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Maniobra permitió someter a votación asunto del estadio

Algo quedó bien claro mientras los comisionados de Miami-Dade discutían el lunes por la noche la construcción de un estadio para los Marlins: Dennis Moss y Bruno Barreiro concordaban.

Justo antes de un caldeado debate, Barreiro, que representa el distrito de La Pequeña Habana donde se levantará el estadio, propuso una moción para aprobarlo.

Entonces Moss, presidente de la Comisión y partidario del estadio, concedió a Barreiro autoridad absoluta para declinar todo cambio al contrato sugerido por cualquier otro de los comisionados antes del voto final.

En cuestión de minutos, los dos establecieron un marco para el debate que en esencia bloqueó cualquier enmienda al contrato.

La jugada estratégica fue una de las razones por las que el acuerdo se aprobó cerca de las 10:30 p.m. del lunes y no el martes por la madrugada. Aunque la sesión duró nueve horas y media, podría haberse prolongado más.

Los otros comisionados no acusan a Moss y Barreiro de infringir la Ley de Transparencia de la Florida porque la maniobra se hizo de manera abierta y fue aprobada por el abogado del gobierno condal. En realidad, es muy probable que el acuerdo se hubiera aprobado sin la maniobra porque nueve de los 13 comisionados votaron a favor.

Pero el uno-dos de Barreiro y Moss sorprendió a varios comisionados y según algunos infringió el proceso de negociación.

La comisionada Katy Sorenson, crítica del estadio y quien presentó una larga lista de preocupaciones sobre el financiamiento público de una empresa privada, se molestó tanto que sugirió un nombre para la instalación.

"Primero, quisiera presentar una enmienda amistosa'', dijo Sorenson justo antes de la votación, "para que se llame Estadio Bruno Barreiro''.

Otros críticos del proyecto en la Comisión --entre ellos Carlos Giménez y Sally Heyman-- no lograron apoyo a propuestas para conseguir más concesiones del equipo.

Moss dijo que él fue quien ideó la estrategia que ayudó a ganar una batalla de 15 años por un estadio que, de haber fracasado nuevamente, podría haber acabado con el béisbol en el sur de la Florida, a pesar de las dos Series Mundiales ganadas por los Marlins en sus 16 años.

Moss afirmó que no quería que los comisionados pasaran horas debatiendo asuntos que de todos modos hubieran sido rechazados.

"Esto ya ha durado mucho tiempo'', dijo ayer Moss en una entrevista. "Tiene que haber un final. Tenemos que comenzar con las obras y jugar béisbol''.

El presidente de la Comisión agregó que no había hecho más que seguir la tradición, que en Miami-Dade significa ofrecer sólo enmiendas no contenciosas al que hace la moción.

Barreiro rechazó una solicitud de Giménez de aumentar la cantidad de años en que el gobierno condal recibirá ganancias en caso de que el dueño de los Marlins, Jeffrey Loria, o cualquier otro, venda el equipo.

Asimismo, rechazó una enmienda de Heyman que hubiera fortalecido la promesa de los Marlins de mantener $20 millones en una cuenta para los costos no contemplados en el presupuesto.

Barreiro preguntó en varias ocasiones a David Samson, presidente de los Marlins, si los términos ofrecidos en una enmienda eran aceptables. Cada vez que Samson dijo que no, Barreiro concordó.

Justo antes de la votación, Barreiro tuvo literalmente la última palabra, aduciendo que el estadio revivirá a La Pequeña Habana y beneficiará a la comunidad en general.

"Eso creará empleos inmediatamente'', dijo.

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