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Clara Rojas lamenta haber acompañado a Ingrid Betancourt

La ex rehén de las FARC Clara Rojas asegura que fue "una quijotada'' y "una flagrante estupidez'' acompañar en el 2002 a la ex candidata a la presidencia de Colombia Ingrid Betancourt a San Vicente del Caguán, viaje en el que fueron secuestradas.

"Me parecía que debía dar ejemplo de amistad y lealtad, y enviar un mensaje al grupo de un liderazgo compartido. Sobre todo, por la desbandada que estábamos viviendo en el partido. Mi reacción fue una quijotada, una flagrante estupidez'', señala Rojas en su libro Cautiva, del que el diario español ABC publicó un adelanto.

En el libro, la ex rehén, amiga y directora de campaña de Betancourt antes del secuestro, habla de su ruptura con esta última, la tensión con sus compañeros de cautiverio tras conocerse que estaba embarazada de un guerrillero, la cesárea que le practicaron y la separación de su hijo, Emmanuel, informa el rotativo.

Respecto a su maternidad durante el secuestro, asegura que "es algo reservado'' a su hijo, ‘‘cuando pregunte por ello''.

En una entrevista con el diario español El País, Rojas destaca cómo la decisión de acompañar a Betancourt a San Vicente "marcó'' su vida y asegura que "tendría que haberle dicho que no''.

El día del secuestro, el 23 de febrero del 2002, ambas viajaban por carretera hacia San Vicente del Caguán, localidad gobernada por un alcalde de su movimiento y que hasta la víspera había servido de sede de unos fracasados diálogos de paz entre el Gobierno del entonces presidente Andrés Pastrana y las rebeldes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

En los extractos publicados por ABC, Rojas recuerda cómo ocurrió el secuestro.

"Llegó un tipo que debía ser el comandante. Hizo bajar a Ingrid y la subieron a otra camioneta. ‘¿A dónde la llevan?', le pregunté. Sin responderme, me hizo bajar, me subió a la misma camioneta que a ella, pero en la parte de atrás'', rememoró.

Ya en poder de las FARC, un comandante les pidió que escribieran a sus familias para comunicarles el secuestro, por lo que Betancourt escribió a sus padres y hermana y ella, a su madre.

"Una vez liberada supe que la familia de Ingrid no le entregó a los míos ese mensaje. Al parecer tenían un celo excesivo por preservar su protagonismo. Fue una crueldad'', destaca Rojas, liberada el 10 de enero del 2008, tras casi seis años de secuestro.

Tanto en los extractos adelantados por ABC como en la entrevista con El País, la ex rehén explica que el deterioro de la relación entre ellas sucedió tras varios intentos fracasados de huir y destaca que "no hubo un hecho concreto que rompiera'' su amistad, sino "más bien un distanciamiento progresivo''.

"Nos sucedió lo que le pasa a muchas parejas que, cuando falta la comunicación, acaban convirtiéndose en unos desconocidos'', indica.

Rojas reconoce que no sabía "qué decirle a Ingrid'', que "estaba tristísima'' tras enterarse de la muerte de su padre, pero que también "estaba enfadada'' consigo misma "por haberla seguido en aquel viaje tan arriesgado''.

"Al mismo tiempo'', continúa, "me costaba trabajo asimilar su dolor. Siempre la había visto fuerte y decidida, y me desconcertaba observar cómo se estaba desmoronando hasta el punto de que, yo considero, llegó a perder las ganas de vivir. De ser para mí el modelo que había encarnado hasta entonces, pasó a representar la muerte''.

Rojas confiesa en la entrevista con El País que las dos mujeres no han hablado tras su liberación y que ella ha perdonado a los guerrilleros.

Al ser preguntada por el momento más duro de sus seis años de cautiverio, asegura que fue "la sensación de tiempo perdido''.

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