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Solidaridad da final feliz a odisea de joven exiliado

Un joven cubano que en su afán por huir del régimen de los Castro protagonizó una odisea y fue declarado muerto después de que una mina le destrozó las dos piernas, se graduó recientemente de radiólogo en Miami y recuperó su capacidad para caminar, gracias a dos prótesis de alto desempeño que le fueron donadas.

Amado Veloso Vega, de 38 años, llegó exiliado a Estados Unidos en julio del 2007 con una visa humanitaria otorgada por el Departamento de Estado, luego de haber intentado abandonar Cuba al menos una media docena de veces, sufrir reclusión domiciliaria durante dos años y perder las extremidades inferiores en un intento fallido que pudo haberle costado la vida.

Su historia se dio a conocer en las páginas de El Nuevo Herald poco después de haber llegado a Miami. Como era de esperar, la noticia de su caso provocó una rápida movilización del exilio y muestras de apoyo entre la comunidad en general.

"Creo que he respondido a las expectativas de toda la gente que salió en mi ayuda. No soy ninguna carga para los demás, tengo una profesión decente y muchos planes en mente, como devolver la ayuda que recibí trabajando en favor de las personas más necesitadas'', dijo Veloso en una entrevista en el noroeste de Miami.

El exiliado cubano se graduó en febrero como técnico en radiología básica en el Advance Science Institute, una escuela especializada de Hialeah que, a su vez, le había otorgado una beca completa de estudios.

"Lo hicimos con mucho cariño porque este muchacho es un gran ejemplo y ciertamente había que ofrecerle una oportunidad'', comentó Pablo J. Pérez, director del instituto que se encargó de entrenar a Veloso en una profesión que, pese a la desaceleración de la economía, no deja de perder impulso.

"Ha sido un estudiante de honor, dedicado y muy responsable'', aseveró Pérez, quien añadió que la odisea de Veloso refleja el sacrificio que están dispuestos a encarar los cubanos cuando se trata de vivir en libertad y buscar nuevas aspiraciones.

En noviembre de 1992 Veloso había logrado rebasar la tercera cerca de protección entre el territorio cubano y la Base Naval de Guantánamo, moviéndose a ras del suelo.

La franja --identificada como zona de nadie-- está sembrada de minas antipersonales. Una de ellas le estalló, provocándole la voladura de sus piernas y profundas heridas en el cuerpo, a tal punto que cuando fue trasladado al Hospital Provincial "Agostino Nieto'' de Guantánamo, no presentaba signos vitales y fue llevado directamente a la morgue.

"Soy un sobreviviente'', afirmó Veloso. "Pero la vida me ha enseñado que siempre hay una esperanza''.

Un médico de la unidad de emergencias se percató que Veloso no estaba muerto y logró aplicarle a tiempo una inyección de adrenalina para reanimarlo.

Después de dejar el hospital, Veloso fue condenado a 24 meses de prisión domiciliaria al tiempo que fue víctima de hostigamientos y actos de repudio de vecinos y familiares que le dieron la espalda. Pese a las adversidades, los intentos de fuga continuaron y no fue sino hasta septiembre del 2006 que decidió emprender una travesía solo desde la playa de Cajío, en el sur de La Habana.

Aunque las autoridades de la Guardia Costera interceptaron su rústica embarcación a 27 millas de la isla mexicana de Cozumel y lo enviaron a la Base Naval de Guantánamo durante nueve meses, finalmente Veloso logró entrar exiliado a Estados Unidos.

"Fue como un sueño hecho realidad. Habían pasado cerca de 14 años'', dijo Veloso, refiriéndose al primer intento de fuga y que le significó quedar deshabilitado.

Pero en Miami también existen los milagros.

Veloso fue contactado por el médico cubanoamericano Armando Quirantes, un especialista en diseño de prótesis con más de cuatro décadas de experiencia, quien apenas supo acerca de las limitaciones del exiliado cubano, le brindó atención inmediata.

Quirantes examinó a su paciente y mandó a construir dos prótesis ultramodernas, que no sólo permitieron a Veloso caminar nuevamente por sus propios medios, sino que también redoblaron su autoestima.

"Sentí que este joven merecía una oportunidad, sobre todo por el valor que había tenido al intentar cruzar el mar y haber pasado por todas esas vicisitudes. Fue como una recompensa, pero a cambio le pedimos que no defraudase a la comunidad y que sea un ejemplo de éxito'', afirmó Quirantes.

El miércoles, Veloso enseñaba con orgullo sus diplomas en honor a la excelencia académica, al tiempo que daba pasos seguros sobre la acera para demostrar que maneja a la perfección sus prótesis ultraligeras.

"Son una maravilla. Sólo falta que me tiren una foto en la Estatua de la Libertad'', puntualizó Veloso.

jcchavez@elnuevoherald.com

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