casi mil píldoras de analgésicos prescritas por médicos de la Florida. Y el jueves arrestaron a un sospechoso de traficar oxicodona con una tarjeta de presentación de un médico de Hollywood.

Estas personas van como las abejas al panal de las clínicas floridanas, donde los médicos pueden dispensar narcóticos a cualquier que se los pida sin mucha supervisión, aprovechando la debilidad de las leyes y normas de salud estatales.

Broward es el epicentro de una epidemia de analgésicos por receta que se extiende por el este del país y en que los médicos locales dispensaron 6.6 millones de píldoras en el segundo semestre del 2008, mucho más que el resto del país, según información federal compilada por la Policía de Broward.

"Algunas veces un médico con un bolígrafo puede ser un gran narcotraficante. Y es legal hasta que se pueda probar lo contrario'', dijo Kent Harris, jefe de la Policía del Condado Unicoi, en Tennessee. La semana pasada sus agentes arrestaron a tres hombres que regresaban en auto de la Florida con mil píldoras ocultas en el motor del carro.

Las autoridades policiales de los estados de la región de los Apalaches confiscan casi a diario analgésicos narcóticos traídos de la Florida, lo que ha llevado a la DEA a pedir a la policía en la región que mantenga una lista de los médicos que emitan las recetas que encuentran. The Miami Herald ha documentado más de una docena de tales casos en zonas rurales de Kentucky, Ohio, Virginia Occidental y Tennessee este año.

La cadena floridana de suministro de píldoras ha dejado un rastro deprimente en los Apalaches, una de las regiones más pobres del país. La policía de Kentucky califica el abuso de analgésicos una epidemia, un problema mucho mayor que la cocaína, la anfetamina y otras drogas ilegales, lo que ha provocado robos de todo tipo y arruinado muchas vidas.

"Hay familias disolviéndose, gente muriéndose y perdiendo el empleo '', dijo Keith Cooper, jefe de la Policía del Condado Greenup, en Kentucky. "Es triste que se haya convertido en algo de rutina''.

Igualmente rutinarias son las muertes por sobredosis. En Virginia Occidental las sobredosis accidentales aumentaron 550 por ciento entre 1999 y 2004, el mayor aumento en el país, atribuido a los analgésicos por receta, según un informe reciente en el Journal of the American Medical Association.

En agosto pasado Timothy Hardin, de 38 años, murió de una sobredosis en una habitación de hotel mientras buscaba un médico que le recetara analgésicos con tres amigos de Kentucky, según el informe de un médico forense.

También muerto: John White, de 42 años, que falleció de una sobredosis en febrero después de regresar a Kentucky desde Fort Lauderdale, según la policía. Su esposa le dijo a las autoridades que había viajado a la Florida para verse con un médico.

Steve Burns, jefe de la Policía del Condado Greene, en Tennessee, dijo que está investigando la muerte por sobredosis de un adolescente fallecido recientemente después de regresar de Broward, donde compró drogas.

"El problema es que regresan a morirse o a vender las drogas en la calle'', dice Burns. "Es un problema incluso si las consiguen legalmente''.

Una vez que llegan al sur de la Florida, los traficantes no andan con miramientos. Mientras buscaba información el mes pasado con detectives de Broward, dos legisladores locales dicen que encontraron congestiones de tráfico causadas por autos con placas de Kentucky frente a una de las clínicas.

"Vimos automóviles con familias enteras'', dice el representante Ari Porth, de Coral Springs, que también es fiscal de la Fiscalía Estatal de Broward. "Lo tuve que ver por mí mismo para creerlo''.

Es más frecuente, según la policía, que los traficantes de píldoras vuelen de un lado a otro desde Knoxville, Lexington, Blountville, Tennesee, y Huntington, Virginia Occidental. La policía afirma que un vuelo particular de Huntington a Fort Lauderdale --con precios de sólo $29 de ida a veces-- es especialmente popular en el mercado negro de analgésicos.

"El vuelo está prácticamente lleno de traficantes'', dijo el jefe de la policía, Cooper, ex detective de narcóticos de la Policía Estatal de Kentucky.

Muchas clínicas locales se anuncian en todas partes. "Aceptamos a pacientes de otros estados'', dice un anuncio de periódico de A1 Pain, una nueva clínica en Oakland Park Boulevard, Fort Lauderdale. Otras ofrecen cupones y descuentos para los pacientes que refieran a otros, o anuncian el precio por píldora.

Ya sea en auto o en avión, asegura la Policía de Kentucky, los traficantes envían generalmente grupos de cuatro a ocho personas del sur de la Florida a comprar píldoras a médicos inescrupulosos.

Los compradores pueden visitar varias clínicas y con frecuencia usan historias clínicas o resultados de pruebas falsos para justificar la compra de medicamentos fuertes contra el dolor, según investigadores de la Florida y otros estados.

Un informante anónimo describió la conexión Kentucky-Florida en una nota al jefe de la Policía del Condado Lewis en un embarcadero junto al río Ohio: una clínica de Fort Lauderdale "le da píldoras a cualquiera, no tienen más que decirles que se veían con un médico para tratarse el dolor y que ese médico se mudó a otra parte'', dice la nota, firmada "Mr. X''. "Allá hay vehículos de Kentucky todos los días''.

Algunas clínicas venden directamente las pastillas a los pacientes; otras dan recetas para comprarlas en farmacias durante el viaje de regreso al norte. El año pasado, al registrar la vivienda de un sospechoso, Cooper dijo que encontró un mapa que mostraba una ruta de regreso del sur de la Florida --con ocho círculos rojos que marcaban escalas en Florida, Georgia y Carolina del Norte.

El camino es bien conocido. El mes pasado, la Junta Farmacéutica de Carolina del Norte advirtió a sus profesionales que tengan cuidado con personas de Kentucky, Virginia Occidental, Ohio y Tennessee que traigan recetas de oxicodona de médicos de la Florida. "Muchos de estos pacientes llaman primero y preguntan a los farmacéuticos si tienen oxicodona'', indicaba el alerta.

Estas bandas viajeras de compradores se componen de drogadictos que se reparten las píldoras que consiguen con el traficante principal, quien por lo general cubre los gastos del viaje y vende las píldoras restantes, según la policía y documentos judiciales. Una píldora de oxicodona que se vende entre $3 y $6 en las clínicas de tratamiento del dolor en Broward puede venderse en $30 en el mercado negro de Kentucky o Tennessee.

A veces los médicos locales son víctimas involuntarias del fraude. Otros, como Browne, son parte conscientemente parte de la confabulación.

Browne, de 53 años, se unió a un grupo de narcotraficantes de Kentucky para dispensar miles de analgésicos con recetas falsas durante al menos un año, según documentos judiciales. Agentes de la DEA arrestaron a Browne cuando uno de sus pacientes de Kentucky se convirtió en informante de la policía, grabando en secreto sus reuniones.

"La novia de mi hijo le está diciendo a todo el mundo que yo vengo a la Florida a buscar pastillas'', le dijo el informante a Browne en una de sus reuniones.

"Lo que usted tiene que hacer es no decirle a nadie que viene aquí'', respondió el médico.

Browne, de Pembroke Pines, fue hallado culpable con otros 13 integrantes de la banda. El médico --que había prestado servicios cuatro años en la Institución Correccional de Everglades en el sur de Dade antes de dedicarse al tratamiento del dolor-- cumple una condena de dos años y medio de prisión tras declararse culpable de confabulación para vender oxicodona.

Browne es el único médico del sur de la Florida enjuiciado como parte de una banda de narcotraficantes de Kentucky, aunque la policía afirma que pueden nombrar a varios médicos cuyas recetas aparecen con frecuencia en investigaciones en Kentucky.

"Tenemos que empezar a arrestar a algunos de esos médicos allí'', dijo Cooper, jefe de la Policía del Condado Greenup. Cuando interroga a sospechosos de tráfico de drogas, dijo, "es siempre la misma historia: se consiguen mucho más fácil allá abajo''.

Enjuiciar a los compradores de píldoras es difícil. Una receta médica --incluso si es de un médico en un estado lejano-- crea una imagen de legitimidad que es difícil de romper para la policía, según los propios agentes. La mayor parte de los juicios que terminan en condenas es cuando encuentran a un sospechoso con pocas pastillas sobrantes de una receta recién emitida, lo que sugiere que las píldoras faltantes se vendieron o canjearon-- o píldoras prescritas a otras personas.

La Florida se convirtió en el mayor suministrador de analgésicos narcóticos del mercado negro cuando otros estados crearon sistemas computarizados de supervisión que la policía usó para seguir la pista a personas que conseguían píldoras con varios médicos. Kentucky fue uno de los primeros estados que aprobó esa norma. La Florida es uno de 12 estados sin un programa similar.

"Somos la fuente de suministro para muchos estados'', dijo la sargenta Lisa McElhaney, de la Policía de Broward, quien ha investigado el fraude de fármacos por receta durante años. "Es literalmente vergonzoso''.

El mes pasado el vicegobernador de Kentucky le escribió al presidente de la Cámara de Representantes de la Florida, Larry Cretul, exhortándolo a aprobar un proyecto de ley para crear un programa de vigilancia que ayude a la policía a seguir la pista de drogadictos y traficantes, propuesta que ha fracasado en la Legislatura durante los últimos siete años.

Las autoridades policiales de la región de los Apalaches considera que los legisladores tienen que hacer algo para controlar el suministro de drogas desde la Florida.

"Hasta que la Florida haga algo, están matándonos a todos'', dijo Terry Keelin, jefe de la Policía del Condado Boyd, Kentucky. "Están matando a nuestros ciudadanos. Es un desastre''.

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