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MDC exhibe muestra del pintor cubano Carlos Sobrino en su centenario

En Mujer con mantilla (1957), unos ojos enigmáticos y unos labios que no se atreven a sonreír prueban que Carlos Sobrino Rivero (1909-1981) es uno de los maestros de la pintura cubana que mejor ha captado la belleza de la mujer.

Misteriosas, suplicantes y hasta tristes aparecen las isleñas en la acuarela Mi hija (1951), la tinta Habanera I (1966) o el óleo La espera (1965), tres de las 21 piezas de Sobrino que integran la exhibición que se inaugura hoy en el recinto oeste del Miami Dade College.

Con una velada artístico-musical, proclamas de las ciudades de Hialeah y Doral, una muestra de objetos personales y la presencia de su hija, Eloísa Sobrino Carbonell, el College brinda un homenaje al pintor y escultor en el centenario de su natalicio, el 31 de marzo de 1909.

Figura única de la plástica cubana, por su voluntad de mantenerse independiente de cualquier grupo o movimiento artístico, Sobrino desarrolló una larga carrera que abarcó siete décadas y tres países: Cuba, Argentina y España.

"Recibió influencia de todos los maestros, pero no se afilió a ningún grupo'', señala Gustavo Orta, curador de la exhibición, que observa en diferentes etapas de la obra de Sobrino la impronta de los cubanos Mario Carreño y Wifredo Lam, y de los españoles Joaquín Sorolla y Pablo Picasso.

Antes de explorar en la década de los años 60 un cubismo muy "particular'', que incorpora las formas geométricas sin descomponer la figura --destaca Orta--, Sobrino cultivó con extraordinarios resultados el retrato y el paisaje.

"Le encantaba pintar el mar'', informa Sobrino Carbonell, recordando los múltiples paisajes de la playa de Cojímar pintados por su padre.

Para el retrato, la inspiración principal del artista fue su esposa, Eloísa Carbonell de Sobrino, cuyos rasgos se descubren en óleos como Mujer con mantilla.

La imagen de Cristo, presente en la muestra en una acuarela y tinta en papel de 1939, demuestra el interés del pintor por los temas religiosos, que también recogió en el óleo Beatas, del mismo año. Abordó además la temática social en múltiples lienzos como Fogoneros, Hombres de mar y Concentración campesina, por el que recibió el Premio Nacional de Pintura en 1959.

Graduado de la academia de San Alejandro, la obra de Sobrino fue objeto de numerosas exposiciones, entre ellas una unipersonal en el Museo Nacional de Bellas Artes en 1957 en Cuba. En 1954 ganó Medalla de Oro en la II Bienal Hispanoamericana de Arte, que se celebró en La Habana. En 1960 fue elegido como académico de número de la sección de pintura de la Academia Nacional de Artes y Letras de Cuba.

En esta década, muy fructífera desde el punto de vista artístico, Sobrino se apartó de la luz pública hasta su salida hacia España en 1970. El 10 de enero de 1971 viajó a Buenos Aires, donde residió hasta mayo del 1978. Ese mismo año regresó a España y allí residió hasta su fallecimiento en 1981.

"Sus tallas en madera destacan por su gran limpieza'', opina el escultor Tony López, quien solía compartir con él en Cuba.

"En lo personal lo recuerdo como muy abierto y cordial; era amigo de todos pero no era hombre de grupo. Vestía con mucha elegancia, siempre de cuello y corbata'', añade López, que esta noche se unirá a otros artistas en la apertura de la muestra homenaje, abierta hasta el 24 de abril.

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